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Publicado el 05 de enero, 2020

Jaime Jankelevich: Comenzó la cuenta regresiva

Consultor de empresas Jaime Jankelevich

Hace cinco días comenzó la cuenta regresiva hacia el 26 de abril, día en que comenzará a decidirse el futuro de nuestro país. Algo que parecía días atrás aún lejano, la llegada de 2020 nos aterriza a la realidad y nos obliga a reflexionar si queremos vivir con certidumbre o arriesgarnos a hacerlo con total incertidumbre durante al menos dos años.

Jaime Jankelevich Consultor de empresas

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Nunca, desde el retorno a la democracia, Chile se ha visto enfrentado a tanta incertidumbre. En los próximos meses estaremos sometidos a un bombardeo diario de propaganda, hasta llegar el 26 de abril al plebiscito de entrada. De ganar la opción Apruebo, tendremos seis meses en que habrán de generarse las listas de candidatos a convencionales, para que en el mes de octubre se elijan, junto a lo que serán las elecciones de alcaldes, concejales, gobernadores y cores.

Lo que no está claro aún es como se establecerán las listas, porque se supone que van a participar independientes, pero éstos no tienen una orgánica que los represente, por lo que hacer dichas listas ya reviste un grado de dificultad que los responsables de este proceso deben resolver, junto con el tema de las paridades. Suponiendo que esos problemas se solucionarán, tendremos 10 meses en que el país estará en modo electoral y los partidos políticos haciendo sus cálculos sobre que les conviene más, porque habrá mucho en juego.

Complejidades aparte, supongamos que se termina eligiendo a los convencionales y comienzan su trabajo de pensar y escribir una nueva constitución. Ese tema va a tomar 9 meses, extensibles a un año, por lo que no antes de diciembre de 2021 habrá terminado dicha labor, para llegar el primer trimestre de 2022 al plebiscito de salida que dirimirá si la población acepta o no lo que se le propone.

Considerando solo las formalidades de lo anteriormente expuesto, 2020 y 2021 podrían ser años de incertidumbre total, porque no conoceríamos cuáles serán las reglas de juego democráticas que regirán los destinos del país. Y cuando no se conocen las reglas de juego, se hace casi imposible emprender, porque lo que puede ser válido bajo la actual constitución, podría no serlo si así lo determinan los convencionales.

Creo relevante, entonces, antes de decidir nuestro voto en abril, preguntarnos, ¿qué, de la actual constitución me desagrada tan profundamente, que quiero una nueva a partir de cero? Este es un tema trascendental, por distintas razones. La primera es que la gente cree que una nueva constitución va a solucionar problemas de empleo, sueldos, pensiones, etc., e ignora que esa no es función de una constitución. La segunda es entender que la izquierda quiere partir de cero por razones estrictamente políticas, porque para ellos la actual carta es el último símbolo que queda del gobierno de Pinochet y lo quieren eliminar, aunque en 1989 un 91% aprobó plebiscitariamente la constitución, después de introducirle 50 reformas a la del 80, lo que dio inicio a la transición, y posteriormente Ricardo Lagos estableció la actual, que lleva su firma, en 2005. Pero eso a la izquierda no le importa; solo le interesa eliminar cualquier vestigio que quede del gobierno militar.

¿Estará preparado Chile para una aventura de esta naturaleza, que nos mantendrá en la incertidumbre durante dos años, sin saber cuáles serán la nuevas reglas de juego? Con la violencia aún vigente y con la incertidumbre de no saber qué saldrá de una convención, el empleo, la inversión, la economía y el crecimiento se verán negativamente impactados, al menos hasta que se sepa que éordenamiento jurídico tendremos en el país.

Y por otra parte, si se aprueba el Rechazo, la izquierda veladamente ha amenazado que no habrá paz social, lo que sugiere que estarán dispuestos a reconocer el resultado del plebiscito de abril, si y solo si, gana la opción Apruebo. Bajo estas condiciones, ¿será posible reconocerle legitimidad a una nueva constitución?

Antes de entrar a la urna en abril, pregúntese que nos conviene más como país: ¿certeza o incertidumbre?

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