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Publicado el 23 noviembre, 2020

Ivan Witker: Los golpes de Pekín en 2020 y América Latina

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Los logros obtenidos por China este año traerán consigo muchas transformaciones.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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Sir Halford Mackinder, un clásico de la geopolítica, escribe en una de sus obras mayormente referenciadas, El pivote geográfico de la historia, que “el peligro amarillo puede venir simplemente por añadir un frente oceánico a los recursos del gran continente, una ventaja todavía denegada a los rusos”. Difícil resulta no atribuirle elevada asertividad a esta observación. Incluso, podría llegar a suponerse que el líder chino Xi Jingping la tuvo presente para dar forma a los dos objetivos de trascendencia global alcanzados durante 2020.

El primero fue la reciente suscripción de una mega-alianza comercial conocida como Asociación Económica Regional Integral (RCEP, por sus siglas en inglés), donde la articulación de Pekín fue fundamental. El segundo, su indiscutido ascenso a la supremacía naval global alcanzada este año. Y podría añadirse un tercero, como son los muy notables avances espaciales, destacando su actual conquista del planeta Marte.

En cuanto a lo primero, y mirado desde muchos puntos de vista, la suscripción del mayor acuerdo comercial del mundo, el RCEP, representa la apertura a escalas nunca antes vistas del comercio de bienes y servicios, así como un reforzamiento sustantivo de la protección en materias de comercio electrónico y propiedad intelectual. Convergen ahí los países ASEAN y tres potencias tecnológicas de Asia Oriental, China, Japón y Corea del Sur -aparte de Australia y Nueva Zelanda-, englobando parte muy sustantiva de la población, del PIB mundial y del comercio global. No es menor que la diplomacia de Pekín se haya jugado por entero por este acuerdo justo cuando EE.UU. se distanció del TPP. Se aprecia ahí una indudable mirada estratégica. Tiene también un significado emblemático mayor. Ocurre a 30 años del colpaso de la Unión Soviética y cuando ha concluido su mandato el Presidente Donald Trump.

En cuanto al dominio de mares y océanos, Pekín inició este año la construcción acelerada de submarinos de ataque y portaaviones alcanzando la supremacía de naves de guerra de superficie (350 versus 290 de EE.UU.). Es inminente también el desafío a Washington y Moscú en aguas profundas, pues está finalizando la construcción de un mega-astillero en la localidad de Bohai, con capacidad para eventualmente construir hasta cuatro submarinos nucleares de manera simultánea. La China Shipbuilding Industries (CSI), a cargo de la citada obra, muestra cifras sencillamente colosales: 310.000 empleados, 147 institutos de investigación científica y más de 30.000 técnicos. Bohai sintetiza la capacidad monstruosa de producción alcanzada por China continental en materia de armamentos. Los astilleros CSI, por ejemplo, botaron diez destructores pesados en 2019 y dos buques portahelicópteros de asalto anfibio; aparte de estar construyendo simultáneamente dos portaaviones de envergadura (85.000 toneladas) y dos buques de asalto más (de 40.000 toneladas), capaces de transportar aviones de combate. Cabe recordar, además, que, desde hace algunos años, Pekín viene desarrollando capacidades tácticas de lo que se denomina negación de área, para impedir el paso de navíos estadounidenses en sus cercanías.

Y como si esto fuera poco, han planificado -con una buena dosis de espectacularidad- llegar al campo gravitacional de Marte en febrero y aterrizar con un rover en su superficie en mayo. Tianwen-1 es la primera misión independiente de China a Marte, aquel planeta portador del nombre del dios romano de la guerra y que fuera objeto de deseo durante la Guerra Fría. Imposible mayor simbolismo.

Luego, otro golpe de significación global ocurrió este mes al lanzar la bolsa de Shanghai un contrato de futuro de cobre en yuanes. Se trata de un paso crucial hacia la internacionalización de su moneda. Algo que Xi busca incesantemente desde que tomó el poder.

Estos avances chinos, con tanto impacto geopolítico, obligan a tener en consideración la advertencia que le hiciera Lee Kwan Yew, ese gran político fundador de Singapur, a su amigo y compañero de tertulias Henry Kissinger: “los chinos te fascinan cuando quieren fascinarte y te estrujan cuando quieren estrujarte, y lo hacen de manera sistemática”. El exsecretario de Estado admitió que sus últimas conversaciones con el entonces Presidente singaporense, lo hicieron matizar ciertos aspectos de su libro On China y lo obligaron a insistir que Pekín no está interesado en impregnar de valores a la política mundial.

Sin embargo, estas advertencias podrían inducir erróneamente a darle la espalda a China continental. En realidad, como bien apunta Helmut Schmidt (el otro contertulio de Kissinger y Lee), constituye un deber de las elites mundiales tratar de entender a China continental en todas sus dimensiones y complejidades. Los tres coincidían en calificar este ejercicio intelectual como vital para lo que llamaban global literacy.

Esta línea de razonamiento pasa por asumir tres evidencias, muy difíciles de digerir. Uno, Pekín no se va a convertir al liberalismo. Dos, Pekín no va a asumir las abstracciones racionalistas propias de Occidente. Tres, Pekín está desarrollando un capitalismo de Estado, basado en un modelo tecno-autoritario.

Puestas en frío, se trata de desafíos enormes, especialmente en el plano de las ideas. China continental, en realidad, fue siempre temible para Occidente, básicamente por su peso poblacional (tiene más habitantes que la Unión Europea y los Estados Unidos juntos), pero sólo recién lo es en lo militar, en lo económico, en lo tecnológico y en el reto a Occidente, como ejemplo político. El modelo capitalista tecno-autoritario llama la atención a segmentos muchos más amplios de lo que se supone, especialmente en los países con desarrollo atrasado.

Es tal el avance del Reino del Medio en todos aquellos ámbitos, que los desafíos parecen ineludibles. Por cierto que ya se divisan algunos países latinoamericanos que apuestan por Pekín, viéndolo como una gran oportunidad comercial. Otros niegan o minimizan la existencia de algún dilema. No sería extraño que la región termine con una multitud de enclaves semicoloniales. Una perspectiva no muy benigna ni muy distinta a lo que viene haciendo en Asia y en África, y a una velocidad sorprendente. Desde luego que también habrá más de alguno, que goce siendo su patio trasero.

Sería lamentable no tener presente las advertencias de Lee Kwan Yew y no asumir que los logros obtenidos por Pekín en 2020 traerán consigo muchas transformaciones. La pregunta en el fuero más íntimo es, ¿cuál será el lugar de Chile en esta nueva configuración?

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