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Publicado el 1 marzo, 2021

Ivan Witker: Mil preguntas en torno al Nobel para Fernández

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Nada impide que Fernández fantasee con el aleteo de una mariposa en esta materia y ruegue por un tsunami a su favor. Quizás se vea efectivamente a sí mismo en la municipalidad de Oslo. Total, los astros a veces se alinean imprevistamente. Como con su equipo favorito, el irrelevante Argentinos Juniors, alcanzando el cielo en los 80. O con él mismo en 2019, cuando una exitosa candidatura presidencial le cayó del cielo.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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Hace algunos días, un grupo de congresistas bolivianos -amigos de Evo Morales- propusieron formalmente al presidente argentino, Alberto Fernández como candidato a Premio Nobel de la Paz 2021. Se trató de un gesto, en apariencias, muy amistoso. Pero también muy sorprendente.

Ni el candidato, ni menos aún la fundamentación, parecen reunir las exigencias básicas para un reconocimiento que, tampoco destaca, digámoslo francamente, por sus altos estándares. Quedan flotando varias dudas. ¿Logrará efectivamente este prohijado de Néstor Kirchner obtener el tercer Premio Nobel de la Paz para Argentina?, ¿qué se teje detrás de esta trama?

El asunto puede ser visto desde varias perspectivas.

En primer lugar, la adjudicación del Nobel de la Paz provoca cada año fuertes controversias. A diferencia del mismo premio en otras áreas, éste es un reconocimiento esencialmente político, lo cual implica no dejar a todos satisfechos. Por lo mismo, el listado de personajes propuestos fluctúa año a año entre lo sobredimensionado y lo risible.

En segundo lugar, la fundamentación, del todo insustancial, pareciera ser una verdadera afrenta a otros mandatarios. En su parte más llamativa, se asegura que Fernández exhibió “una conducta valiente y decidida para salvarle la vida al exmandatario, Evo Morales, a sus colaboradores y a la propia democracia boliviana”. Una visión, a lo menos, oblicua.

Los hechos hablan de algo muy distinto. Quien rescató a Morales de la orfandad total fue el gobierno mexicano. Fue decisión personal de AMLO enviar un Gulfstream de la Fuerza Aérea, sorteando numerosos inconvenientes, para recogerlo y trasladarlo a la capital mexicana; o sea a casi 8000 kms de distancia. Si se acepta la conjetura del peligro vital vivido por Morales, quien lo salvó en realidad fue el mandatario mexicano. Este debió coordinar, además, con el presidente brasileño J. Bolsonaro el sobrevuelo de su territorio, y, con el presidente paraguayo M. Abdo, el aterrizaje del avión en el aeropuerto “Silvio Pettirossi”. Fernández probablemente deseó -soñó- con una operación de rescate, pero adjudicarle protagonismo, adolece, a lo menos, de un claro déficit histórico.

Esta constatación levanta una justa sospecha sobre la trama que se esconde en tan insólita postulación al Nobel, y surgen dos preguntas evidentes. ¿Cuál será el propósito de lanzar una candidatura con cierto ruido internacional sin asegurar un final feliz?, ¿Qué motivos tiene esta maniobra radicada en las vísceras del evismo?

Un halo de luz proviene de los silencios en torno a la postulación. Por ejemplo, del propio gobierno boliviano, aquel encabezado por el supuesto delfín de Evo, Luis Arce. O bien, la falta de apoyo visible de parte de esa enorme red bolivariana y miles de admiradores que Evo dice tener por el mundo. Por ahora, no se observa gran entusiasmo.

Destellos más claros aún provienen de la biografía de algunos de los firmantes de la postulación. Un buen ejemplo es el senador Leonardo Loza, quien se ha referido al expresidente en términos grotescamente sumisos (“mi papito”), mientras que en marzo de 2012, la prensa boliviana consignó uno de sus dichos machistas más impactantes (“yo ofrezco misses cholitas a los ministros del presidente Morales”). Algo similar representa Gualberto Arispe Maita, el enlace personal de Morales con sus cercanos en Bolivia durante su breve exilio en la capital argentina.

Ante este tamaño artificio, surgen otras dudas. ¿Gana algo Morales?. ¿Cuáles serían los motivos para alimentar el ego de Fernández por esta vía?.

Evo no gana literalmente nada, salvo provocar la molestia en el gobierno mexicano. El único objetivo discernible es entonces amarrar a Fernández, aún más de lo que está, con los intereses cubano-bolivarianos. Y es que tras la caída de un gran símbolo K, como era el empresario Lázaro Báez, parecería recomendable asegurar líneas con otras fracciones del oficialismo. La postulación podría ayudar, además, a Fernández a recuperar la pérdida de majestad del cargo que ostenta. También a sostener en algo su propia tesitura política interna frente a esa máquina arrolladora llamada cristinismo. La principal motivación radica entonces en el fuerte aislamiento y crisis en que se encuentran sumidos Maduro y Díaz-Canel, por lo que necesitan un soporte de envergadura, posible sólo a través de un país latinoamericano grande, con el cual deben asegurar puntos confiables de comunicación. En tal línea de razonamiento, el México de AMLO les es inescrutable, mientras que el Brasil de Bolsonaro casi imposible de doblegar.

Una maniobra de este calado necesita adicionalmente fuertes apoyos extra-regionales. El proveedor podría ser la diplomacia noruega. Conocido es su fuerte interés en los intentos de solución de algunos conflictos latinoamericanos. Y también su ferviente simpatía por movimientos indigenistas y, desde luego, por Cuba. Por eso, uno de sus diplomáticos estrella, Dag Nylander, fue pieza clave en el proceso colombiano. Y podría serlo en este caso. Por de pronto, llama la atención la rapidez con que fue aceptada en Oslo la propuesta evista. Cómo no recordar ese gran aforismo de F.D. Roosevelt, en política nada es producto de la casualidad.

Sin embargo, lo más probable es que el premio de este año no recaiga en el mandatario argentino. La razón es clara. Su adjudicación se mueve en definitiva con algunas lógicas y constantes; ninguna de ellas asociable a Fernández.

Guste o no guste, la adjudicación termina reconociendo cualidades bien específicas. A veces de un mediador entre partes en conflicto (casos de Kissinger o del propio canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, ese hábil negociador de la paz en la Guerra del Chaco e incluso del colombiano Santos pese a lo raquítico del proceso de paz con las FARC). Otras veces, se enaltecen cualidades de un facilitador de diálogos (la birmana Aung Suu Kyi, o Mandela y De Klerk, padres de la reconciliación sudafricana). O bien, de arquitectos de propuestas innegablemente propiciadoras de la paz mundial (como el mexicano Alfonso García Robles).

En todo caso, nada impide que Fernández fantasee con el aleteo de una mariposa en esta materia y ruegue por un tsunami a su favor. Quizás se vea efectivamente a sí mismo en la municipalidad de Oslo. Total, los astros a veces se alinean imprevistamente. Como con su equipo favorito, el irrelevante Argentinos Juniors, alcanzando el cielo en los 80. O con él mismo en 2019, cuando una exitosa candidatura presidencial le cayó del cielo.

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