Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 01 de septiembre, 2019

Jaime Jankelevich: ¡Y tú también, justicia!

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

La detención en Conchalí por el OS-7 del juez Gonzalo Figueroa, portando 4,3 gramos de cocaína, es una muy mala noticia. Dos cosas llaman la atención: que fuera detenido el 12 de agosto, pero que recién se supiera el día 28, y que haya podido volver a ejercer la magistratura, porque la droga era para autoconsumo.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

La cocaína es una droga altamente adictiva, que genera efectos indeseados a nivel cerebral. Al verse expuesto en forma reiterada a esta substancia, el cerebro comienza a adaptarse a la misma, con lo cual el consumidor puede generar tolerancia; es decir que cada vez necesitará una dosis mayor o deberá ingerirla con mayor frecuencia para obtener el mismo efecto que cuando recién se inició en su consumo.

Al reiterarse el uso y en dosis cada vez mayores, puede conducir a un estado de irritabilidad, inquietud y paranoia, y también puede causar episodios de psicosis, donde se pierde el sentido de la realidad y se sufren alucinaciones. Las adicciones son una enfermedad, que no solo afectan al adicto, sino que a todos quienes lo rodean, y alteran los ámbitos espiritual, mental, emocional y físico del paciente.

Si el juez Figueroa es un adicto, como se podría desprender de los 4.3 g que portaba, debería estar en rehabilitación y no ejerciendo justicia, porque más allá que la cocaína encontrada era para su propio consumo, cabría preguntarse en qué estado mental se encuentra cuando tiene que fallar en un juicio. Porque podría estar eufórico, ansioso por abstinencia, irritable, paranoico, deseoso de salir a ingerir o con algún efecto inesperado. La gravedad de lo dicho radica en que perfectamente podría estar ejerciendo justicia bajo el efecto de la droga, lo que es altamente riesgoso e injusto para quienes esperan una sentencia de acuerdo a derecho, y no al arbitrio del estado mental en que se pueda encontrar un juez con adicción a la cocaína al momento de fallar.

Por todo lo expuesto, es del todo incomprensible que la Corte Suprema no haya suspendido de inmediato de sus funciones al juez Figueroa y éste haya podido seguir ejerciendo sus labores. Si bien está actualmente con licencia médica, al término de la misma debería considerarse su retiro definitivo del poder judicial, por incompatibilidad entre consumir cocaína y ejercer justicia.

Fuera de estos considerandos, es un peligro latente la penetración e influencia que podría estar ejerciendo el narcotráfico en la justicia. No es difícil imaginar que pasaría si un juez es consumidor de cocaína y se enfrentara al dilema de tener que fallar en un caso en que estuviera involucrado su dealer, con lo cual el poder que éste podría ejercer para obtener una sentencia absolutoria es total.

Otro tema de gran preocupación es que después del episodio del juez Figueroa, se dio a conocer por la Corte Suprema la existencia de 54 casos de consumo de drogas de personal del poder judicial. Sería interesante saber también que determinación se tomó con estas personas y si siguen o no ejerciendo las funciones que tenían asignadas.

Ya conocemos el caso que afecta al PS y ahora a la justicia. Si no se actúa con el máximo de rigor para extirpar el flagelo del narcotráfico y de la influencia de las drogas en los poderes del estado, nuestra democracia podría verse seriamente amenazada o comprometida y vernos envueltos en circunstancias que después podríamos lamentar.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más