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Publicado el 27 de febrero, 2019

Jorge Acosta: Venezuela: Una crisis, cuatro dimensiones

Director Ejecutivo Instituto Res Publica Jorge Acosta

Si el 10,6% de la población de un país debe emigrar por la crisis que vive, ya no existen excusas ideológicas para no hacer frente al problema.

Jorge Acosta Director Ejecutivo Instituto Res Publica
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La noticia mundialmente comentada sobre la entrevista frustrada del periodista de Univisión, Jorge Ramos, a Nicolás Maduro causó un remezón adicional en la deteriorada imagen del régimen chavista. Todo en la historia resulta estremecedor. Si bien es verdad que Ramos es reconocido como un profesional incisivo que ha logrado irritar a diversos líderes mundiales con sus preguntas sin rodeos, lo sucedido en el Palacio de Miraflores excede cualquier experiencia anterior. De hecho, el propio entrevistador reconoce que partió la conversación consultando a Maduro si prefería que lo llamara Presidente o Dictador. Como si anticipara que tendría que prepararse para un final aún más intenso.

En ese contexto, en un ambiente caldeado, no era de extrañar que el autoritarismo inherente a este tipo de regímenes se expresara en todo su esplendor cuando el mexicano le mostró un video que retrataba de cuerpo entero la crisis en la que está sumido el pueblo de Venezuela: se observaba en pocos minutos cómo un grupo de jóvenes, delgadísimos y hambrientos, asediaban un camión de basura para intentar rescatar algunas sobras que les permitieran sobrevivir un día más. Tanta fue la ira que generó en Maduro, que no sólo terminó intempestivamente la entrevista, sino que ordenó confiscar todos los aparatos electrónicos y el material audiovisual del equipo completo, además de someterlos a una detención arbitraria de varias horas. Sin duda, con la intención de amedrentarlos.

Resulta fácil comprender que confrontar de esa manera a un tirano genere un nivel de exasperación que derive en acciones como las relatadas. Pero bien valió la pena la experiencia de Jorge Ramos, especialmente la registrada en las calles de Caracas, para mostrar al mundo una imagen que permite aquilatar todas las dimensiones de una crisis tan profunda que a veces cuesta comprender.

Existen al menos cuatro niveles, absolutamente complementarios e interdependientes, en la crisis que vive Venezuela.

En primer lugar, existe una dimensión política que, si bien se venía gestando desde hace décadas con el horadamiento democrático impulsado por Chávez (contra la libertad de prensa, la propiedad privada, el control de varios poderes del Estado y la politización de las fuerzas  armadas), fue en 2017 cuando verdaderamente se instaura la dictadura de Maduro, luego de decretado el cierre de la opositora y democráticamente electa Asamblea Nacional, para dar paso a una espuria Asamblea Constituyente que centralizaba todo el poder en el chavismo.

Una segunda dimensión de la crisis es la económica. Venezuela pasó de ser una de las economías más prósperas de América Latina a una de las más desaventajadas, incluso a pesar de estar erigida sobre millones de metros cúbicos de oro negro. Pasó a ser el país con la mayor inflación del mundo, contada en varios “millones” por ciento. Y aunque Maduro se ufana por subir el sueldo mínimo cada pocas semanas, éste no alcanza ni para comprar medio kilo de queso (si es que se encuentra) en el supermercado.

El tercer aspecto es el social. La pobreza en el país caribeño alcanza un increíble 91% de la población. En la capital, al menos el 40% de los hogares están en campamentos parecidos a “favelas”, así como el abastecimiento regular de agua potable pasó de estar en 92% a menos de un tercio de las casas. Muchos han tenido que recurrir a tratar ellos mismos las aguas servidas, con el consecuente aumento de enfermedades. Asimismo, la criminalidad ha crecido tanto que Caracas se ha transformado en la segunda ciudad más peligrosa del mundo, con más de 110 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Por último, como consecuencia de todos los niveles anteriores, se encuentra la resultante dimensión humanitaria. Como es sabido, la situación es tan crítica que en promedio la baja de peso de la mayoría de la población ha sido estimada en 11 de kilos. En temas sanitarios, en los últimos meses más de 1.500 personas han muerto por falta de insumos médicos.

Cuando son más de 3,4 millones de ciudadanos venezolanos los que, según cifras de la agencia de la ONU para los refugiados, han tenido que migrar forzosamente por las paupérrimas condiciones de vida en las que se encuentran luego de dos décadas del implementación de Socialismo del Siglo XXI, claramente el problema se transforma en un drama regional e incluso planetario. Si el 10,6% de la población de un país debe emigrar por la crisis que vive, ya no existen excusas ideológicas para no hacer frente al problema.

Es por esto, que el video de unos muchachos comiendo a la siga de un camión de basura es impactante. Sobre todo cuando no se logra comprender la envergadura de la crisis generada por el chavismo. Sin lugar a dudas, este testimonio sirve para que muchos de los que aún no se convencen de estar al lado correcto de la historia, lo piensen una vez más antes de seguir defendiendo a la dictadura, cuyo único éxito ha sido someter a su pueblo a uno de los más grandes experimentos ideológicos de la izquierda en América Latina y que ha sido capaz de llevar hasta la humillación a un país que pide a gritos una salida pronta de la miseria que se no merece ningún ser humano.

FOTO: DANIEL HERNÁNDEZ / AGENCIAUNO

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