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Publicado el 29 de enero, 2020

Javier Silva: Un museo sobre el Holocausto

Gestor de Desarrollo y Proyectos de Ciudadano Austral Javier Silva

En estos días se cumplieron 75 años de la liberación de Auschwitz, pero son muchas las situaciones que aún no están cerradas del todo. En la actualidad incluso el nazismo se ha vestido de nuevos ropajes y coquetea con algunos liberales que no entienden lo inmoral que es tener ideas nacionalistas y proteccionistas.

Javier Silva Gestor de Desarrollo y Proyectos de Ciudadano Austral
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Cracovia es de esas ciudades donde el catolicismo de sus habitantes se siente en cada esquina, a diferencia de la Europa Occidental donde las iglesias son simples museos y puntos turísticos. En esta ciudad en particular, pero en Polonia en general, es muy distinto. En cada iglesia se pueden ver personas de todas las edades rezando o confesándose. Esta fue la ciudad donde Karol Wojtyła pasó gran parte de su vida; se le recuerda en calles, en estatuas, museos. Todo evoca al Papa que luchó por la libertad de su país y se opuso al totalitarismo.

En la famosa calle Florianska comienzo mi recorrido con un objetivo: encontrar un ticket para visitar Auschwitz. Camino desde la Puerta Florian en dirección a la Plaza del Mercado. Una infinidad de agencias de turismo ofrecen sus servicios a distintos lugares, pero esta vez quiero ir al campo de concentración nazi, quizás para entender un poco mejor lo que Daniel Goldhagen explica o bien lo que el profesor Enrique Brahm desarrolló en su libro “Hitler y la Segunda Guerra Mundial”. Finalmente encuentro un cupo para visitar Awschwitz-Birkenau a la mañana siguiente.

A diferencia de los latinoamericanos, los polacos son puntuales. El furgón que me llevará al museo de Auschwitz pasa a recogerme a la hora indicada, las 09:30 am en la calle Bosacka. Afuera la temperatura no sobrepasa los cero grados Celsius, es pleno invierno, hay que ser valiente para aventurarse como turista en este clima. Son 70 kilómetros los que separan a Cracovia de Auschwitz; llevo unos chocolates para disfrutar el viaje, pero no puedo hacerlo. No puedo dejar de pensar en lo que encontraré en mi destino; no voy a cualquier museo, no es un lugar donde haya una puesta en escena del pasado. Auschwitz-Birkenau fue un complejo usado por los nazis para exterminar principalmente al pueblo judío.

El recorrido comienza por ese tristemente célebre portón donde en alemán se lee “arbeit macht frei”, “el trabajo te hace libre”. Irónica frase para un lugar en donde la esperanza de vida de las personas detenidas era tres meses. Se entra a lugares donde no está permitido tomar fotos, cientos de kilos de telas fabricadas con pelo humano, acopio de las latas de gases letales ocupados en las cámaras, cámaras donde aún se pueden ver los rasguños de quienes se aferraban a la vida. También se visitan las barracas donde vivían los detenidos, en condiciones infrahumanas, por supuesto.

El museo y el complejo Auschwitz-Birkenau es un espacio para hacernos reflexionar de lo que fuimos capaces de hacer como humanidad. El historiador Paul Johnson lo grafica perfectamente: el pueblo mejor educado de Europa, el alemán, fue capaz de exterminar a millones de individuos inocentes e intentó someter a otros cuantos más. Pareciera que educar no basta, es preciso explicar lo inmoral que es tratar al ser humano como medio para fines de otros.

No quedan palabras después de visitar este campo de concentración nazi; tal vez todo ya está dicho o nada aún puede describir lo que se vivió en este lugar. En la fecha en que visité el museo en Polonia se discutía la polémica ley que sancionaría con cárcel a quienes se refirieran a Auschwitz como “campo de concentración polaco”. Los tomadores de decisiones sienten que Polonia también fue víctima del nazismo, y vaya que lo fue.

En estos días se cumplieron 75 años de la liberación de este campo de concentración, pero son muchas las situaciones que aún no están cerradas del todo. Solo una cosa queda clara, y lo dijo un chileno, Gabriel González Videla: “No a los totalitarismos, ya sean estos rojos, pardos o amarillos…”. Pero, lamentablemente, en la actualidad incluso el nazismo se ha vestido de nuevos ropajes y coquetea con algunos liberales que no entienden lo inmoral que es tener ideas nacionalistas y proteccionistas.

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