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Publicado el 31 de diciembre, 2019

Jacqueline Deutsch: Emociones

Si no nos ocupamos de nuestra infancia hoy, no tendremos un futuro como el que todos queremos. Esta generación de jóvenes esta ya demasiado dañada con nuestros errores. Preocupémonos de las que vienen. Me parece oír desde lejos una frase que decía “nuestros niños primero”.

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Cuando se trata de profundizar acerca de lo que está ocurriendo hoy en el país, se hace necesario recurrir a quienes han pensado y reflexionado acerca de la conducta humana y sus conflictos. No es necesario ir tan lejos para esto. Aquí, en nuestro maltratado Chile, tenemos a Humberto Maturana, sin duda, una mente brillante. Pueden haberse leído sus libros y escuchado sus charlas mil veces, pero la contingencia siempre hace que sus palabras, aunque sean las mismas, se entiendan según la realidad presente en el momento.

Pero ¿cuál es esa clave, ese acierto interpretativo entre lo que pensamos, sentimos y actuamos? A mi juicio, son las emociones el hilo conductor que atraviesan sus libros, su discurso. Sin la integración de la esfera emocional, no se concibe una vida sana en un mundo como el de hoy. ¿Cómo podemos competir con la inmediatez, con las funas, la destrucción, la incertidumbre que hoy en día nos agobia a muchos chilenos sin una estructura emocional que nos contenga?

Solo considerando la perspectiva del otro y su historia de vida podemos acercarnos a los orígenes de la conducta que observamos en los jóvenes que, en su mayoría componen esta turba que arrasa con lo que encuentra a su paso.

No es de extrañar que la familia chilena, inserta en un modelo que requiere que ambos, padre y madre, trabajen, entonces, ¿dónde encuentran la contención emocional estos niños y jóvenes? En su gran mayoría, en el sistema escolar. Un sistema que mide su calidad a través de pruebas estandarizadas que, según estas, juzgan si son o no una institución educacional de cierto nivel (alto, medio, bajo, estadística pura). ¿Son estas variables emocionales que sirvan para contener a los niños y jóvenes estudiantes? Obviamente no.

La intención no es juzgar para nada a las familias que desean entregarle una educación de calidad a sus hijos y que, debido a ello, dediquen gran parte de su tiempo a trabajar. Por el contrario, creo que es un tremendo sacrificio; sin embargo, es uno que no satisface las necesidades primarias de los hijos. El tiempo que se requiere de verdad para escucharlos. Así de simple. Dedicar el tiempo sin la interrupción de celulares u otra tecnología. Tiempo de calidad, como lo llaman.

Pues bien, hoy estos jóvenes están reaccionando con una pataleta furiosa y masiva, aderezada con componentes como el uso de drogas y la manipulación de quienes quieren sacar provecho de la grave desregulación emocional, incluyendo a los medios de comunicación. Nuestros jóvenes no saben protestar si no es a través de la agresión porque ellos mismos fueron educados bajo esa premisa, con el premio o el castigo, un adiestramiento clásico de la psicología conductista. Basta mirar las cifras de violencia intrafamiliar para deducir la disfuncionalidad cuando se trata de la educación dentro del hogar.

La multitud hoy día pide una nueva constitución, una suerte de Tabla de la Ley que vendría a regular y guiarnos (hacia algún camino desconocido aún.)

¿Será que la mayoría de los chilenos no sabemos que cambiando una constitución no se mejorarán las demandas sociales que urgen? ¿Qué estamos tratando de reconstruir un edificio sin antes reparar los cimientos? La respuesta a estas y muchas otras dudas que surgen no las tengo. Tan solo me arriesgo a plantear algo en lo que creo firmemente. Si no nos ocupamos de nuestra infancia hoy, no tendremos un futuro como el que todos queremos. Esta generación de jóvenes esta ya demasiado dañada con nuestros errores. Preocupémonos de las que vienen. Me parece oír desde lejos una frase que decía “nuestros niños primero”.

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