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Publicado el 14 de abril, 2019

Jaime Jankelevich: Los invito a soñar un Chile desarrollado

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

Después de estar una semana en Boston, participando en el ChileMass Innovation Day y visitar universidades, empresas y organizaciones de apoyo, logramos conocer un extraordinario ecosistema de innovación, que, en base a tres pilares fundamentales, permite que se logren desarrollar las ideas que están cambiando el mundo en que vivimos.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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Una expedición de El Líbero en que participamos del ChileMass Innovation Day nos permitió comprobar cómo, en función de tres pilares fundamentales, Boston ha logrado desarrollar un ambiente dedicado a la innovación, en donde fluyen las ideas, el talento y todo el soporte que se requiere para que dicho talento vea realizados sus proyectos.

El primer pilar, crítico para el éxito del sistema, es la colaboración. En este ecosistema interactúan la academia, las empresas, el estado de Massachussets y la ciudadanía en general, todos colaborando en aportar conocimiento, infraestructura, capital de riesgo, y el apoyo necesario para que las nuevas iniciativas se concreten, aceleren su crecimiento y finalmente sean casos de éxito.

El segundo pilar es la innovación propiamente tal, siendo ésta el motor del ecosistema. La innovación está presente en todas partes, donde participan académicos, empresarios, jóvenes estudiantes con sus ideas, y organismos que les brindan todo para que experimenten, desarrollen prototipos y evolucionen sus conceptos hasta alcanzar el éxito.

Y el tercer pilar, incrustado en el ADN del quehacer de esta comunidad, es el sentido de misión, lo que pudimos observar en los distintos lugares que visitamos y compartimos. Para ellos la innovación no solo implica desarrollar una empresa con un sentido económico, sino que se plantean la misión de generar nuevas y mejores soluciones, para resolver problemas que están presentes en la sociedad y que brinden la oportunidad de vivir en un mundo mejor.

Por supuesto que además de todo esto se necesitan recursos, los que en Boston llegan a montos increíbles. Uno de los lugares más preciados es la llamada Kendall Square, considerada como la milla cuadrada más innovadora de todo el planeta, en referencia a la alta concentración de startups y la calidad de la innovación que ha emergido allí desde 2010. Este lugar tiene disponible US$14Bn de capital de riesgo para invertir.

De áreas como esta nacen nuevas energías limpias, cultivos en lugares cerrados, sensores que permiten detectar anticipadamente la posibilidad de una avalancha, aludes e incluso inundaciones; casas inteligentes de pocos metros en que se transforma un dormitorio en cocina, en escritorio, en closet, en función de las necesidades de sus habitantes; turbinas de viento para zonas de bajas velocidades, e incluso los prototipos de las viviendas que habitarán Marte.

Si en Chile nos decidiéramos a pasar de una cultura de la desconfianza a una colaborativa, se implementaran leyes que incentivara las donaciones y se desarrollara el sentido de misión en la academia, los emprendedores y sus auspiciadores, nuestro país podría dar un salto cuantitativo al desarrollo, en base a la innovación.

En Boston esto está probado; en Chile deberíamos intentarlo. Los invito a soñar.

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