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Publicado el 05 de diciembre, 2018

Jaime Abedrapo: Cumbre de cambio climático en Polonia

Director de Investigación de la Escuela de Gobierno, Universidad San Sebastián Jaime Abedrapo
¿Hay alguna razón para estar optimistas de lo que pueda salir de la reciente reunión de los Estados? Todo indica que no.
Jaime Abedrapo Director de Investigación de la Escuela de Gobierno, Universidad San Sebastián
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Dicen que la esperanza no se debe perder, ya que sin ella la política pierde sentido. Sobre todo cuando hablamos que está en juego el futuro de la humanidad. Si vemos cómo en las últimas décadas han evolucionado conceptos tales como el derecho al desarrollo en la perspectiva de la sostenibilidad, entendemos cómo hemos ido tomando conciencia sobre la amenaza que representa el cambio global, el cual tiene su principal expresión en el cambio climático.

 

A pesar de haber más conciencia, la política mundial no ha tomado acciones efectivas para evitar un escenario de autodestrucción. ¿Por qué? Los intereses de los estados, la codicia de algunos, la falta de convicción de otros, o el vivir el aquí y ahora ante mis electores que no están dispuestos a sacrificiosque permitan reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero, entre otros elementos, han facilitado la depredación y descomposición de nuestro entorno. Algunos países cautelan su estilo de vida y con ello se produce una sobreexplotación de recursos que no puede ser absorbido por el planeta. Ese afán de progreso material individual y colectivo de corte insaciable fue denunciado por Mahatma Gandhi en su obra “Mi socialismo” a mediados del siglo XX.

 

Llegamos a la Cumbre Polonia con el tema de siempre, buscar estrategias para descarbonizarla matriz energética, pero los resultados han estado muy por debajo a lo esperado y/o comprometido. Recordemos que científicos de los paneles de Naciones Unidas han sostenido que debiéramos evitar que la Tierra durante este siglo aumente su temperatura en dos grados Celsius, ya que ello sería el principio del fin de la vida terrestre. ¿Será Polonia el punto de inflexión?

 

La Cumbre de Río de 1992 fue testigo de la falta de compromisos entre los Estados, los cuales solo consiguieron ponerse de acuerdo en terminología y conceptos, pero no en acciones conjuntas relevantes para revertir la tendencia contaminante global, que impacta el cambio climático.

 

En 1972 el Club de Roma elaboró un informe (“Límites al Crecimiento”) en el cual señaló la necesidad de un desarrollo sostenible, lo cual provocó una reacción visceral en distintas potencias porque aquello lo entendían como un freno al crecimiento, por ende, al desarrollo. Posteriormente se realizó la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente denominada “Educar para comprender el mundo”, la cual se realizó en Estocolmo en 1972; luego vino la Conferencia de la UNESCO de 1977 denominada “Crisis Ambiental y Educación Ambiental” en Georgia. Ambas significaron la articulación de los autodenominados escépticos, quienes, financiados principalmente por empresas de hidrocarburos, niegan el cambio climático.

 

Será el Informe Brundtland de 1987“Nuestro futuro común” el que hace que el desarrollo sostenible comience a percibirse como la única estrategia eficaz para evitar las consecuencias del cambio climático acelerado por la acción humana (¿o deshumana?). Al respecto, en 1990, en el informe “Cuidar la Tierra” se planteó la ética de vivir sosteniblemente y la necesidad de conservación de las especies que están en riesgo de extinción producto del cambio climático.

 

Esa fue la antesala de la Cumbre de Río de 1992, la legendaria cita mundial que fue testigo de la falta de compromisos entre los Estados, los cuales solo consiguieron ponerse de acuerdo en terminología y conceptos, pero no en acciones conjuntas relevantes para revertir la tendencia contaminante global, que impacta el cambio climático. El documento de Río sostuvo que “el derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presente y futuras”. Un avance formidable en lo conceptual y lo retórico que al parecer las generaciones posteriores no alcanzarán a conocer.

 

A tres años de la cumbre de París, no hay mucho para esperanzarse, ya que existe consenso en que las medidas adoptadas por los Estados son insuficientes para evitar el calentamiento global en promedio de dos grados Celsius.

 

Otros esfuerzos loables para contrarrestar el cambio climático han estado circunscritos a Europa, bloque político y económico que pierde competitividad e influencia en el sistema internacional a manos de potencias que tienden a minimizar las consecuencias del cambio climático, ya que prefieren no obligarse para no perder competencia.

 

En dicho contexto llegamos a Paris 2015, el cual fue un llamado urgente a alcanzar acuerdos concretos que mitiguen las causas del cambio climático. A tres años de esos compromisos no hay mucho para esperanzarse, ya que existe consenso en que las medidas adoptadas por los Estados son insuficientes para evitar el calentamiento global en promedio de dos grados Celsius.

 

¿Hay alguna razón para estar optimistas de lo que pueda salir de esta nueva cumbre de los Estados?Todo indica que no, y la razón para ello se encuentra recogida en el Evangelii Gaudium del Papa Francisco, documento en el cual señala que “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiples y abrumadoras ofertas de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”.

 

Ojalá estemos equivocados, pero si los Estados no avanzan sustantivamente en acuerdos que cambien la tendencia al calentamiento global, y los ciudadanos no hacemos nada, seremos cómplices del camino de autodestrucción. Por lo tanto, no hay excusas para no ponernos en movimiento y hacer cuanto esté a nuestro alcance en las acciones cotidianas.

 

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

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