Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 06 de enero, 2019

Jaime Jankelevich: La tardía y mala explicación de Boric

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

Tanto en el caso del video donde se ríe y encuentra buena la polera con la cara del senador Guzmán atravesado por una bala en la cabeza, como en la visita a Ricardo Palma Salamanca en París, las excusas no pasan de ser meras explicaciones políticamente correctas. Al no saber a cuál Gabriel Boric hay que creer, ambas actuaciones merecen el máximo repudio, denotando además una falta de prudencia y de criterio que inquietan por provenir de quien es un legislador.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

¿Cuál es el verdadero Gabriel Boric? ¿El que ríe y encuentra buena la polera que le regaló Juanjo Feijoo, conocido como Juaniya, al término de la entrevista que le hace en su canal YouTube El Disco, o el que hoy, después de 19 meses, dice que lo tomaron por sorpresa, que fue un error lo que hizo, y que él condena el asesinato del Senador Jaime Guzmán?

Es difícil creer en su tardía y mala explicación, por varias razones. La primera, es que dicho programa ocurrió en junio de 2017 y si se dio cuenta que había cometido un error, porque según él lo habían tomado por sorpresa, ¿qué le impidió solicitarle a su entrevistador que esa parte del programa se eliminara, por no compartir la simbología de la polera?

En segundo lugar, de ser cierto que después, recapacitando, se dio cuenta que había cometido un error al mofarse y estimó que no estaba bien aceptar tan alegremente la polera, ¿por qué no hizo público el episodio a su debido tiempo, o por qué no lo comunicó privadamente a los parlamentarios de la UDI, quienes son los más indignados por ello, señalando que estuvo mal lo que pasó y que no era su intención mofarse ni menos encontrar buena la polera?  Y no lo hizo.

Aceptando que no cometieron falta a la legalidad, lo que olvidaron ambos es que hay acciones que pueden estar dentro de lo que la ley no impide, pero las mismas no cumplen con los mínimos estándares éticos.

En tercer lugar, después de lo ocurrido en el Congreso el jueves recién pasado, en que no pudo hablar porque no le correspondía, pero al salir de la sesión, junto a sus correligionarios del FA que lo acompañaron en sus declaraciones, salen atacando a la derecha en lugar de ofrecer disculpas como se le solicitó en la sesión de la Cámara. ¿Eso hace un arrepentido?

Pero la incredulidad no termina con estas interrogantes, porque no podemos olvidar que Gabriel Boric visitó a Ricardo Palma Salamanca, al hacer escala en Paris, aprovechando un viaje oficial. Lo hizo en compañía de la diputada Orsini, quien, al igual que Boric, no se presentaron el jueves pasado ante la Comisión de Ética de la Cámara por estimar que no habían cometido ninguna trasgresión legal.

Aceptando que no cometieron falta a la legalidad, lo que olvidaron ambos es que hay acciones que pueden estar dentro de lo que la ley no impide, pero las mismas no cumplen con los mínimos estándares éticos. Y en este caso, visitar a un prófugo de la justicia que fue condenado a cadena perpetua por participar en el asesinato del senador Jame Guzmán y por el rapto de Cristián Edwards atenta contra la mínima ética y decencia que un caso así requiere.

Si no increpó ni criticó a Palma Salamanca por el asesinato en democracia de un senador de la República ni por sus actividades dedicadas al plagio, entonces, ¿a qué fue a verlo en París?

Boric y Orsini estaban en un viaje oficial, representando al Congreso nacional, por ende, al país. Y resulta que Chile estaba en ese mismo momento, solicitando la extradición de Palma Salamanca. Si la visita hubiera pasado desapercibida, que imagino era la intención de ambos diputados, al país no le habría ocasionado daño en su intención de extraditar al frentista. Pero fue el propio Palma quien la dio a conocer, porque la usó para demostrar que miembros del Congreso lo visitaron, creándole al país una inconfortable situación.

La pregunta que surge entonces es: ¿qué pretendía Boric, acompañado por Orsini, al ir a visitar a este personaje que, además de asesino, se dedicó a secuestrar gente, por plata? ¿Qué querría saber de boca del frentista? Porque no lo increpó ni lo criticó por el asesinato en democracia de un senador de la República, y tampoco por sus actividades dedicadas al plagio. Entonces, ¿a qué fue?

Tanto en el caso del video donde se ríe y encuentra buena la polera con la cara del senador Guzmán atravesado por una bala en la cabeza, como en la visita a Palma Salamanca, las tardías excusas no pasan de ser meras explicaciones políticamente correctas. El problema es que, al no saber a cuál Gabriel Boric hay que creer, ambas actuaciones merecen el máximo repudio, denotando además una falta de prudencia y de criterio que inquietan por provenir de quien es un legislador, y con pretensiones mayores que ser solo un diputado más.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: