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Publicado el 11 de octubre, 2019

Jaime Pinto Kaliski: Venezuela: Un escenario de perspectivas multipolar

Doctor en Ciencia Política Jaime Pinto Kaliski

En un entorno cada vez más multipolar, todos los actores, por ínfimos que parezcan a simple vista, tienen su relevancia en la configuración del orden internacional.

 

Jaime Pinto Kaliski Doctor en Ciencia Política
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El mundo post Guerra Fría dio paso a un breve instante en donde los Estados Unidos tuvieron su apogeo indiscutido en la escena internacional, y sus ideólogos se vanagloriaban del triunfo de la democracia y del libre mercado a costa de la debacle soviética. Es el «fin de la historia», decretaron sus intelectuales, y el inicio de una nueva era de prosperidad liderada desde Washington. Ese delirio colectivo en Occidente duró muy poco tiempo; de hecho, tan poco que es calificado de momento unipolar porque precisamente fue sólo eso, un momento.

Hoy nos encontramos frente a otro fenómeno, que con sus múltiples manifestaciones nos señalan el arribo de otra época, una que siguió al mundo post Guerra Fría. Sin duda no fue la caída de las Torres Gemelas la causante del declive norteamericano, sino las propias acciones posteriores de Washington que complejizaron su situación. La guerra unilateral de Irak conllevó a que la primera potencia mundial cayera en un pozo de nuevos problemas autoinflingidos, desestabilizando no sólo al Medio Oriente, sino que su propia influencia global. Visionarios en Occidente, como el recientemente fallecido Jacques Chirac, no fueron escuchados en su oportunidad en desmedro del orden construido después de la Segunda Guerra Mundial y que fue momentáneamente reforzado desde 1991, con el triunfo del «mundo libre».

Pero desde las cenizas del mundo soviético la burocracia que llevaba consigo todo el aprendizaje de décadas, la KGB, produce al actual líder de la Federación de Rusia y, con ello, el retorno paulatino a una pugna geopolítica entre occidentales y rusos que está extendiéndose a otras potencias a medida que se suman nuevos actores de peso en el sistema internacional: China, Irán, Turquía, India, Brasil, RPDC, etc. Ciertamente el exacerbado triunfalismo occidental de los noventa con sus erradas políticas, como la extensión apresurada e inconsulta de la OTAN en Europa, contribuyeron a la profundización de las diferencias entre los países involucrados, coadyuvando a su vez al establecimiento de políticas exteriores disímiles y contrapuestas entre sí.

Es poco probable que con la sola salida de su líder este régimen se desvanezca intempestivamente, ya que existe toda una organización detrás que ha configurado al país desde los inicios del gobierno de Chávez.

Todo aquello era visto comúnmente desde la academia en Suramérica como un fenómeno externo, como si el juego entre las potencias tradicionales no implicara repercusión importante para esta región que destacaba por su relativa calma y sostenido desarrollo, con el auge de los commodities de principios de este siglo y gobiernos democráticos en su gran mayoría. Sin embargo, este nuevo fenómeno, en donde al declive relativo estadounidense se le suma la ascensión de nuevos actores, es de carácter global, y no se restringe solamente a las zonas más disputadas del orbe. Si no se entiende esto, menos se comprenderá lo que está aconteciendo en Suramérica.

La crisis venezolana tiene la particularidad de que es la manifestación más evidente de este fenómeno en nuestra región, aunque la contingencia suele perturbar las evidencias sobre este delicado asunto. Inclusive no faltan los asesores del gobierno norteamericano que aún piensan que Maduro pudiera tener un destino similar al de Noriega de Panamá, ocurrencia por cierto extemporánea y ajena a la realidad sudamericana, ya que en esta región no se conocen intervenciones de ese tipo ni se corresponde con la situación de Venezuela.

