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Publicado el 25 de mayo, 2020

Ivan Witker: PostCovid19, entre la resiliencia global y la geopolitización

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Acheson sostenía que un orden internacional se apoya en un acuerdo básico entre los principales actores, aunque sea tácitamente. Se refería a una conducta común y a límites infranqueables. En tal línea, refundar la gobernanza global es el camino más razonable y rápido. La geopolitización, en cambio, el camino más largo y ripioso.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa

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Grandes catástrofes han desatado grandes acuerdos. Tras la Primera Guerra Mundial hubo varios, como la Liga de las Naciones, Kellog-Briand, Locarno, etc. Tras la Segunda Guerra, la ONU, el FMI, la OTAN y muchos otros. Se trata de una interesante regularidad. Algunas exitosas, otras fracasadas, pero todas muy ambiciosas. Es que las grandes catástrofes ponen de manifiesto los puntos fuertes y débiles de las sociedades. Por eso ya son audibles iniciativas tan diversas como las anteriores. Son momentos de creación, en el decir del notable exsecretario de Estado, Dean Acheson.

En esta línea, algunos proponen reformular de raíz la ONU. Otros, regular la des-globalización. También están quienes discuten un cambio, presuntamente inevitable, en la naturaleza y el sentido de las FFAA. Quizás la riqueza imaginativa siga abriendo más horizontes en los meses venideros. La proliferación de ideas es natural cuando aún no se supera la etapa de schock, máxime ahora cuando se trata de la primera catástrofe mundial en tiempos de paz.

Sin embargo, Covid19 ya permite concluir algo bien sorprendente. Que la naturaleza es algo más desconocida –y por supuesto menos domeñable- de lo que se creía y predecía. Cada vez más obsoletas se ven aquellas famosas Tesis sobre Feuerbach de Engels (especialmente la número once), que da impulso revolucionario a las izquierdas de todo el orbe (aunque muy pocos hayan leído a Engels y desconozcan que ahí anida su eterno disconfort con el mundo y su obsesión por transformarlo).

En este terreno pantanoso que se pisa actualmente, flota la idea de aquello que los científicos denominan «cambio de paradigma». Para unos, nuestra realidad estará moldeada por una fragilidad virológica desconocida hasta ahora. Para manejar esta nueva realidad, se haría imprescindible gestar un Consejo Global de Resiliencia. Pascal Lamy, exdirector general de la OMC, la visualiza. La verdad es que no son pocos los que estiman que Covid19 es sólo un presagio de lo que se viene. Los próximos golpes provendrían de la emergencia climática que vive el planeta, con efectos más devastadores aún. El uso excesivo de recursos globales comunes, como el aire, el agua, la biodiversidad, la silvicultura y otros, nos estarían llevando inexorablemente hacia allá. Para los países intermedios, la gestación de una gobernanza mundial que se plantee la resiliencia de manera integral, estructurada y acorde a las realidades de los Estados parece efectivamente lo más racional.

Otros piensan que sobrevendrá un fortalecimiento de los estados nacionales y un nuevo orden mundial basado en una geopolitización, donde hasta los más pequeños, geográfica y poblacionalmente hablando, tomen medidas en función de su interés propio y entorno inmediato. Las funciones estatales se reforzarán bajo la lógica del resguardo irrestricto de fronteras, unido a un necesario touch de autoritarismo digital junto a la imprescindible vigilancia sobre extranjeros que puedan traer patógenos tan microscópicos como indeseables. Difícil resulta adivinar derroteros. Probablemente, los países que lleguen a la conclusión que pueden geopolitizar su inserción internacional no renunciarán a tal tentación.

La cuestión entonces es, ¿qué puede hacer un país intermedio como Chile? No hay respuesta fácil. Varios temas se entrecruzan y con fuerza.

Primero, la crisis social golpeará nuestra sociedad y mucho dependerá de la opción que se imponga: la populista, la autoritaria o la democrática. La populista es por lejos la más peligrosa, pues se sabe que lo doméstico influye decisivamente en la política exterior. Segundo, una pandemia no tiene las mismas secuelas que una guerra o un tsunami. No hay destrucción de capital físico, pero nadie sabe los costos que tendrá la recuperación, ni qué tan difícil será acceder a un mercado crediticio estresado al máximo a escala mundial. Tercero, las catástrofes naturales de nuestro país enseñan que el punto central es satisfacer las necesidades inmediatas de la población; aquí, el populismo está al acecho. Cuarto, es posible que los flujos turísticos y el descontrol migratorio tan característicos del modelo económico chileno, continúen pese al ataque de Covid19 (es de toda obviedad que ni los migrantes ni los turistas llegan buscando experiencias de tipo telúrico). Eso plantea la duda de cuánta laxitud más es tolerable en estas materias. ¿Qué se hará, por ejemplo, con el creciente interés turístico brasileño por Chile, si aquel país se ha convertido en un verdadero hotspot del maldito virus?.

Ahora bien, una resiliencia global exige un contexto acorde y esa es una cuestión, por ahora, abierta. El peor de los mundos serían las paralizaciones (o bloqueos) de organismos fundamentales. Por cierto que la situación de la OMS es lamentable, pero quizás más dañino sea que el Consejo de Seguridad de la ONU no haya sido capaz de alcanzar consenso para una resolución relativa a Covid19, debido a la beligerancia chino-estadounidense. Algo igualmente dañino ocurrió en el G7, cuando algunos se negaron a hablar del “virus chino” para referirse al Covid19. Se trata de hechos bastante inéditos. En plena Guerra Fría, EE.UU. y la Unión Soviética pudieron convenir un desarrollo relativamente mancomunado de cosas importantes para la humanidad como la vacuna contra la polio y la respuesta al avance del SIDA.

Acheson sostenía que un orden internacional se apoya en un acuerdo básico entre los principales actores, aunque sea tácitamente. Se refería a una conducta común y a límites infranqueables. En tal línea, refundar la gobernanza global es el camino más razonable y rápido. La geopolitización, en cambio, el camino más largo y ripioso.

Si nos adentramos en éste último y, tanto chinos como estadounidenses, hacen uso de todos sus instrumentos de poder e influencia, estrechando el quehacer internacional a un “tomar partido”, el momento de creación achesoniano que se avecina se tornará una verdadera pesadilla.

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