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Publicado el 27 de febrero, 2020

Jaime Antúnez Aldunate: El aporte de Felipe González

Doctor en Filosofía Jaime Antúnez Aldunate

Hay que agradecer al  experimentado líder del PSOE y ex jefe de gobierno español entre 1982 y 1996, conocedor como pocos de los avatares políticos de nuestro continente, quien ha sido la primera gran figura internacional que hace un análisis lúcido de la crisis que sacude al país, ello sin renunciar a sus postulados socialdemócratas.

Jaime Antúnez Aldunate Doctor en Filosofía

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Hay que agradecer a Felipe González lo que ha querido decir a Chile y a los chilenos, a través de su entrevista con El Mercurio el pasado domingo 23. El experimentado líder del PSOE y ex jefe de gobierno español entre 1982 y 1996, conocedor como pocos de los avatares políticos de nuestro continente, ha sido la primera gran figura internacional que hace un análisis lúcido de la crisis que sacude al país, ello sin renunciar a sus postulados socialdemócratas.

Constatamos cada día que la complejidad de los factores que nos afectan ha crecido y crece.

Afirma Felipe González que el Presidente Piñera  ya “en el primer momento dio muestras de estar desbordado completamente”. Imposible negarlo. Mucho más grave que eso, creemos, es que luego de cuatro meses de violentismo incontenido -y en vísperas de momentos muy desafiantes para la continuidad democrática- prevalezca la sensación de ausencia de autoridad, en visible consonancia con un repliegue del Estado de Derecho. No es ya sólo el poder ejecutivo el que muestra “estar desbordado”. Son los tres poderes del Estado, también el legislativo y el judicial, en un clima que a menudo los confronta, que no logran reatar los cabos a la deriva.

Ejemplo de maximalismo, se ha llegado incluso al desafío directo por el violentismo a las Fuerzas Armadas, provocando la dura advertencia de algún alto mando, refrendada luego por comunicado del Ministerio de Defensa.

Es difícil comprender, en este cuadro de amenaza a la soberanía nacional -técnicamente distinta de cualquier otra sucedida en nuestra historia, pero considerable entre las de mayor gravedad- cómo se pueda haber desbaratado de la noche a la mañana la fuerza del Estado. Ello ha acelerando la confusión en la ciudadanía, que no logra apaciguarse, incluso con la perspectiva de un plebiscito constitucional, cuya factibilidad queda en cierto modo amenazada.

De las palabras del ex jefe de gobierno español emana conocimiento y autoridad, por lo que conviene prestar atención a lo que él observa.

Ante la pregunta por el origen de la violencia -materia fundamental para orientación y tranquilidad de la opinión pública- Felipe González se aleja de lo que llama teorías conspirativas”, así las que circulan en las redes y que adjudican su origen, por ejemplo, a Nicolás Maduro. Es algo que juzga imposible en actual situación del “tirano” venezolano, a quien mide, lejos de su antecesor, en el nivel de un rudo o deun torpe”.

No vacila sin embargo, ni un instante, y lo afirma con toda seguridad, que el origen tan organizado de la violencia desatada en Chile tiene una causa de “nivel internacional”. Explica objetivamente que ésta puede hoy manejarse desde las redes sociales “y da lo mismo de dónde puedan venir”. Lo relevante, subraya con razón, es “averiguar cómo ha sido posible que en Chile surjan de manera tan repentina hechos tan violentos”, imposibles de concebir como algo espontáneo.

También esta oscuridad es difícil de comprender para los chilenos en general. Más aún, estamos obligados  a juzgar que la ausencia de información creíble relativa al origen de la violencia que azota al país, permanece como una deuda inconmutable del Estado con la ciudadanía, y de la mayor gravedad, pues se trata de un desafío que pone en jaque el gobierno soberano de la nación. Las críticas a los imprudentes arrestos de liderazgo diplomático en que incurrió nuestra cancillería, con relación a una Venezuela en candente crisis y disputada por potencias armadas, vuelven a ponerse en la mesa.

En el contexto de “orfandad representativa” que vive actualmente Chile, tiene urgente importancia, señala González, “crear un área de consenso para recuperar la convivencia democrática y asegurar la cohesión social”, consenso que incluya a todo el espectro democrático. “Confundir los gravísimos hechos de violencia con la movilización, y la razón de fondo de la gente para expresarse, constituye un error”, afirma. Podemos interpretar su consejo frente a la “orfandad representativa” y la urgencia de consenso, como la alta conveniencia o hasta necesidad de un gobierno nacional.

Son de interés y actualidad los comentarios sobre las encrucijadas que vive el actual gobierno del socialista Pedro Sanchez en España, pero sobre todo la incomunicación de lenguaje de la izquierda de los años 60 y 70, frente a los radicales del tiempo presente. Trasladado el problema a Chile, se traduce en una crítica suya a una Concertación por la Democracia que, finalizado el primer gobierno de Bachelet, en 2010, y pasados ya 20 años, no salía aún del embrujo de haber derrotado a Pinochet.

Podemos especular que fue en ese punto que la derechista Alianza por Chile arrebató las banderas a la Concertación, dando lugar a la primera presidencia de Piñera.

Ambos sectores, derecha e izquierda, quedaron mientras tanto en deuda o atrapados de cara a la solución que la modernidad debe al problema de la gobernabilidad política en la era de la revolución digital y de la globalización del mercado. Mas no sólo eso, sino también apresados y sin respuesta frente a la decodificación de la idea de bien común, en una sociedad sin polis, donde el espacio y el tiempo de las personas se encuentran desprovistos de contexto, pues las culturas que surgen y se propalan no están ya ligadas a un determinado lugar y se viven en términos casi exclusivos de presente (La cuestión del bien común, hoy – Humanitas 87)

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