Dicha situación es de por sí compleja porque en ese país se manifiesta este fenómeno, cuya expresión internacional es la aparición de diversos polos que persiguen sus propios intereses muchas veces contradictorios entre sí. Para Brasilia, Bogotá o Lima, lo que sucede allí es una crisis política, económica y social de envergadura que desestabiliza a la región. Para Moscú, Beijing o Ankara, es el derecho que tiene un aliado de reafirmarse en la arena internacional sin interferencias foráneas. Para Washington, es un serio problema que requiere del estudio de todas las opciones posibles puesto que altera el histórico orden panamericano. En resumen, dependiendo de la capital existirán perspectivas distintivas para abordar la misma problemática, y este es precisamente el resultado esperado del fenómeno multipolar.

Es notable cómo la diplomacia cubana ha operado en la región para llevar a cabo su política exterior con total serenidad.

Por otra parte, es común la referencia al gobierno de Maduro, como si los problemas internos derivasen de la sola mente del gobernante venezolano. No es así. Lo que existe en Venezuela es un régimen que durante veinte años ha instaurado lo que los chavistas denominan su Revolución Bolivariana, la cual ha consolidado su establecimiento con las técnicas y los servicios prestados por su hermana Revolución Cubana. Es decir, es poco probable que con la sola salida de su líder este régimen se desvanezca intempestivamente, ya que existe toda una organización detrás que ha configurado al país desde los inicios del gobierno de Chávez. En efecto, después del fallido intento de golpe de 2002, se refuerza la presencia cubana con sus «misiones», programas sociales en diversas áreas, pero también se interviene a las fuerzas armadas venezolanas de forma ideológica, con penetración cubana en las escuelas de formación, comunicaciones, inteligencia, etc.

Entonces la resistencia a dejar el Palacio de Miraflores no se debe a la mera obstinación de un individuo en particular, sino que representa la inquebrantable voluntad de un régimen para no renunciar gratuitamente a su proyecto político, el cual tiene connotación fundacional por la propia naturaleza de su devenir histórico. Con el firme apoyo de La Habana, en Venezuela se ha instalado un régimen al estilo cubano que persigue los objetivos trazados desde sus orígenes. Desde la perspectiva chavista toda la mega crisis actual en el país petrolero es culpa del «imperialismo», o sea, exógena a la fundamentación del régimen, lo que garantiza otorgarle desde Caracas un carácter coyuntural no atribuible a los suyos ni menos al legado del comandante Chávez.

Desde la perspectiva cubana, sus sesenta años de revolución se coronan con la extensión de su influencia en América del Sur, implantándose su personal calificado (por miles) en la médula de un régimen que ha asimilado sus enseñanzas y sigue procurando de sus servicios. Lo que fueron incapaces de lograr durante la Guerra Fría lo están alcanzando en esta naciente multipolaridad, con su exitosa inserción en un país geopolíticamente clave del hemisferio.

Es notable cómo la diplomacia cubana ha operado en la región para llevar a cabo su política exterior con total serenidad y que, al parecer, sólo los estadounidenses se hayan percatado de este actuar de La Habana e impuesto sanciones. De hecho, como sede de los acuerdos de paz de Colombia los cubanos se presentan a sí mismos como portadores de la estabilidad regional. Inclusive hay quienes se preguntan si tiene sentido que en Cuba celebren su agonizante revolución, como si fuese un tema ya casi superado; el excéntrico legado del mundo bipolar en América Latina circunscrito a una isla cerca de Miami. Craso error.

La formidable resiliencia del régimen cubano no puede ser menospreciada ni menos subestimada con la crisis venezolana en pleno desarrollo. En un entorno cada vez más multipolar todos los actores, por ínfimos que parezcan a simple vista, tienen su relevancia en la configuración del orden internacional. Si se falla en el diagnóstico, mal se podrán determinar los pasos a seguir en el caso de esta crisis que ya está desestabilizando la región en múltiples frentes, con el agravante de que absolutamente nada nos indica a priori que vaya a haber alguna plausible solución en el corto plazo.

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