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Publicado el 15 de septiembre, 2019

Jaime Jankelevich: Hace bien recordar, para no caer en lo mismo

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

La reacción de rechazo que provocó en la izquierda el inserto del miércoles 11 en El Mercurio, que daba cuenta del ambiente de violencia que se vivía en el país durante la UP, escaló hasta amenazar con demandas contra sus autores. El tema es que ese inserto no contiene ninguna falsedad ni oprobio alguno. Entonces, ¿hay que censurar la verdad?

Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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El gobierno de la UP y el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 continúan causando división entre nosotros. Un inserto publicado el miércoles pasado en El Mercurio encendió una negativa reacción de la izquierda, calificándolo de una provocación, de una apología al golpe de estado, de una afrenta a las víctimas de violaciones de derechos humanos, hasta de negacionismo, amenazándose incluso a sus autores a ser demandados ante la justicia.

Si alguien no vio el inserto, pero leyó o escuchó lo que fueron las declaraciones de miembros de los partidos y dirigentes de izquierda acerca del mismo, podría pensar que lo expresado en dicha publicación era no solo totalmente falso, sino que su contenido además era agraviante. Si así hubiese sido y lo publicado consistiera en información falaz y en deshonrosas menciones acerca de las víctimas de violaciones de DDHH, entonces el rechazo expresado tendría plena validez.

Sin embargo, nada de eso contiene dicho inserto, el que únicamente expone históricas declaraciones de los líderes más destacados de la izquierda de la época, como Carlos Altamirano, Miguel Enríquez, el Comandante Pepe y Andrés Pascal Allende, contrapuestas con las declaraciones de destacados opositores a Allende, como los entonces senadores Eduardo Frei y Patricio Aylwin, los colegios profesionales y un breve párrafo del demoledor Acuerdo de la Cámara de Diputados de agosto de 1973 contra el fallecido Presidente.

Entiendo que a la izquierda le moleste que se recuerde, aunque sea sucintamente, lo que pasaba en la UP y la responsabilidad que les cupo en el quiebre institucional, pero eso no significa que el hacerlo constituya una apología al golpe de estado o un oprobio a las víctimas de las violaciones de DDHH. Por el contrario, creo que recordar aquellos años nos sirve para reflexionar sobre lo que, a mi parecer, fue el mayor daño causado por el gobierno de la UP, que es dividirnos como sociedad en dos bandos irreconciliables.

El uso continuado de un lenguaje violento por parte de personeros del régimen, como por ejemplo “compañeros: habría que atacar a los Tribunales y masacrar a todos esos viejos momios”; “hay que tomarse los fundos y las industrias sin compensaciones”; “debemos tomarnos Codelco por la fuerza y asesinar a quien se oponga” o de titulares en su prensa afín como “El pueblo aplastará a momios como baratas”; “Los momios al paredón y las momias al colchón”; “Viejos de mierda” contra los Supremos, llevó a una gravísima polarización, al extremo que Allende se declaró presidente solo de algunos chilenos. Eso, más las múltiples tomas de campos y empresas y un largo etcétera generaron una profunda división en la sociedad y un mayoritario rechazo al régimen.

Pienso que recordar el lenguaje de violencia y polarización que se vivió durante la UP -como lo hace el criticado inserto- es tan importante como recordar las violaciones de DDHH, porque como país no debemos olvidar ni una ni otra cosa, pues siempre está latente el peligro que, de hacerlo, repitamos los mismos errores del pasado, y ya sabemos a dónde nos pueden conducir.

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