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Publicado el 16 noviembre, 2020

Ivan Witker: Puerto Rico, el insoportable deseo de ser anexado

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

El grueso de la población desea la anexión total a EE.UU. Se trata de un resultado demoledor para quienes por décadas promovieron la independencia de Puerto Rico, tratando de elevarla a causa continental.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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¿Cuántas veces se habrá dado vueltas en su tumba Pablo Neruda al conocer el resultado del último referéndum en Puerto Rico? Interesante duda. Como se sabe, de manera paralela a la elección presidencial, se le preguntó a los casi 3 millones de habitantes de la isla si deseaban la integración inmediata de Puerto Rico como estado 51 de la Unión Americana, o si, por el contrario, preferían una estatalidad propia. El 53% se pronunció a favor. Esto significa que el grueso de la población desea la anexión total; una idea observable cada vez con mayor intensidad e incentivada probablemente por los más de 6 millones de portorriqueños viviendo en EE.UU.

Se trata de un resultado demoledor para quienes por décadas promovieron la independencia de Puerto Rico, tratando de elevarla a causa continental. Miles de litros de tinta fueron consumidos en libros, artículos, y panfletos a favor de ella, para construir una épica latinoamericanista. En círculos dirigentes de algunos partidos, y en esos ghettos intelectuales confinados a ciertas modas (llamadas logomaquias por Vargas Llosa), se gastó tiempo y energía para que un supuesto deseo independentista portorriqueño capturase la imaginación de quienes se sentían convocados a forjar nuevas sociedades en la región.

Fue tal el esfuerzo, que Pablo Neruda procuró inmortalizarlo en varios poemas, como “Puerto Rico, Puerto Pobre”, cuyos versos curiosamente terminaron siendo musicalizados por Illapu en la década de los 80, cuando la causa ya estaba en proceso de extinción. Una pieza musical equivalente a una silueta vintage de la llamada canción-protesta.

El involucramiento de Neruda es sumamente llamativo por lo exótico que deben haber sonado en oídos de la sociedad chilena de los 50 y 60 aquellos supuestos desvelos independentistas. Fue tanto su entusiasmo con esta peregrina idea, que lo dejó plasmado también en sus numerosas invectivas al principal artífice del status de estado libre asociado, Luis Muñoz Marín, un liberal pragmático, esforzado en impulsar una fórmula moderada de iniciar un posible proceso identitario de la isla. Pero obvio, como no era revolucionario, la izquierda radicalizada de la época lo vapuleó y Neruda le prodigó epítetos tan fuertes como, “traidor, traductor de verdugos y chofer del whiskey norteamericano”.

Donde la causa independentista de Puerto Rico sí tuvo cierto impacto fue en Cuba. Fidel Castro se interesó en ella siendo recién un estudiante de derecho en La Habana, ensalzando el arrojo de los líderes independentistas como motivo de inspiración. Justo es reconocer que jamás olvidó a quienes ejecutaron dos hechos de sangre de enorme envergadura a nombre de la independencia boricua.

El primero ocurrió en 1950, cuando dos activistas, Oscar Collazo y Griselio Terresola, atentaron contra el Presidente estadounidense, Harry Truman, en un operativo que terminó con este último abatido por la escolta presidencial. Collazo, en tanto, fue capturado y terminó cumpliendo una larga pena en diversas cárceles estadounidenses. El segundo hecho violento tuvo lugar en marzo de 1954, cuando un grupo de 4 personas, encabezado por una antigua reina de belleza, llamada Lolita Lebrón, abrió fuego en el Capitolio. También fueron capturados y pasaron décadas en prisión.

Castro negoció su indulto personalmente con el Presidente Jimmy Carter en 1976. Ofreció canjearlos por cinco estadounidenses detenidos en Cuba. Un trato absolutamente usual en el marco de la Guerra Fría.

Interesante resulta escudriñar el origen de esta olvidada causa. Fue el rechazo generado en la izquierda radicalizada de América Latina aquella fórmula ideada por Truman y por Luis Muñoz Marín –estado libre asociado-, sancionada por el Congreso estadounidense en 1952. Se le consideró ignominiosa, aunque muy simbólica. No se divisan explicaciones económicas gravitantes ni menos geopolíticas. Moscú estuvo del todo ausente de estas presuntas ansias independentistas.

Numerosos testimonios dan fe de la difuminación de este simbolismo ya a inicios de los 70. En esos años fue reemplazado en el imaginario revolucionario por los efectos de la derrota militar de los focos de inspiración guevarista. Un tema mucho más cercano para los jóvenes de la época, desde luego. Ayudó también a su olvido, la experiencia de Allende, que abrió la posibilidad de canalizar las energías moderadas a través de la lucha electoral. Así, el soñado independentismo portorriqueño fue perdiendo intensidad en el micro-clima de la izquierda.

Más tarde vino el olvido definitivo con las incursiones militares de Cuba en Nicaragua y Salvador. Desde los 90 en adelante, los dos atentados capturaron atención -y sólo marginalmente- en el plano académico. En lo político, nadie reivindicó nunca más (ni quiso recordar) aquellos estrepitosos fracasos. Sin embargo, lo más llamativo ha resultado ser la total falta de interés de los propios portorriqueños en esta presunta causa. No en vano, el Partido Independentista apenas concita el 2% del electorado. Y ni siquiera la connotada representante demócrata de origen portorriqueño, Alexandria Ocasio-Cortez la ha hecho suya.

Justamente ahí radica el enorme valor político que han tenido los varios referéndum efectuados para medir el estado de opinión. En el de 2012, por ejemplo, la opción independentista sacó apenas 5%. De ello se desprende que el mayor deseo boricua es no sólo tener la economía más grande y rica del Caribe, sino terminar con el actual status (considerado en aquel entonces lo más reaccionario, retrógrado y traicionero, en palabras de Neruda). Es decir, desean la anexión total e inmediata.

Pocas evidencias se observan en el escenario internacional donde el deseo mayoritario de una población determinada sea ser anexada. Por lo mismo, gran valor adquiere el haberse realizado este referendum en un ambiente pacífico y usando el voto secreto, universal e informado.

Lo visto en Puerto Rico es una gran lección del sistema democrático, y extrapolable a numerosas otras situaciones ambientales, como los estados de ánimo, presunciones y opiniones (sobre “temas emergentes”) que algunos le adjudican a la población sin tener la menor evidencia empírica. El supuesto deseo independentista de los portorriqueños fue utilizado por décadas para mantener vivo el anti-imperialismo.

En esa línea de razonamiento, ¿qué sorpresa depararía si se realiza en Cuba un referendum idéntico al realizado en Puerto Rico? No es tan aventurado vaticinar que podríamos alcanzar a verlo.

  1. José Luis Torres Espinoza dice:

    Un poco de realismo, tanto Puerto Rico como Cuba no conocen otros sistemas de vida que los que tienen y se acostumbraron a ellos, entonces ese 53% es en realidad harto pobre como para presentarlo como un éxito ya que no tuvo propuesta diferente exepto el negacionismo, en Cuba el castrismo sin necesidad de amañar resultados, el sistema ganaría muy ampliamente cualquiet elección. Vida tropical, limitaciones de islas… hermosas por lo demás.

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