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Publicado el 20 de octubre, 2019

Jaime Jankelevich: Un tsunami de ira inundó Santiago

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

Son demasiadas las casualidades para creer que este es un fenómeno espontáneo. Averiguarlo es pega para la ANI. Finalmente me pregunto, ¿dónde está la autoridad para imponer con determinación, coraje y a tiempo el imperio de la ley para poner fin a esta ola de violencia?

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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Observar lo sucedido en Santiago esta semana que termina es como si una matriz de ira y odio contra lo establecido se hubiese roto y su contenido fluyera por las calles, inundando de violencia y confusión todo lo que encontraba a su paso, sin poder ser detenida ni contrarrestada por la fuerza de su caudal.

No cabe pensar otra cosa cuando, con indignación y pena a la vez, se empieza a tomar conciencia de los daños infligidos al metro de Santiago por turbas de vándalos, que sin ninguna conciencia de las consecuencias de sus hechos procedieron a incendiar y destrozar la infraestructura de estaciones, tirar pantallas contra los rieles para producir cortocircuitos e impedir que circulen los trenes; a destruir los torniquetes, vidrios de las mamparas, escaleras y andenes, dejando a su paso una destrucción semejante al de un tsunami que no respeta nada y destruye todo al penetrar tierras adentro.

Y todo esto partió con un acto causado por verdaderos criminales al interior del Instituto Nacional, donde encapuchados lanzaron bombas molotov para iniciar un incendio en la inspectoría del colegio y enseguida vertieron bencina sobre las llamas para incrementar el fuego, lo que terminó causando un siniestro que hubo de ser contenido por los bomberos. ¿Sus autores? Dos mal llamados estudiantes de tercero medio del establecimiento y un tercero externo, todo lo cual registraron en un video que viralizaron por las redes sociales.

Después de provocar ese incendio, y producto de un llamado a través de un sitio de memes de estudiantes del Instituto Nacional, a concurrir al metro a una determinada hora, comenzó el festín de evasión de jóvenes y adultos que lo que hacen es robar, porque eso es la evasión, con lo cual se gatillan todos los actos que a continuación comienzan a ocurrir orquestadamente en decenas de estaciones del metro. El resto es historia conocida.

Analizando lo ocurrido, surgen demasiadas preguntas. La primera es ¿quiénes son los titiriteros que manejan estas marionetas vestidas de ira? Digo lo anterior porque estos actos de violencia en el Instituto, que se han venido repitiendo hace ya tiempo, no son espontáneos. Los violentistas vienen preparados desde sus hogares, con overoles blancos, máscaras, bencina, acelerante, encendedores y, lo más grave, con el apoyo ya sea de sus padres, de los adultos de los cuales dependen o del o los grupos que los manipulan para provocar caos y anarquía.

Segundo, ¿será solo coincidencia que justo después que el Gobierno tuviera la mejor semana de lo que va del año, cuando la oposición fracasó en su intento de defenestrar a la Ministra Cubillos, se produjera esta violencia? Tercero, ¿no será que al escuchar a Beatriz Sanchez y a otros miembros del FA y el PC justificar lo que ellos llamaron desobediencia civil, como legítima arma de protesta que debe ser respetada en democracia, salieran los jinetes del apocalipsis a hacer de las suyas por sentirse avalados por dichas declaraciones?

Creo que todo esto obedece a una acción política, con gente detrás que la organiza, financia y planifica. Son demasiadas las casualidades para creer que este es un fenómeno espontáneo. Averiguarlo es pega para la ANI. Finalmente me pregunto, ¿dónde está la autoridad para imponer con determinación, coraje y a tiempo el imperio de la ley para poner fin a esta ola de violencia? Para eso no tengo respuesta.

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