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Publicado el 17 de mayo, 2019

Ivan Witker: Los efectos (in) deseados de la Ley Helms-Burton

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

La gran duda entre quienes siguen los temas cubanos es si la aplicación de esta ley tendrá o no efectos en la isla, y cuáles. Al parecer, el régimen ha entrado a un estado de alta volatilidad tanto hacia el exterior como en el interior, al estilo de la Europa del Este en 1989.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central
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Antes de firmar la activación del Título III de la ley Helms-Burton, el Presidente Donald Trump iba derecho a convertirse en lo que Mao llamaba un “tigre de papel”. Muchos rugidos sin voluntad de clavar colmillos. Ergo, baja capacidad intimidatoria real. Por ello, la gran duda entre quienes siguen los temas cubanos es si la aplicación de esta ley tendrá o no efectos en la isla, y cuáles. De ahí el interés en examinar algunos de los que se divisan.

Primero, el sólo anuncio de su entrada en vigor ha desatado una crisis alimentaria que habla a favor de consecuencias devastadoras sobre aquella arcadia revolucionaria, que tantos sueños y pesadillas ha provocado en América Latina (y otros lugares del planeta) desde 1959. Se trata de un rubro del cual el consumo cubano (siempre modestísimo y poco variado) depende en gran medida del exterior. La pregunta que no tiene respuesta es si, en esta oportunidad, la población cubana aceptará ser sometida a tribulaciones iguales o peores que las sufridas en los 90 durante el llamado período especial. Diversos estudios y versiones de quienes conocen de cerca la realidad cubana coinciden que, en aquellos años, el colapso definitivo estuvo muy cerca y que la tabla de salvación del régimen fue la providencial llegada al poder de Chávez en Venezuela. Oficialmente se admite que la economía se contrajo 33% en un lapso de 5 años. Todo indica que la dirigencia cubana está apostando ahora a que el know how adquirido en materia de condiciones extremas soporte hasta que aparezca otro benefactor.

El gobierno de AMLO en México bien podría convertirse en el nuevo suministrador de petróleo.

Segundo, llama la atención en esta encrucijada lo reiterativo de aquella gran curiosidad argumentativa desplegada durante décadas por el régimen en orden a lo funesto que habría sido el bloqueo imperialistadesde 1959 en adelante. Es algo sumamente curioso, pues la principal justificación histórica de la revolución se ha basado en tres supuestos: el deseo de alejarse de EE.UU., de buscar un ambiente externo distanciado del capitalismo y las bondades que tendría el famoso apotegma de Marx, “a cada quien según sus capacidades, a cada quien según sus necesidades” (Crítica al Programa de Gotha). Cada uno de los mesiánicos discursos de Fidel ante masas enardecidas durante los años 60, ante la OLAS, la OSPAAAL y en muchos otros lugares, da fe del festejo respecto a la liberación del yugo imperialista. De hecho, el slogan revolucionario clásico ha sido: “Cuba, territorio libre de América”. Parafraseando a Kundera, para la dirigencia cubana, la isla se habría encontrado secuestrada por el imperialismo hasta el advenimiento de la revolución. Pese a ser del todo incongruente atribuir a EE.UU. un ápice de influencia en el lóbrego estado de la economía cubana, es posible que ahora asistamos a una nueva ofensiva respecto a lo icónico de su “resistencia soberana”. Sin embargo, está por verse qué tan persuasivo logrará ser ahora Raúl Castro ante los países latinoamericanos, Canadá y España, principales destinatarios de este reiterativo argumento.

Es un hecho que no pasa inadvertido para La Habana que –pese a la locuacidad del régimen- nunca se han visto realmente los efectos de esta ley.

Tercero, el gobierno de AMLO en México bien podría convertirse en el nuevo suministrador de petróleo, pero difícilmente vaya a ser un benefactor integral como lo fueron por décadas la URSS y demás países del bloque y luego Venezuela. El eventual suministro de petróleo mexicano a Cuba, en el actual contexto, difícilmente vaya a ir a contrapelo de la administración Trump. No debe pasarse por alto que la situación de AMLO, vista en el contexto internacional, no ofrece grandes espacios de maniobra y él mismo ha señalado que su prioridad absoluta son los asuntos domésticos.

Finalmente, es un hecho que no pasa inadvertido para La Habana que –pese a la locuacidad del régimen- nunca se han visto realmente los efectos de esta ley. Recordemos que fue firmada por el Presidente Clinton de manera muy incómoda el último día de su mandato, ya que él y su sucesor George Bush preferían el status quo, pues en aquellos años, inmediatamente posteriores a la implosión soviética, se temía que ocasionase una estampida descontrolada de personas hacia la Florida. Está por verse cómo reaccionaría la opinión pública estadounidense ahora frente a una eventual re-edición de las estampidas bajo supervisión, como fueron las de Camarioca (1965), Mariel (1980) y la de los Balseros (1994).

En síntesis, el régimen cubano ha entrado a un estado de alta exposición, que los economistas suelen llamar high beta (altísima volatilidad). En esta lógica, los efectos de la ley Helms Burton corresponderían a un shock externo. Aunque viendo el panorama con detenimiento, la isla también parece fuertemente expuesta a un shock interno, al estilo Europa del Este en 1989. En breve veremos si los rugidos del tigre llevan consigo o no capacidad real de clavar colmillos.

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