“No podría ir a un mitin político de algún opositor, eso me dejaría automáticamente fuera de la universidad», testimonios como estos se pueden escuchar entre la población rusa al momento de preguntarles sobre los candidatos opositores en el marco de las elecciones legislativas que tendrán lugar en el país euroasiático este domingo 19 de septiembre.

La realidad política de Rusia es así, el temor a decir una opinión política cruza a todos los sectores de la sociedad, y muy pocos se atreven a criticar a la actual casta dirigente. En las últimas dos décadas, Vladimir Putin ha gobernado con mano de hierro, construyendo alrededor de su figura un aparataje institucional que lo mantendrá blindado, según él espera, hasta el año 2036.

Putin es un hábil político que pudo adaptarse exitosamente al nuevo orden mundial post colapso de la Unión Soviética. Pasó de ser un agente de la ex KGB en una oficina de menor importancia en la Alemania comunista, a acomodarse como sucesor de Boris Yeltsin en el año 2000, para consolidar posteriormente un régimen autoritario de partido único, mucho más eficiente -si es que se puede usar ese calificativo- de lo que fue la URSS en el siglo pasado.

Rusia Unida es el nombre del partido creado por el dictador ruso para cobijar a los candidatos y la plataforma para mostrarle al mundo libre que en la Rusia postsoviética hay una sana democracia de partidos, a la usanza liberal que estamos acostumbrados en estas latitudes. Los resultados del domingo están más que claros, no se necesitan encuestas -está de más decir que casi no existen consultoras que se dediquen a este rubro de manera independiente en el país- por lo que ya es posible aventurarse que el partido pro Kremlin se llevará más de tres cuartos de los votos y la misma cantidad de escaños o más, si se suman los votos de otros partidos permitidos que también son afines al régimen.

Por momentos pareciera que hablar de política rusa sea monótono; los resultados se saben de antemano, el régimen continuará con su estrategia de intervención e injerencia en occidente, incluso en nuestro país, pero ese es tema para otra columna porque material hay y de sobra. Pero tiene cosas dramáticas e interesantes, a veces, también burdas y jocosas.

Partamos por estas últimas.

El ataque de los clones

Boris Lazarevich Vishnevsky es un reconocido disidente peterburgués que se presenta a la elección legislativa por San Petersburgo pero que, como buen opositor a la línea oficial del Kremlin, ha recibido  un fuerte ataque, nada menos que de sus “clones”. Este político pertenece al partido Yabloko, de corte centro izquierdista, que comparte con el Partido Liberal de Chile espacio en la Internacional Liberal.

La historia es que Boris Lazarevich Vishnevsky no será el único “Boris Vishnevsky” que aparecerá en la papeleta del domingo, lo acompañarán Victor Bykov y Alexei Shmelev, candidatos pro Kremlin que se cambiaron sus respectivos nombres hace algunas semanas atrás y ahora se llaman “Boris Vishnevsky”; tienen tanto entusiasmo que incluso han modificado sus barbas y cortes de pelo para parecerse al original Boris Vishnevsky.

Los votantes de San Petersburgo la tendrán difícil: tres candidatos con la misma fisonomía y con el mismo nombre y apellido, dos de ellos pro Putin, el otro es opositor.

Esta situación no solo está pasando en San Petersburgo, también en Belogorsk hay tres Natalia Mijailova, en la misma proporción, dos oficialistas versus la original que pertenece a un partido más o menos opositor a Rusia Unida: el Partido Liberal Democrático.

Las movidas del Kremlin para dejar a un lado a sus opositores -por instantes- tiene cosas chistosas, otras veces se comportan como una verdadera mafia.

El factor Navalny y el voto inteligente

La prensa occidental ha catalogado a Alexei Navalny como el líder de la oposición rusa. Este político intentó llegar a la alcaldía de Moscú en 2013 donde obtuvo el 27% de los votos, pero se hizo mundialmente famoso en agosto de 2020 cuando fue envenenado por agentes de Putin -según informó la inteligencia alemana- en un vuelo de Tomsk (Siberia) a Moscú. Pudo recibir tratamiento en Alemania, donde se recuperó y regresó a Rusia en enero de 2021 donde fue encarcelado inmediatamente.

Rusia es un país con una triste tradición respecto a presos políticos, desde la época zarista pasando por el Gulag, llegando hasta la actualidad, por eso es que no sorprenden las declaraciones de  Navalny al New York Times hace pocos días atrás cuando aprovechó la entrevista para relatar su vida como preso político en la Rusia de Putin.

El castigo físico y casi romántico que contara Dostoievsky en “Memorias en la Casa de Los Muertos” o “Un día en la vida de Iván Denísovich” de Solzhenitsyn son mucho más fuertes e impactantes que las del político ruso, pero no por eso menos graves, como sesiones de cine y de propaganda de ocho horas al día, tortura psicológica, privación de sueño y otros mecanismos sutiles. Navalny es un torturado en pleno siglo XXI.

¿Por qué el Kremlin le teme a Navalny al punto de intentar su asesinato? El Kremlin y Putin no le temen a él, le temen a la libertad y a los valores que él encarna. Putin se muestra a occidente con múltiples caras, a veces conservador, con su discurso pro familia y la inclusión de Dios en la Constitución; otras veces es un nostálgico soviético; pero en el fondo es el líder de un régimen autoritario de partido único que no tolera la libertad en ninguna de sus dimensiones.

Por su parte Navalny, a pesar de ver en riesgo su vida, continúa en la lucha por la libertad y muy al tanto de las nuevas tendencias, hace un par de años creó una app llamada “Voto Inteligente”, que no es más que la versión rusa de la expresión chilensis “voto útil”.

El sistema Voto Inteligente surge porque en dicho país no hay encuestadoras independientes, las personas no se atreven a ir a mitines políticos ni tampoco la prensa da cobertura a los aspirantes a cargos públicos que estén fuera de la línea oficial del Kremlin, todos estos factores hacen que sea muy difícil saber quién es el candidato no oficialista con las mejores opciones para ganar. Ahí aparece  esta app que le indica a las personas por quién deben votar si es que desean sacar por fin del poder al eterno Rusia Unida.

La web se financia con donaciones en bitcoin, por lo que quien ame la libertad y quiera apoyar a tener una Rusia libre puede ingresar y donar para mantener el funcionamiento del sistema.

Pero mientras “Voto Inteligente” intenta abrirse paso, el Kremlin no se queda atrás, convocando a influencers de las redes sociales para que hagan cobertura del despliegue de los ministros, Instagram es un buen lugar donde se pasean los ministros acompañados de las figuras famosas del momento.

Con este panorama, está claro que el futuro sigue siendo sombrío para Rusia: Opositores perseguidos y encarcelados, partidos fachadas encargados de consolidar el poder autocrático del Presidente, elecciones fraudulentas, etc; todo eso hace prever que los comicios del domingo traerán resultados ya conocidos. La libertad en Rusia seguirá esperando y solo será mencionada entre susurros.

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