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Publicado el 23 mayo, 2021

Jaime Jankelevich: Reflexiones para entender lo sucedido

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

Ha pasado ya una semana desde las elecciones y más allá de las lamentaciones y opiniones pesimistas que se escuchan, es indispensable dar vuelta la página. El resultado no se puede cambiar, pero lo que sí se debe hacer es trabajar desde ya para ganar las elecciones presidenciales y parlamentarias, y para eso es importante entender las causas de lo ocurrido.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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El resultado electoral del domingo pasado sin duda fue una dura lección para todos los partidos políticos tradicionales sin excepción. Izquierda y derecha por igual vieron pasar por encima de sus cabezas un tsunami de “independientes” que no vieron venir, lo que demostró la existencia de una especie de analfabetismo funcional de carácter político, pues, presumiendo los partidos ser los representantes de las distintas demandas existentes en la población, el resultado demostró que no entendieron ni supieron interpretar como la izquierda radical estaba manipulando dichas demandas.

La sorpresa fue mayúscula y las consecuencias que se puedan derivar de este resultado son aún impredecibles. Hasta ahora los análisis que se hacen son solo elucubraciones basadas en las opiniones expresadas durante la campaña y también por parte de quienes resultaron electos, especialmente de aquellos elegidos por las listas de la izquierda radical.

En resumen, hoy tenemos más preguntas que respuestas sobre el futuro esperable, y falta mucho camino por recorrer para dilucidarlas.  No obstante, es fundamental entender qué hubo detrás de ese resultado, para poder plantearnos acciones y alternativas que permitan enfrentar exitosamente las elecciones presidencial y parlamentaria, cuyos resultados decidirán finalmente el futuro de Chile.

Para eso, estimo necesario poner el actual escenario en contexto. Todo comenzó el 18-O, cuando el alza en el Metro provocó la disrupción total del orden público y la explosión de violentas protestas, que la izquierda radical aprovechó para levantar el símbolo de una gesta insurreccional contra el modelo: “No son $30, son 30 años”. Enseguida pidió la renuncia del Presidente y casi logra defenestrarlo constitucionalmente.

A esas protestas se unió la gran marcha pacífica, donde salieron miles de personas a expresar diversas demandas de todo tipo, desde no + AFP, mejores pensiones, mejor salud, mejor educación, vivienda para todos, derecho al aborto libre, derechos sociales, hasta las luchas emancipadoras del feminismo, de la comunidad LGTB, de los pueblos originarios, y un largo etcétera, como si todas respondieran a una misma solución.

Lo que pasó se explica entendiendo la estrategia de la izquierda radical. Lo que busca ese bloque (FA-PC) es alcanzar la hegemonía política, lo que se lograría mediante la radicalización democrática; es decir, creando la mayor cantidad y variedad de conflictos sociales posibles, expresados como demandas insatisfechas, no relacionadas entre sí, pero coordinando y articulando su accionar político, a través de la emocionalidad que los une, cual es, el malestar por la falta de soluciones no brindadas por un “enemigo” común: el modelo imperante y la democracia liberal.

Eso mismo explica la diversidad de pensamiento entre los constituyentes electos por la Lista del Pueblo y otras de izquierda. Estudiando sus posiciones, no aparece un hilo conductor común en sus demandas de cambio, sino “conflictos” muy heterogéneos, como el tema del agua; el no dialogar con la derecha; limitar la propiedad privada, una sola salud; educación estatal, feminismo, ecologismo, y un largo etcétera.

El propósito final de la izquierda radical es la destrucción del modelo “neoliberal” y de la democracia liberal, ejerciendo el populismo, dividiendo a la sociedad entre buenos y malos, lo que les facilita conducir el arcoíris del descontento en forma coordinada, y apelando a la emocionalidad que genera conexión entre los más variados grupos insatisfechos.

Lo que se requiere entonces es mucha inteligencia para demostrar la maniquea utilización política de las demandas sociales por parte de la izquierda y la manipulación emocional de la gente como instrumento para alcanzar la hegemonía. Además, gestión política de alto nivel para proponer soluciones reales, que le hagan sentido a la gente y las aleje del utópico populismo radical.

Dura tarea para los candidatos presidenciales de Chile Vamos, pero si la hacen bien, merecerán la atención ciudadana.

Chile así lo espera.

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