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Publicado el 26 de mayo, 2019

Jaime Jankelevich: La política como está, no sirve

La velocidad del cambio que está sucediendo en el mundo con la irrupción de nuevas tecnologías, la economía colaborativa, las disrupciones que causan los nuevos paradigmas, etc., requieren de una clase política que esté pensando hoy en cómo nos afectarán. Lamentablemente, no es nuestro caso.

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La política es sin duda demasiado relevante para desconocer el impacto que tiene en nuestro devenir. Lo importante es que sus actores tengan la visión suficiente para darse cuenta hacia donde se dirige el mundo y lo que habría que hacer hoy para que el país no se quede atrapado en el pasado, y sus habitantes puedan acceder a un futuro próspero y con posibilidades ciertas de bienestar.

Lamentablemente, en nuestro país, la política hoy en día está lejos de responder a ese desafío.De lo que lamentablemente somos testigos es de una verdadera guerra de trincheras entre la oposición que quiere que al gobierno le vaya mal y el gobierno que hace esfuerzos por sacar adelante sus proyectos, con todas las dificultades que implica no contar con mayorías en el Congreso.

Y en esta batalla encarnizada, el debate está centrado en lo que permita sacar provecho político ante cualquier oportunidad, pero no en los grandes temas. La política sigue pegada en la pequeñez del viaje de los hijos del Presidente a China, interponiendo recursos ante la Contraloría y pidiendo las boletas de los restaurantes para comprobar si pagaron las cuentas. O en quien es responsable por invitar al Embajador de Maduro al Congreso. Da vergüenza.

Hoy en el mundo, la aparición de la robótica, la inteligencia artificial, el dominio analítico de big data, la biotecnología, los autos inteligentes, la economía colaborativa, la innovación constante, la creación de nuevos modelos de negocios, están provocando cambios gigantescos que van a derivar en nuevas formas de pensar las sociedades, las ciudades, el trabajo, la manufactura, el transporte, la distribución, y por ende, se necesitarán nuevas habilidades y conocimientos, a la vez que nuevas regulaciones y nuevas políticas públicas, para poder desenvolverse en ese mundo.

En el mercado del trabajo se habla de que existirán dos tipos de trabajadores: los que realizarán tareas de alto valor agregado y bien remunerados y aquellos que percibirán menores ingresos, que estarán realizando labores de bajo nivel de exigencias. Pero lo importante es saber, que entre esos dos grupos, estarán los robots, realizando operaciones automatizadas de gran complejidad.

Si esta es la realidad que también nuestro país enfrentará en no tantos años más, hoy es cuando se debería estar pensando en estos temas. Partiendo por los cambios que deberíamos introducir en el Estado, para que esté a la altura de los desafíos que nos plantea la modernidad. Y no se trata tan solo de poner recursos en digitalizar. Se requiere un cambio cultural profundo que modernice el aparato burocrático y lo transforme en un Estado ágil y al servicio de la población.

Hoy deberíamos tener una visión sobre el camino a seguir; hacia que tipo de sociedad tendremos que derivar y tantas otras respuestas ante los nuevos desafíos que nos impone el mundo desarrollado. Lamentablemente, la política sigue viviendo en la contingencia, pensando en el poder, y no está focalizada en debatir acerca de los cambios que se deben empezar a hacer desde ahora para no quedarnos atrás y garantizar el bien común.

Si queremos subirnos al carro de la modernidad, más le vale a la política salir de la trinchera, abrir la mente y dedicarse a pensar en la herencia que se les va a dejar a las futuras generaciones. El cambio que está ocurriendo es tan acelerado, que si no se ponen al día en estos temas ahora ya, nos va a pasar la cuenta cuando ya sea demasiado tarde.

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