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Publicado el 09 de marzo, 2020

Ivan Witker: ¿Quién tiene el poder? Significados de una ausencia

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

Los dichos, los silencios, las conductas, las omisiones, los contenidos y las percepciones son componentes claves de la vida internacional. Por eso, las imágenes filtradas y la ausencia en Montevideo tendrán fuertes repercusiones.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central

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Un mini-video circulando por twitter en los minutos previos a la apertura de sesiones ordinarias del congreso argentino muestra a una ofuscada Vicepresidenta regañando al Primer Mandatario. La asistencia a inaugurar dichas sesiones fue la justificación que dio Alberto Fernández para no ir a la toma de posesión del nuevo mandatario uruguayo Luis Lacalle Pou hace algunos días. Son imágenes duras. Visualizan una pregunta que inquieta desde el 10 de diciembre: ¿quién manda realmente en Argentina?

Hasta la divulgación de aquel mini-video, se miraba con asombro el ingenioso modelo ideado por los peronistas para superar aquello que en jerga política local denominan grietas internas. Parecía tratarse de una convivencia novedosa entre un Presidente que irradiaba cierta bonhomía, con una política ad portas de jubilarse y preocupada preferentemente de su nieta. Sin embargo, la filípica que la Vicepresidenta le echa al Primer Mandatario indica algo distinto. Sugiere un modelo prematuramente erosionado, que podría periclitar en cualquier momento. Indica que Alberto y Cristina ya no ríen con lo último de la farándula ni se aconsejan sobre el próximo look invernal ni menos comentan de los éxitos de la extraordinaria película El Robo del Siglo.

La verdad es que en un régimen presidencialista, la interrogante acerca de quién manda en un país puede sonar absurda e incluso ociosa. Pero ocurre que el realismo mágico bien pudo haber surgido en Argentina. Capítulos antiguos y recientes de su política hacen más que pertinente la mencionada duda. No sólo por su impacto interno, sino especialmente externo. Los dichos, los silencios, las conductas, las omisiones, los contenidos y las percepciones son componentes claves de la vida internacional. Por eso, las imágenes filtradas y la ausencia en Montevideo tendrán fuertes repercusiones. Ante todo en ambientes diplomáticos, entre inversionistas, bonistas y especialistas en imagen-país.

De partida, la relación con Uruguay, y con todo el entorno regional, puede tornarse ríspida. Para dimensionar el problema planteado, conviene recordar que no hay antecedentes de ausencias similares en las décadas recientes y que con rapidez pueden recobrar actualidad aquellas olvidadas palabras de Néstor Kirchner en orden a que los países vecinos son simples “válvulas de ajuste”.

Por de pronto, se había convertido ya en una tradición democrática entre Argentina y Uruguay la asistencia mutua a las transmisiones de mando y saludarse allí de manera tan expansiva como lo permite la calidez rioplatense. Alfonsín repartió abrazos y saludos en la asunción del primer presidente democrático uruguayo, Julio María Sanguinetti a mediados de los 80. Menem fue aún más efusivo en 1990 cuando subió al poder Luis Alberto Lacalle (padre de Lacalle Pou) y cinco años más tarde, cuando retornó Sanguinetti. Posteriormente, el colorado, Jorge Battle celebró su ascenso al poder en la parsimoniosa compañía del Presidente en ejercicio Fernando de la Rúa, quien, para darle boato, se hizo acompañar de sus antecesores, Menem y Alfonsín.

Dicen que, hasta antes de conocer estas imágenes, Fernández era infalible en ese extraño arte de dejar felices a moros y cristianos. Ahora, el video delata angustia, impotencia y, lo que es peor, nimiedad.

En tiempos más recientes, cuando Tabaré Vásquez reemplazó a Battle, recibió la visita de un locuaz Néstor Kirchner para celebrar la llegada al poder del Frente Amplio. Fuerte realce le obsequió también Cristina a su amigo Pepe Mujica al asistir a la ceremonia de traspaso junto a su antecesor y marido. El único momento relativamente bajo ocurrió cuando Tabaré Vásquez retornó al poder y Cristina delegó su representación en su Vicepresidente, Amado Boudou. Estaba molesta con las palabras poco tiernas  que le había prodigado su “amigo” Pepe en momentos previos. Sin embargo, comprendía la necesidad de estar presente y envió a quien era su más estrecho colaborador en ese instante. Cabe recordar también que el 10 de diciembre recién pasado, el entonces presidente en ejercicio, Tabaré Vásquez y el electo Lacalle Pou viajaron a Buenos Aires a acompañar a la toma de posesión de A. Fernández.

Por lo tanto, la no asistencia a Montevideo, sea para mostrar enojo por la no invitación a los presidentes de los países del ALBA o para evitar estrecharle la mano a Bolsonaro, plantea una pregunta adicional. ¿Cuánto tiempo más podrá seguir Alberto Fernández estirando la cuerda de un presunto pragmatismo? Hasta ahora no ha hecho otra cosa que mostrar una cierta habilidad para mantener un equilibrio digno de acróbata circense; lo cual, dicho sea de paso, le reconocen muchos peronistas. Por eso, más de alguno le ha calificado de “encantador de serpientes” y lo han comparado con el mismísimo Juan Domingo Perón. Dicen que, hasta antes de conocer estas imágenes, Fernández era infalible en ese extraño arte de dejar felices a moros y cristianos. Ahora, el video delata angustia, impotencia y, lo que es peor, nimiedad.

A eso debe agregarse otra cuestión que no ha merecido suficiente atención. Su silencio frente a la elección interna del Partido Justicialista. Dado que la jungla peronista tiene varios “ecosistemas”, siendo los de los gobernadores provinciales y del aparato interno del partido los más importantes, los Presidentes suelen monitorear y tratar de controlar a ambos. Ocurre que ahora en la interna se enfrentan dos grandes caciques, José Luis Giojia y Jorge Capitanich (“Coki” para Cristina). Ella, que no es precisamente una samaritana, apoya, aunque sin grandes aspavientos a este último, un exministro de su gabinete, en atención a que la elección será muy reñida. Sin embargo, el Presidente ha tomado palco de manera incomprensible. ¿Será su nimiedad?

Con sólo meses en el poder, es claro que él carece de aquello que Robert Dahl identificó como componentes esenciales del poder: influencia, persuasión y coacción. Ella, en cambio, parece haber leído al dedillo al autor de “La Igualdad Política”.

Sintetizando, una de las claves de la política argentina pasa por el destino de este particular dúo que reemplazó a Macri con la promesa de restaurar el sentimiento peronista y de proponer nuevas fórmulas de gobernabilidad. La relación política con el entorno regional, y el éxito o fracaso de futuras inversiones, pasan necesariamente por la evolución de este asimétrico modelo. Por cierto, debiera preocupar lo disminuida que está la parcela de poder prestada al albertismo. Aunque quizás algún suspicaz lector criollo de Maquiavelo diría que las imágenes son reveladoras de que Alberto y sus amigos ya fueron enviados “al cuarto de los juguetes”.

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