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Publicado el 31 de julio, 2019

John Henríquez: ¿40 horas o adaptabilidad?

Abogado, LyD John Henríquez

La Comisión de Productividad nos advierte que desde el 2000 la productividad comenzó una preocupante desaceleración, siendo su contribución al crecimiento promedio anual en los últimos 15 años de tan sólo un 0,1%. Para mejorar en productividad debemos continuamente buscar áreas de mejora. Tarea no menor puesto que, en el largo plazo, son los aumentos en productividad los que generan aumentos importantes en el PIB per cápita.

John Henríquez Abogado, LyD
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 En una polémica sesión, diputados de oposición de la Comisión de Trabajo de la Cámara aprobaron en general una moción parlamentaria cuyo objeto es reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. No obstante que se trata de una iniciativa evidentemente inadmisible por implicar gasto público, la pregunta que surge es: ¿perseveramos con esta moción o más bien optamos por la propuesta del gobierno?

¿Es cierto que en Chile se trabajan muchas horas? Si nos comparamos con países como Alemania y Dinamarca la respuesta es afirmativa, pero si nos medimos con nuestros pares en la región, la situación es diferente, existiendo varios países que tienen jornadas más extensas que la nuestra. Chile, gracias a su desarrollo en las últimas décadas, ha comenzado una gradual reducción de su jornada laboral. Desde el punto de vista legal, la jornada semanal se redujo de 48 a 45 horas el 2005. Respecto a las horas efectivas de trabajo, cifras del Banco Central nos indican que las horas anuales trabajadas han descendido -entre 1996 y 2017- en un promedio de 0,8% anual, tendencia ratificada por la OIT.

¿Por qué, entonces, tenemos países en los que se trabaja menos y se reciben mejores remuneraciones? No se trata, lamentablemente, de la buena voluntad de sus políticos, sino que de un tema olvidado por la moción: la productividad. Al respecto, la Comisión de Productividad nos advierte que, desde el 2000, la productividad comenzó una preocupante desaceleración, siendo su contribución al crecimiento promedio anual en los últimos 15 años de tan sólo un 0,1%. Para mejorar en productividad debemos continuamente buscar áreas de mejora. Tarea no menor puesto que, en el largo plazo, son los aumentos en productividad los que generan aumentos importantes en el PIB per cápita.

En dicho contexto, existe consenso sobre la inconveniencia de la rigidez de nuestra normativa en materia de jornada de trabajo. En un informe publicado este año, el Banco Mundial abordó el envejecimiento en Chile y nos sugirió -para aumentar la empleabilidad de los adultos mayores- impulsar reformas legales que permitan una mayor flexibilidad para fijar la jornada.

El proyecto presidencial, a diferencia de la moción, avanza decididamente en promover una mayor flexibilidad, buscando aumentar la productividad y satisfacción de los empleados. Al efecto, la posibilidad de pactar jornadas mensuales o semanales, la oportunidad para acordar jornadas semanales de 4 días de trabajo y 3 de descanso, la creación de un banco de horas extraordinarias que permite obtener vacaciones adicionales, entre otras medidas, están en sintonía con lo que recomienda la literatura y anhelan los trabajadores. Asimismo, se trata de una iniciativa más robusta no sólo porque evita externalidades negativas en las remuneraciones y en la tasa de desempleo, sino porque aborda más integralmente el desafío conciliar el trabajo con la vida familiar.

Los problemas de productividad no serán resueltos mágicamente por la moción, que por cierto confunde correlación con causalidad y realiza comparaciones poco afortunadas. Se debe, para bien de nuestro mercado laboral, avanzar en adaptabilidad laboral y abordar, por todas las vías disponibles, el desafío de la productividad.

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