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Publicado el 14 de octubre, 2018

Jaime Jankelevich: Miente, miente, que algo queda

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

El miércoles 10 de octubre fue el lanzamiento del libro del ex Ministro Mauricio Rojas, “94 horas, crónica de una infamia”. Escuchar al autor describir cómo el PC orquestó una verdadera jauría de persecutores para destruirlo, usando para ello las peores armas asociadas a la mentira, nos obliga a reaccionar como sociedad.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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Si queremos vivir en una sociedad en que la decencia sea la norma de nuestra convivencia nacional, no podemos ignorar ni menos aún tolerar lo que el PC y una comparsa de seguidores inventaron para intentar destruir a un ser humano, utilizando sin escrúpulos para alcanzar su propósito, la mentira, la calumnia, el oprobio, la difamación, la injuria, la intolerancia, cual jauría en la jungla detrás de una presa.

 

Y no solo recurrieron a estos argumentos para perseguir a Mauricio Rojas, sino que también distorsionaron discrecionalmente su pensamiento, mutilaron sus declaraciones y lo denostaron como persona, al acusarlo de ser un mal hijo. Todo esto porque la izquierda y el PC, en primer lugar, vieron la oportunidad de vengarse del ex Ministro, por el hecho de haberse convertido en un liberal… por ser un converso… y eso no se olvida ni perdona.

 

Y no se olvida ni perdona porque Mauricio Rojas ha denunciado y advertido hace muchos años ya del peligro totalitario de la ideología marxista, porque la conoció por dentro, cuando militó en el MIR. Y tampoco le perdonan que pretenda lograr que la izquierda reconozca la responsabilidad que les corresponde en la destrucción de nuestra convivencia cívica y de nuestra democracia. Eso jamás lo podrán tolerar.

 

Estos son los hechos. Lo acusaron de negacionista, de no haber pertenecido al MIR y por ende ser él un montaje, de ser un hijo que abandonó a su madre, de ser agente de la CNI y de ser racista. Una acusación detrás de la otra, coordinadamente, cual convoy de la venganza, en solo 94 horas. Todo esto es falso, es infamante, es vejatorio. Y como si hubiera sido poco, siguieron después con las amenazas de no participar en actos en que estuviera él como Ministro. En definitiva, lo lincharon en la plaza pública.

 

¿Debemos como sociedad tolerar este tipo de acciones, destinadas a destruir a una persona, sin importar los medios que se usen, con el único fin de lograr dicho propósito? ¿Y si hoy aceptamos esto, no podrían mañana usar herramientas de deep fake, o cualquier otra, para destrozar reputaciones, imágenes, o terminar con la credibilidad de un personaje que pueda resultarles incómodo o simplemente una amenaza a sus intereses?

 

Mauricio Rojas es víctima del más grande fraude comunicacional de los últimos tiempos destinado a destruir su integridad como persona, su decencia, su imagen de intelectual, su credibilidad y su absoluta condena a las violaciones de los derechos humanos.

 

La orquestada concertación destinada a destruir la figura de Mauricio Rojas es inaceptable. Porque todos los que actuaron contra él, sabían perfectamente bien lo que estaban haciendo. Sabían que lo que inventaron lo haría caer del podio ministerial y que finalmente lograrían la tan esperada venganza. No solo eso, con esto le causaban problemas al gobierno. Lo sabían y lo hicieron intencionalmente, de mala fe.

 

No bastando todo esto, hasta hoy hay periodistas que se atreven a decir que es un despechado por haber escrito el libro y que se victimizó. Siendo falso esto también, lo cierto es que él es una víctima. Es víctima del más grande fraude comunicacional de los últimos tiempos destinado a destruir su integridad como persona, su decencia, su imagen de intelectual, su credibilidad y su absoluta condena a las violaciones de los DDHH aquí y en cualquier régimen en cualquier país del mundo donde sucedan.

 

En lugar de criticarlo por su testimonio en este su último libro, debemos agradecerle por advertirnos de lo que son capaces de hacer el PC y sus socios. Hoy lo hicieron con él, mañana puede ser con cualquiera que se interponga con sus intereses o combata sus ideas, sin ningún problema. Total, miente, miente, que algo queda.

 

Como ciudadano que deseo que en nuestro país se recupere la sana convivencia entre todos los chilenos, acciones como las emprendidas contra Mauricio Rojas y mañana contra cualquier otro deben merecer el más amplio repudio de toda la sociedad, porque la infamia como arma política, social o simplemente como arma de vindicta pública, es repudiable e inaceptable en una sociedad democrática como la nuestra. Que nos sirva de advertencia para estar alertas frente a operaciones de esta naturaleza, a fin de rechazarlas y desenmascararlas, porque aceptar que el fin justifica los medios es el comienzo del fin.

 

FOTO: RODRIGO VILCHES / EL LIBERO

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