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Publicado el 28 de junio, 2020

Jorge G. Guzmán: Plataforma continental Magallanes-Antártica: Hora de cambiar

Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis Dr. Jorge G. Guzmán

Es necesario reconocer que los equipos hasta ahora responsables del problema  fracasaron. La nota diplomática de mayo último sintetiza (como pocas veces en la historia de las fronteras de Chile) una grave falta de visión de conjunto.

Dr. Jorge G. Guzmán Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis

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En abril de 2016, frente a la celebración de la administración Macri por la supuesta “validación por parte de Naciones Unidas” de los límites de los territorios submarinos argentinos “con la humanidad” (más allá de las 200 millas), el canciller chileno de la época aseguró que las pretensiones de dicho país tenían “implicancia ninguna” sobre el territorio nacional. Sin “diferencia ninguna”, bajo esta expresión esa autoridad incluyó tanto al Territorio Chileno Antártico como a un semicírculo de algo más de 9.000 kilómetros cuadrados de plataforma continental situado al sureste del Archipiélago de Diego Ramírez, que hace algo más de un mes la Cancillería chilena observó por Nota diplomática.

Refiriéndose a la Antártica Chilena, también en 2016, otra autoridad de la Cancillería afirmó que “ese bloque del continente blanco no es ni chileno (¡!), ni argentino, ni del Reino Unido, ni ningún país reconoce que alguna de esas tres naciones, que tienen reclamaciones en esta área, sean dueños de ese espacio” (La Prensa Austral de Punta Arenas, 19 de abril 2016; Clarín de Buenos Aires, 20 de abril 2016). Si las afirmaciones de este último funcionario revelan un grave desconocimiento de la normativa básica del Sistema del Tratado Antártico, la afirmación del ex canciller resulta más preocupante: afirmar que el complejo reclamo territorial argentino, hecho al amparo de un tratado internacional del que Chile es Parte (Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar) tiene “implicancia ninguna” ilustra una gravísima miopía conceptual.

Para nosotros en la Región de Magallanes y Antártica Chilena, esa limitante es la responsable de la inacción que, por más de diez años, permitió la consolidación de un reclamo territorial argentino sobre territorios submarinos de inestimable valor estratégico para la continuidad geográfica hacia lo que el Decreto Antártico de 1940 definió como “Territorio Antártico Chileno“. Ese Decreto histórico resume una tradición en cuya implementación, durante la última década, nuestra política exterior ha hecho gala de un borroso contenido geográfico, una escuálida musculatura científica, y una limitadísima “memoria histórica”.

Por el contrario, a partir de 2009, la diplomacia científica argentina utilizó la Convención del Mar para reformular legalmente dos aspiraciones geopolíticas “irredentas”: la disputa territorial con el Reino Unido en el Atlántico Sur, y la disputa con Chile por la continuidad geográfica hacia el Mar Austral Circumpolar, la Antártica y el Polo Sur. Utilizando una metodología científica validada entre 2012 y 2016, Argentina vinculó ambos aspectos.

Algunos pasos dados por el ministro Teodoro Ribera abrigan algunas luces de esperanza de que Chile podrá enmendar el rumbo y, sin perder más tiempo, abordará la cuestión de fondo pendiente. No obstante, para que “sin dilación ninguna” Chile entregue a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental los datos y la cartografía con los límites exteriores de la plataforma continental magallánico-antártica,  tres comentarios resultan pertinentes:

Primero, en esta materia el interlocutor no es Argentina: es la Comisión de Límites de la Plataforma Continental. El que Chile haga uso de su derecho a delimitar su plataforma continental extendida en el Mar Austral Circumpolar y la Antártica no debe, al menos en la coyuntura, afectar la relación vecinal.

Segundo, es necesario reconocer que los equipos hasta ahora responsables del problema  fracasaron. La nota diplomática de mayo último sintetiza (como pocas veces en la historia de las fronteras de Chile) una grave falta de visión de conjunto. Por ello, a todas luces resulta imprescindible articular un “grupo de tarea” distinto, separado y específico para el problema en la Zona Austral. Esta distinción es además conveniente por razones geo-científicas: la plataforma continental magallánica presenta características geológicas y geomorfológicas distintas a aquella al Noroeste de la triple unión de la Península de Taitao. En Magallanes contamos con todas las capacidades científicas para garantizar que la presentación de los datos geo-científicos y cartografía de los límites de nuestros territorios submarinos serán exactamente aquellos que ofrece el Derecho del Mar, y exige el interés superior de Chile.

Tercero, una presentación chilena debe incluir tanto los espacios situados al sur de la latitud 60 sur (cubiertos por la normativa del Sistema del Tratado Antártico), como aquellos situados al norte de esa coordenada, especialmente los espacios adyacentes al Punto F del Tratado de Paz y Amistad de 1984, proyectados desde las Islas Diego Ramírez (hasta y mas allá las 200 millas marinas).

Como explicamos en una reciente carta abierta al Canciller Ribera, en la tarea de defender y preservar el interés permanente de la República, en Punta Arenas continuamos atentos  a cooperar.

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