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Publicado el 13 de julio, 2019

Jacqueline Deutsch: ¿Violencia o delincuencia?

Ambas deben ser definidas y abordadas para evitar su ocurrencia y desarrollar modelos predictivos que nos anticipen la posibilidad de que surjan como una forma de manifestar la disconformidad ante un sistema ya sea familiar, educacional o de otra índole.

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La violencia escolar se ha tomado la primera plana de las noticias. Hemos presenciado actos vandálicos y de represión que solo han contribuido al aumento en la escalada de violencia reprochables por lado y lado; desde los estudiantes hacia las autoridades y viceversa.

Intentando descifrar el conjunto de elementos que se encuentran en juego, creo necesario precisar cómo se define y se diferencia la delincuencia de la violencia, porque las herramientas legales y sociales con las que cuenta nuestra sociedad diferencian su sanción según sea el caso. La delimitación conceptual por demás es una de las primeras dificultades que surgen, porque es común encontrar, bajo la etiqueta de violencia, distintos fenómenos como la agresividad, la impulsividad y delincuencia. Sin embargo, si lo que queremos es encontrar una solución a este grave problema se debe realizar un análisis riguroso, objetivo y eficaz acerca de la situación contingente, en este caso, en las escuelas. Para lograr este objetivo, la definición de qué es violencia es fundamental.

La acción violenta es deliberada y voluntaria con el objetivo de producir daño o malestar.

Una alternativa que a mi juicio permite comprender y definir el tipo de violencia que estamos observando, es denominarla fenómeno de violencia. Es una diferencia epistemológica, que trae aparejada una doble connotación: es acción violenta o comportamiento y a la vez una disposición, capacidad o atributo psicológico (como lo señala el filósofo Immanuel Kant cuando distingue el fenómeno del “noúmeno”). La acción violenta es deliberada y voluntaria con el objetivo de producir daño o malestar. No obstante, debemos considerar que la decisión de actuar violentamente se ve influida por un conjunto variado de factores entre los que se incluyen: factores biológicos, psicológicos y sociales.

¿Qué dice la psicología al respecto? Señala la existencia de una disposición a la conducta violenta, avalada en estudios empíricos que provienen de investigaciones concretas respecto de su origen. Además, la asociación entre funcionamiento cerebral y experiencias ambientales permiten comprender por qué algunos individuos pueden ser altamente impulsivos, buscan emociones fuertes y riesgosas y poseen baja empatía. Quien es educado en un ambiente agresivo tiene mayor probabilidad de perder el control ante situaciones que le generen frustración, estrés y/o ansiedad. La ausencia de modelos adecuados en el manejo de la agresividad y el control de impulsos lo dejan desprovisto de alternativas de respuesta, por lo tanto, imita la conducta violenta de sus figuras significativas.

Otro factor fundamental para detectar y predecir la conducta violenta es la edad de inicio. La infancia y la adolescencia son períodos críticos para que se instale como modo de acción del individuo.

El contexto a través del cual los jóvenes se unen a la sociedad son fundamentales (la familia, la escuela, el grupo de pares, grupos deportivos y religiosos, etc.). De aquí surge la importancia de crear bases sólidas y permanentes para que el niño construya una imagen de sí mismo y de la sociedad apoyada en conductas socialmente adaptadas y que faciliten el curso de su desarrollo integral.

El rol de los adultos es el único que no debe estar en discusión, pues es quien entrega herramientas, el modelador, el que muestra a través de sus actos y de sus palabras cómo debe un niño o un adolescente regular sus emociones.

Un capítulo aparte es el que juega la familia, ya que es fundamental para el desarrollo sano, tanto psíquico como físico, de cualquier individuo. Cabe señalar que los lazos emocionales de admiración e identificación con otras personas también pueden ser provistos por el colegio, en especial con el profesor a cargo de enseñar a un niño. El compromiso con objetivos sociales, las creencias o conjunto de convicciones favorables y contrarios al delito y la violencia también pueden ser modelados por una figura significativa como la del docente.

En definitiva, la delincuencia es un fenómeno multicausal, complejo y requiere de intervenciones en distintos niveles y de profesionales de diversas áreas para abordarla. Es un problema de salud pública que se ha tomado los colegios, en especial los llamados emblemáticos, y que está llegando a un límite insostenible. Tanto la conducta violenta como la delincuencia deben ser definidas y abordadas para evitar su ocurrencia y desarrollar modelos predictivos que nos anticipen la posibilidad de que surjan como una forma de manifestar la disconformidad ante un sistema ya sea familiar, educacional o de otra índole.

Solo a través de un abordaje multidisciplinario podremos generar un cambio. Intentar manejar una conducta violenta que puede llevar a cometer delitos solo desde el punto de vista legal no rendirá los frutos esperados.

El rol de los adultos, ya sean padres, profesores y/o autoridades es el único que no debe estar en discusión. El adulto es quien entrega herramientas, el modelador, el que muestra a través de sus actos y de sus palabras cómo debe un niño o un adolescente regular sus emociones. Hay que tomar en cuenta que nuestro cerebro no tiene aún desarrolladas las funciones neurofisiológicas que nos permiten auto regularnos. No al menos antes de los 20 años.

Por esto se hace necesario comprenderla como un fenómeno de la violencia a través de la mirada que entregan las normas y leyes sociales, así como las variables medioambientales y afectivas. Por esto se constituye en una conducta difícil de comprender y tratar. Pero está claro, y las evidencias lo demuestran, que solo a través de un abordaje multidisciplinario podremos generar un cambio. Intentar manejar una conducta violenta que puede llevar a cometer delitos, mirados solo desde el punto de vista legal no rendirá los frutos esperados.

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