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Publicado el 27 de octubre, 2019

Jaime Jankelevich: Nuestro deber es normalizar el país

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

Ha pasado ya más de una semana desde que comenzó la crisis que tiene al país semi paralizado. Las causas y sus responsables ya lo analizaremos, pero lo que hoy debemos hacer es reaccionar con decisión y energía para normalizar nuestro país. Arremanguémonos las mangas, volvamos a trabajar, a producir y que los estudiantes vuelvan a estudiar.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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Quienes vivimos los años de la UP, recordamos con claridad cómo la izquierda de esa época destruyó económica y socialmente el país, después de lo cual solo el gran esfuerzo y trabajo duro de más de 40 años de millones de nosotros, pudimos sacar adelante nuestro querido Chile.

Hoy, nuevamente, desde la izquierda más radical, donde se mezclan el Foro de Sao Paulo y el socialismo chavista, con Maduro a la cabeza -como lo destacó la OEA, la Cancillería Argentina y el propio dictador venezolano- están intentando arrebatarnos el país, para lo cual utilizaron profesionalmente la violencia, destruyendo el transporte y el abastecimiento, y se gatilló la salida a la calle de miles de personas a protestar. Esto no fue espontáneo como se cree. Esto fue planificado, organizado, financiado y ejecutado con perfección por quienes están involucrados en esta verdadera asonada, cuyo fin último era la renuncia del Presidente Piñera y eliminar el modelo de desarrollo de Chile.

Debo confesar que lo sucedido me afectó profundamente. Me desmotivó, me arrebató la energía y me hizo pensar que después de más de 40 años de enorme esfuerzo y duro trabajo para recuperar el país de las cenizas del legado de Allende, estábamos volviendo a fojas cero. Que todo el enorme desarrollo alcanzado fue inútil, porque parecía estar todo mal y que había que cambiarlo todo.

En las calles se protestaba por el abuso de los empresarios y yo pensaba que también estoy cansado de muchos abusos: los de una mayoría parlamentaria que niega la sal y el agua; el de los 3000 falsos exonerados que mantenemos con nuestros impuestos; el de las discrecionalidades del Estado, que lamentablemente abundan; el de trabajadores que inundan de licencias falsas el sistema por enfermedad inexistente o  por un falso reflujo de los recién nacidos; el de los que evaden el pago del Transantiago, que el Metro subsidia;  el de las huelgas ilegales de empleados públicos que nos perjudican a todos; el de los profesores que no permiten ser evaluados; el de la justicia garantista que protege más a los victimarios que a las víctimas, el de la impunidad de encapuchados y delincuentes, y  de un muy largo etcétera de abusos, de los que somos testigos y también víctimas.

Pero sin embargo, ningún abuso justifica la violencia criminal que vimos, ni tampoco paralizar el país.

Desanimado estuve hasta el miércoles, día en que reaccioné, al ver como aquellos que se dicen defensores del pueblo y que llamaron a la desobediencia civil, léase PC y FA, fueron los únicos diputados que votaron en contra de disminuir el número de parlamentarios y bajar por ende el gasto público del Congreso. Esa cínica inconsecuencia de la izquierda más radical, me rebela, por lo que me atrevo a apelar a todos los chilenos de buena voluntad, que somos la mayoría, a reaccionar activamente, a arremangarse las mangas, volver al trabajo y a producir; a generar más y mejores empleos, a motivar a todos los colaboradores a sumarse a esta nueva cruzada por normalizar el país e impedir con eso, que nos lo arrebaten quienes dicen ser los defensores del pueblo y que cuando toman el poder, someten a ese mismo pueblo a las peores miserias, mientras abusan del poder.

Seguir en las calles protestando, no va a mejorar nada. Legislar bajo presión con el propósito de calmar los ánimos, pero sin pensar las consecuencias de mediano y largo plazo de lo que se apruebe, puede ser funesto. Solo con trabajo duro y con la unidad de todos los chilenos de bien, podremos construir un futuro mejor. Estando en las calles paralizando el país y causando daño, solo sirve para destruir y dilatar aún más, el bienestar de nuestra Nación.

Derrotemos la violencia, el odio, el vandalismo, la destrucción. Llegó la hora de volver a trabajar, a estudiar, a producir y a unirnos todos detrás del gobierno, para normalizar nuestro querido país.

¡Viva Chile!

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