Siendo el futuro gabinete presidencial el gran tema que inundará páginas de análisis y opinión, la gravedad de lo sucedido la semana pasada en la Araucanía dejará de ser noticia y las nuevas víctimas del terrorismo en la Macrozona pasarán al olvido, como si nada hubiera sucedido.

No quiero hablar del gabinete, porque para eso habrá tiempo. Para lo que no lo hay es para denunciar el contraste del que estamos siendo testigos entre lo ocurrido con las víctimas de la violencia en la Araucanía vs la impunidad que se pretende otorgar en el Senado a los violentistas de octubre, a los que eufemísticamente se les llama, “presos del estallido”. Los delitos contemplados en esta iniciativa son sorprendentes, pues propone amnistiar homicidio frustrado, barricadas y porte de elementos incendiarios. Pero no solo eso: además pretende amnistiar maltrato de obra a Carabineros y PDI; a los que causaren daño a monumentos nacionales, ultrajaren nuestra bandera o el escudo nacional; a quienes hagan apología de la violencia y, cómo no, ¡al porte de armas prohibidas!

Si se aprueba o rechaza esta iniciativa es irrelevante frente a lo que implica dar esta señal, que no es otra que expresarle a los violentistas que actuaron en octubre que su violencia era justificada, que estuvo bien, y que el sistema cometió una injusticia al pretender juzgarlos. Por esas razones, la izquierda del Senado, en un verdadero acto de contrición culposa y de reparación, quiere otorgarles absoluta impunidad, concediéndoles una amnistía por los delitos cometidos.

¿Acaso no envalentonan así a los terroristas de la Macrozona? ¿No se dan cuenta que al justificar cierta violencia están justificando toda la violencia? Eso es lo grave, irresponsable e indigno de la señal que está brindando la izquierda desde el Senado.

Si se justifica la violencia de octubre, bueno, mañana se podría justificar la censura, que es otra forma de violencia, una violencia que destruye la democracia, cual es impedir que alguien pueda opinar libremente lo que piensa. Ya esta semana que termina fuimos testigos de esa violencia, porque se censuró a Sergio Checho Hirane en La Red, impidiéndole que continuara con su programa Café Cargado, lo que representa un claro y grave atentado contra la libertad de expresión.

Y para qué hablar de la violencia delincuencial, que está actuando descaradamente, sin respetar nada ni a nadie, con total impunidad. Cómo es posible que se detenga a dos delincuentes que tienen en su prontuario más de 100 detenciones cada uno, ¡y sigan libres! ¡Qué puede justificar algo así! ¿¡Quienes son los jueces que lo permiten!?

Y en la Fiscalía, cuántos asaltos, portonazos y delitos varios contra las personas y la propiedad quedan archivados sin siquiera ser investigados, permaneciendo absolutamente impunes. Alivio para los delincuentes, desazón para las víctimas.

La impunidad es un gran incentivo para todos quienes utilizan la violencia como medio para lograr sus fines. Si una institución como el Senado la ampara, concediendo amnistía a violentistas y delincuentes, no nos extrañemos si ésta termina siendo interpretada como licencia para delinquir, aval para la violencia y tranquilidad para los que violan la ley, por la implícita impunidad otorgada.

Es hora de que los autores de este proyecto entre en razón y no sigan adelante con este irresponsable amparo de la violencia.

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