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Publicado el 22 de septiembre, 2019

Jaime Jankelevich: Reflexiones dieciocheras

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

Aprovechando una semana en que celebramos nuestras fiestas patrias, qué mejor que escaparnos de la coyuntura, para reflexionar sobre el Chile de hoy, de cómo nos afecta a cada chileno el estado actual de la política y qué podemos hacer como ciudadanos, para ayudar a que nuestro país llegue a ser desarrollado algún día.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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Chile, nuestro país, lo tiene… casi todo. Una geografía en que conviven el desierto con los hielos australes; una tierra fértil y agradecida cuando la tratan bien; recursos mineros de categoría mundial; una larguísima costa rica en peces, energía potencial y agua en abundancia esperando ser desalinizada; energía solar privilegiada; agua dulce que botamos al mar, naturaleza espectacular; clima generoso, somos libres de animales peligrosos e insectos ponzoñosos y un largo etcétera.

Ahí están nuestros recursos, nuestros activos naturales, nuestro territorio rico en abundancia, para permitirnos ser un país con desarrollo sustentable. Pero a pesar de toda esta riqueza potencial, no hemos logrado derrotar la pobreza ni tampoco la trampa del ingreso medio, quedándonos hasta ahora atrapados en la medianía de la tabla, en un conformismo paralizante, porque pareciera ser que así estamos bien y no necesitamos ya más nada.

En los últimos 40 años, en Chile se introdujeron reformas trascendentales que nos llevaron a lograr el nivel actual de ingresos y a ser considerados un verdadero milagro económico. Eso fue producto de la alta calidad de las decisiones políticas que se tomaron, cuando imperaban el diálogo y los consensos. Qué lejos de lo que ocurre hoy.

Ya no existe la mística aquella que llevó a Chile a abrir su economía y firmar acuerdos comerciales con medio mundo, y a exportar hasta la arena del desierto. Eso se acabó y ahora que requerimos un nuevo impulso, para llegar finalmente al desarrollo, la política no está a la altura.  

Pareciera ser que nos cansamos, porque no seguimos avanzando. No hemos modernizado el Estado; no hemos introducido nuevas reformas y estamos entrampados en una mediocre gestión política. Ya no somos ni nos creemos los jaguares de América Latina. Estamos funcionando al son de los slogans, de las redes sociales y al ritmo de las encuestas, enredados en una verdadera guerrilla política oposición-gobierno, que termina siendo una lucha estéril de suma cero, porque nadie gana, sino que Chile entero pierde.

Cuando la tecnología está invadiéndolo todo y reemplazando personas por sistemas, como lo vemos en los peajes, supermercados, aeropuertos, automóviles y asistentes digitales; cuando la IA está expandiéndose cada día en más actividades; cuando la robótica es imparable; cuando aún tenemos dos millones de pobres, cuando la calidad de la educación aún es paupérrima y la salud, la seguridad  y el transporte son absolutamente deficitarios, para la política no existe preocupación más importante que las elecciones de 2020 y 2021.

Pasemos entonces de la pasividad a la acción. Escribámosles a los parlamentarios a sus correos en el Congreso, exigiéndoles terminar con el bloqueo legislativo y la polarización política y se ocupen de solucionar los verdaderos problemas de Chile. Que vuelvan a dialogar y llegar a consensos, donde imperen el sentido común y los intereses superiores del país y no los de los partidos. Es la única manera que tenemos para progresar y llegar a ser un país desarrollado humana y económicamente. Si no lo hacemos ahora, mañana puede ser demasiado tarde.

Llegó la hora de actuar. Chile nos está diciendo… a Ud. lo necesito.

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