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Publicado el 26 enero, 2021

Javiera Corvalán: “O de todas esas cuestiones”

Abogada UC, académica Facultad de Derecho U.Finis Terrae Javiera Corvalán Azpiazu

Si hay un asunto de la mayor importancia a la hora de discutir sobre la legalización del aborto es, precisamente, la pregunta por el inicio de la vida.

Javiera Corvalán Azpiazu Abogada UC, académica Facultad de Derecho U.Finis Terrae
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La semana pasada fui invitada a exponer a la Comisión de Mujeres y Equidad de Género de la Cámara de Diputados, a propósito de la discusión inicial del proyecto de ley que “despenaliza” el aborto hasta las 14 semanas de gestación.

Durante la sesión (que según protocolo vigente, fue grabada y subida a YouTube) hubo varias irregularidades que deben ser denunciadas y examinadas con rigurosidad. Sin embargo, no me detendré esta vez en todas ellas con la extensión que merecen. No analizaré, por ejemplo la clarísima y vergonzosa diferencia de trato que recibimos las cuatro expositoras, según nuestra posición sobre la materia. Tampoco me detendré en criticar largamente los burdos intentos de censura que hicieron las diputadas Cariola, Orsini, Fernández y Yeomans. Respecto de este segundo hecho, me limitaré a mencionar que las referidas parlamentarias exigieron que, durante la sesión, al niño por nacer no se le llamara “hijo” o “hija”, ni tampoco “niño”, “guagua” o “persona”. Basaron esa prohibición en una supuesta “legislación clara” que estaría actualmente vigente, cuyos artículos no se tomaron la molestia de citar (quizás porque –oh, sorpresa– no existen). Por nuestra parte, la invitada Fabiola Torres y yo refutamos con argumentos dicha falacia, aunque en un espacio muy breve de tiempo; la respuesta más completa está en una intervención que hizo la ONG Comunidad y Justicia en Twitter el mismo día de la sesión, miércoles 20 de enero, texto que invito a consultar (@ONG_CyJ).

En estas líneas, en cambio, quiero centrarme principalmente en una curiosa intervención de la diputada Loreto Carvajal (PPD, en la foto), que ha pasado prácticamente desapercibida. La señora  Carvajal, cuya exhortación puede encontrarse aquí, sostiene, refiriéndose a mi exposición y a la de la señorita Torres, que “Se pretende desvirtuar el contenido y, sobre todo, el propósito de esta discusión: (…) ni tampoco hay que hablar de cuándo comienza la vida, o de todas esas cuestiones”.

A quien vea el video le llamará la atención que la diputada del PPD ni se arruga mientras afirma lo que afirma: la discusión sobre el aborto, esto es, la discusión sobre si es o no legítimo acabar con un embarazo por la vía de eliminar al ser en gestación, según ella, no tendría absolutamente nada que ver con la discusión sobre cuándo comienza la vida o sobre “todas esas cuestiones” (“todas esas tonteras”, le faltó decir).

Como parecerá evidente a muchos, la diputada Carvajal está equivocada. Si hay un asunto de la mayor importancia a la hora de discutir sobre la legalización del aborto es, precisamente, la pregunta por el inicio de la vida. Por supuesto, una vez hecha y respondida esa pregunta, hemos de sumar muchas otras: si esa incipiente vida es o no vida humana, si esa vida humana es o no la de un ser humano, si ese ser humano es o no una persona, si esa persona tiene o no derecho a la vida, si su derecho a la vida debe o no quedar supeditado al derecho de la madre a autodeterminarse, etc. Y, por cierto, hemos también de preguntarnos cuáles son las causas más profundas que subyacen al drama del aborto y cuáles son las herramientas políticas más humanas y eficaces para prevenirlo (esto, solo en caso de que las respuestas a las primeras preguntas nos lleven a concluir que el aborto es, efectivamente, un drama y no un simple procedimiento químico o quirúrgico como cualquier otro).

La mayoría de ellas son preguntas difíciles, por cierto. Pero esa dificultad no nos autoriza a ahorrarnos la reflexión: no nos autoriza a resignarnos frente a la tiránica “prohibición de preguntar”, esa religión que hace un buen tiempo viene sumando fanáticos. Lo peor y más deshonesto que podemos hacer es renunciar a estas interrogantes, sobre todo a la primera (sobre el inicio de la vida), por ser ella de la cual arrancan el resto de las preguntas relevantes para efectos de tomar una posición ética, jurídica y política respecto del aborto.

Ojalá no tengamos que volver a sufrir espectáculos tan lamentables como el que tuvo lugar en la referida sesión de la Comisión de Mujeres y Equidad de Género. Ese “diálogo” que se dio en la Cámara de Diputados dista mucho de cumplir con los estándares que exige una deliberación pública mínimamente civilizada, seria y honesta, sobre un asunto de la mayor trascendencia para el bien común de nuestro país.

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