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Publicado el 10 mayo, 2021

Jaime Pinto: El inexorable ocaso del Grupo de Lima

Cientista político Jaime Pinto Kaliski

Cuando la cancillería argentina señala que las acciones que ha impulsado el Grupo “no han conducido a nada”, no hace otra cosa que constatar una evidencia empírica.

 

Jaime Pinto Kaliski Cientista político
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En materia internacional se suelen dilatar los procesos diplomáticos, muchas veces por la inercia de los actores que prefieren el statu quo ante los problemas de difícil solución. Sobre todo si la percepción es que esos problemas no son los “nuestros”. Pero he ahí el mayor dilema de Suramérica hoy: el de no reconocer que la crisis venezolana no es un problema meramente interno, ni colombiano, ni sólo brasileño, sino que es un asunto de la mayor importancia para la propia estabilidad regional.

En la zona de la frontera colombo-venezolana están aconteciendo varios fenómenos que están empeorando la situación política. Al crimen organizado tradicional se le suma hoy el enfrentamiento de fuerzas militares chavistas en contra de facciones de la disidencia de las guerrillas colombianas. Es decir, el chavismo lucha hoy por controlar su propio territorio, y ha movilizado gran contingente militar y policial para intentar estabilizar la situación. Por el lado colombiano de la frontera, se amontonan los refugiados que huyen de la inseguridad crónica, y Colombia nuevamente debe hacerse cargo de la grave situación humanitaria.

Pero este no es un problema únicamente colombiano, ya que el recrudecimiento de la violencia interna en Colombia podría ser una señal de que el país ya está pagando los costos de la crisis venezolana; y si el proceso de paz con las FARC se estanca o se pone en serio cuestionamiento, entonces sus consecuencias se irradiarán necesariamente al resto de la región.

En este contexto es que se debe felicitar al gobierno de Alberto Fernández en su decisión de retirarse del Grupo de Lima. No hay nada peor en las relaciones internacionales que pretender que algo funciona, y hacer como si todo siguiese igual ante la realidad de los hechos. Y los porfiados hechos demuestran que el gobierno de Maduro goza de buena salud, la oposición venezolana sigue fracturada y el liderazgo de Juan Guaidó ya está muy diluido. Cuando la cancillería argentina señala que las acciones que ha impulsado el Grupo “no han conducido a nada”, no hace otra cosa que constatar una evidencia empírica. Y es imposible confrontar al chavismo mediante artilugios artificiosos que lo único que han causado es la profundización del régimen y su impacto externo.

El Grupo de Lima partió de un mal diagnóstico: que Maduro tenía sus días contados, y entonces bastaba con apoyar al líder de una oposición interna unificada y bien organizada. En la práctica, lo único para lo que ha servido este Grupo es para que los latinoamericanos se desentiendan de la gravedad del problema y, mediante pomposas declaraciones, intenten remediar su falta de voluntad de involucrarse en esta crisis que ya no sólo es venezolana, sino que colombiana también.

El gobierno argentino hace la simple constatación de la inutilidad de la estrategia emprendida por este Grupo, y con su retiro formal en marzo, lo sepulta definitivamente. Esta decisión no pasó por la presunta afinidad de Fernández con Maduro, así como el peronismo no sintoniza en lo absoluto con el chavismo. El peronismo es una histórica corriente política que se entrecruza en el eje izquierda/derecha de la Argentina, y que ni siquiera en su versión más izquierdista con los Kirchner puede ser de algún modo homologable con la ideología chavista, por la simple razón de que la raíz del peronismo no proviene precisamente del marxismo al estilo cubano.

El Grupo de Lima podría seguir empecinándose en sacar sus comunicados, pero sólo servirían para fomentar la propaganda de victimización del régimen. Y con ello, seguir ganando la simpatía de una ultraizquierda ávida de seguir los pasos de Maduro. En el Perú hay una segunda vuelta presidencial pendiente entre dos candidatos que definirán el futuro del país; dependerá de los peruanos definir si quieren seguir o no los pasos del chavismo, con sus potenciales consecuencias. Ahora bien, por la propia dinámica de la sociedad peruana, el triunfo de un candidato afín a Maduro no implica necesariamente que pueda replicarse el caso venezolano, pero una cosa sí es cierta en América del Sur: el chavismo sigue creciendo en influencia e injerencia política.

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