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Publicado el 18 junio, 2021

Jorge G. Guzmán: ¿Un quinto océano?

Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis Dr. Jorge G. Guzmán

La declaración suscrita por nuestra diplomacia, unida a la idea de un “Southern Ocean” impulsada por National Geographic, deben preocuparnos.

Dr. Jorge G. Guzmán Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis
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Mientras el Canciller chileno suscribía una declaración conjunta con sus colegas de España y Argentina para promocionar un régimen internacional de áreas marinas protegidas en la Antártica (incluido nuestro territorio marítimo polar al sur del paralelo 60º sur), la semana pasada otro de los promotores de esa idea, la ONG norteamericana National Geographic, anunciaba su concepto de “Southern Ocean” o “quinto océano de la tierra”.

Como lo ilustra la imagen, en su representación cartográfica dicho “quinto océano” -en rojo- (que complementa la propuesta de los cancilleres chileno, argentino y español) corresponde con el espacio oceánico que, en la tradición antártica chilena, desde el siglo XVI se denomina Mar Austral. Esto es importante.

Sucede que desde esa época el Mar Austral está constituido por toda la masa de agua que circunda la región polar austral al sur de la latitud del Estrecho de Magallanes y es, por lo mismo, un aspecto esencial de la doctrina que afirma que, mientras Chile es una sola continuidad geográfica e hidrográfica, el límite sur de la República es el Polo Sur. En términos geo-históricos este es un elemento esencial de la rationale del Decreto Antártico de 1940 (ocurre que recién en el 1912 se pudo verificar que el sector del Polo Antártico no era parte de dicho Mar Austral).

En términos oceanográficos el “diseño” de National Geographic tampoco corresponde ni con la extensión de la Corriente Circumpolar Antártica (que fluye en el sentido de los punteros del reloj y se extiende mucho más al norte que la “convergencia antártica”), ni con la Corriente Costera de la Antártica (que más al sur fluye en sentido contrario).

La explicación de National Geographic (que para difundir su diseño, cuenta con medios impresos, canales de televisión y una extensa plataforma de redes sociales) es que se trata de un “concepto periodístico” para llamar la atención sobre “la existencia” de un “quinto océano de la tierra”. Según esa ONG, tal idea es instrumental para que la comunidad internacional “tome conciencia” de la importancia que dicho espacio marítimo tiene en el ámbito del cambio climático.

Si bien este es un propósito loable, desde una perspectiva geoestratégica conviene reparar que el empequeñecido “quinto océano” de National Geographic propone, además, una división arbitraria de los océanos Indico, Atlántico y Pacífico (en el último caso, en el meridiano del Cabo de Hornos).

Así, por su oportunidad y sus “alcances educativos”, la declaración suscrita por nuestra diplomacia, asociada a la “socialización” del “quinto océano” de National Geographic, deben preocuparnos.

Es sabido que, entre otros extensos territorios submarinos, en 2009, en el Mar Austral Circumpolar, Argentina reclamó en una extensa “medialuna” de plataforma continental “más allá de las 200 millas” que -a la vez que ignorar derechos ipso jure de Chile- unilateralmente prolongó el límite binacional para reafirmar al sur del Cabo de Hornos el denominado “principio bioceánico” (razón de fondo de la crisis bilateral de 1977-1984).

Con su división arbitraria entre los océanos Pacífico y Atlántico, el “concepto periodístico” de “Southern Ocean” de National Geographic, que refuerza esa invención geopolítica contraria al interés de Chile, ya está en proceso de plena difusión.

Mientras tanto, en el sector de la supuesta división entre el Pacífico y el Atlántico más allá de lo pactado en el Tratado de Paz y Amistad de 1984, sigue estando ausente una acción afirmativa del gobierno chileno para, conforme con el Derecho Internacional, precisar la extensión de la plataforma continental hasta y más allá de las 200 millas de las islas del Cabo de Hornos y Diego Ramírez. Solo esto evitará que la cartografía de la ONG norteamericana y el sentido abiertamente internacionalista de la declaración de los cancilleres contribuyan a relativizar nuestra soberanía austral.

Nuestra política exterior no termina de aceptar que, como ocurre al menos desde 1914, en esa enorme región oceánica nuestro vecino intenta imponer su “interpretación política” reñida con la verdad hidrográfica, geológica y ambiental: a saber, que “no existe separación ninguna” en el meridiano del Cabo de Hornos.

En la realidad el sector chileno del Mar Austral Circumpolar está conformado por la fusión entre la citada corriente circumpolar y una corriente marina que, en sentido norte-sur, fluye a lo largo de nuestras Patagonia y la Tierra del Fuego. Amén de la presencia milenaria de nuestros pueblos originarios, desde los siglos XVII, XVIII y XIX Chile puede documentar una presencia permanente en esos espacios.

Toda vez que la ley no fija al Territorio Chileno Antártico un límite norte (Ley 21.225 Art. 2), junto con el Mar Austral Chileno (sector americano del Mar Austral Circumpolar), el sector americano del “quinto océano” y su área adyacente hacia el norte son componentes de nuestra continuidad geográfica e hidrográfica. El moderno Derecho del Mar confirma esta conclusión.

La carencia de concepto estratégico y de visión de conjunto del escenario austral recurrente en el análisis chileno, explica nuestra propensión a las declaraciones internacionalistas que se abstraen de el mencionado hecho fundamental: los territorios chilenos al norte y al sur del paralelo 60º sur constituyen una sola unidad geográfica e hidrográfica.

Esa misma carencia explica nuestra pasividad ante arremetidas internacionalistas como la de National Geographic, que en su “pedagogía” resultan instrumentales para una tesis pseudocientífica de alcances geopolíticos incompatibles con la lógica geográfica, científica y jurídica del Chile polar y austral.

La diplomacia chilena tiene ante sí una oportunidad para regresar a la lógica y a la tradición del Decreto Antártico de 1940 que, entendemos, ahora está recogida en la letra y en el espíritu de la nueva Ley Antártica.

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