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Publicado el 24 octubre, 2020

Jacqueline Deutsch: Los neuroderechos o la privacidad de los datos mentales

Nuestros deseos, emociones, intereses, percepciones, pensamientos, características propiamente humanas, ya son manipuladas, y si no regulamos estos mecanismos con prontitud, será demasiado tarde porque la tecnología avanza exponencialmente y perderemos tanto nuestra identidad personal como psíquica.

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Desde el año 2013, 25 países liderados por Estados Unidos trabajan en conjunto en el Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia en el proyecto BRAIN (Brain Research Trough Advancing Innovative Neurotechnologies). Dirigidos por el director del Centro, Rafael Yuste, este avanzado proyecto que parece sacado de una serie de ciencia ficción permitirá sanar a millones de personas que padecen de diversas enfermedades, ya sean de orden psiquiátrico, físico o neurológico.

Nuestro cerebro está presente en todo lo que realizamos. Reconocemos la presencia de más de 86 mil millones de neuronas que “conversan” entre ellas, lo que se dicen es lo que el proyecto BRAIN está logrando descifrar. A través de la observación de la conducta de las neuronas y la lectura de su comunicación, podremos predecir las respuestas al ser estas activadas o no a través de mecanismos específicos. Los neurotecnólogos han ido desarrollando dispositivos que permitirán acceder a nuestros pensamientos, percepciones y conductas a través del uso de aparatos como cascos, cintillos o chips.

Algo que ya ocurre y casi sin darnos cuenta, es cómo los celulares y el uso de las redes sociales ya se han hecho cargo de este fenómeno y son capaces de leer nuestros intereses y nuestras emociones, enviándonos información que saben nos puede interesar en función de nuestras actividades. La manipulación de los datos en personas o comunidades es el resultado de hábiles estrategias que manejan las emociones de los usuarios.

La tecnología en sí no es ni buena ni mala, depende el uso que se le dé. Si sumamos el desarrollo de las neurociencias y la neurotecnología más la cantidad de información obtenida a través de las redes sociales como Facebook o Twitter, que han invertido millones de dólares para mantener nuestra atención a través de sofisticados algoritmos, nuestros datos mentales son manipulados sin que seamos totalmente conscientes de ello. Muchas veces estos son utilizados a favor de grandes grupos económicos para dirigir nuestros deseos e intereses, como lo muestra el documental “El Dilema de las Redes Sociales” (2020). Narrado por los mismos creadores de los dispositivos de Facebook y Twitter. Hacen una especie de mea culpa por las consecuencias que está teniendo el uso de estas tecnologías en la sociedad actual: el individuo es visto como un producto, un bien de consumo y, como agregado, nos hemos vuelto adictos casi sin darnos cuenta. Lo mismo ocurre con el documental sobre Facebook Analitycs y el rol de los algoritmos en la política y la elección del presidente Trump.

Nuestros deseos, emociones, intereses, percepciones, pensamientos, características propiamente humanas, ya son manipuladas y si no regulamos estos mecanismos con prontitud, será demasiado tarde porque la tecnología avanza exponencialmente y perderemos tanto nuestra identidad personal como psíquica. Un resguardo a nuestros derechos incorporándolos a las reformas constitucionales es necesaria para que la información sea utilizada para curar enfermedades y no para obtener neurodatos que puedan ser usados sin una autorización legal. Ahora es el momento, señalan los expertos

Rafael Yuste ha sido uno de los que ha ido en busca de un marco legal para defender los neurodatos e incorporar a la Carta de Derechos Humanos cinco derechos inalienables: la privacidad mental, la identidad mental, el libre albedrío, el acceso equitativo y la no discriminación en el acceso a las nuevas tecnologías.

En Chile esta inquietud tuvo un eco inmediato en la comunidad científica y a través de la Comisión Desafíos del Futuro del Senado, un grupo interdisciplinario de científicos está trabajando en un plan piloto a nivel mundial de protección ética de los Neuro datos. Una enmienda a la Constitución, en este caso al artículo IXX, permitiría realizar las modificaciones que se requieren para incorporar estos cambios. Yuste señala que Chile ya ha demostrado con anterioridad ser un país con un sistema jurídico ágil y que es respetado en el mundo científico; así lo fue con el uso del etiquetado de los alimentos.

Es aterrador pensar que nuestras potencialidades pueden verse alteradas. Finalmente perderíamos nuestra verdadera identidad entre tanta manipulación. Y esto es por nombrar una sola variable: la alteración de las capacidades innatas. ¿Qué pasaría si alguien maneja nuestros datos mentales? ¿Quién habrá hecho la elección? La necesidad de legislar es urgente antes de que sea otro quien viva nuestra vida.

  1. Alfredo Puyol Arroyo dice:

    Valido la preocupacion de la articulista pero…las religiones a traves de sus voceros han manipulado las mentes,y lo continuan haciendo. Pecados, vida eterna, dioses alma y un largo etc nos son inculcadas desde a infancia por lo que la utilizacion de la tecnolgia no se diferencia mucho de la religion.

    • Jacqueline Deutsch Galatzan dice:

      Podría decirse que la religión, en cierto momento de nuestras vidas, podemos elegir seguirla o no, hipotéticamente al menos tenemos derecho a disentir. En el caso de las nuevas tecnologías somos manipulados concierne o inconscientemente y no tenemos cómo protegernos de la intrusión a la que pueden llegar en nuestras vidas. Ese es la intención del artículo, llamar la atención sobre este tema y buscar una salida

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