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Publicado el 30 de agosto, 2019

Ivan Witker: Las liturgias ancestrales del eterno Evo

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

Morales ha producido una rara atmósfera que combina cierto orgullo de inclusividad indígena con un creciente descontento. La secuela de escándalos, y la percepción de corrupción, han empañado sus éxitos sociales y su evidente control macroeconómico, amenazando echar por tierra su otrora imagen de político incombustible. 

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central
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Luego de trece años en el Palacio Quemado, los días de Evo Morales se ponen en juego las próximas semanas. Las encuestas, si bien lo muestran como vencedor, también indican que si no logra imponerse en la primera ronda, las cosas se le ponen cuesta arriba. Para evitar el balotaje necesita obtener 40% y alcanzar una diferencia de diez puntos sobre el segundo. Ambiente incierto, Morales ha producido una rara atmósfera que combina cierto orgullo de inclusividad indígena con un creciente descontento.

Una de las cosas que más molestia generó fue la aprobación del Tribunal Supremo Electoral (TSE) a una cuarta candidatura, ya que en 2016 sometió a referéndum su intención de modificar la Constitución para ampliar el número de reelecciones consecutivas. El 51% lo rechazó y Morales apeló. Entonces, el TSE dio luz verde con unafundamentación insólita: “la voz de la ciudadanía vulnera los Derechos Humanos del presidente”.

Esto eliminó toda duda. Al igual que para otros próceres del Socialismo del Siglo 21, cualquier argucia es válida a la hora de buscar perpetuarse en el poder. La secuela de escándalos, y la percepción de corrupción, han empañado sus éxitos sociales y su evidente control macroeconómico, amenazando echar por tierra su otrora imagen de político incombustible.

El más grave fue aquel ocurrido en 2016, cuando medios de prensa lo vincularon sentimentalmente a Gabriela Zapata, una joven y seductora lobbista de la empresa china CAMC Engineering. El gobierno, sumido en estado de shock, reaccionó de manera confusa, sin atinar a aclarar porqué existían fotos de ambos en situaciones sociales. Aunque se descartó la existencia de un hijo en común, el entonces poderoso ministro J.R. Quintana admitió que “hubo un grado de conocimiento mutuo”. Anteriormente, en 2012, otra defensa errática dejó en el aire los escandalosos cánticos misóginos que el mandatario brindó a sus propias ministras («Este Presidente de buen corazón, a todas las ministras les quita el calzón», “Estas bertolinas tienen mucha fama, porque yo las llevo directo a la cama”).

Más recientemente, en 2018, vivió otras dos situaciones difíciles. Por un lado, se destapó una acusación de coimas de la brasileña Camargo Correa a varios funcionarios para adjudicarse la licitación de una autopista. Por otro, arreciaron las críticas a la construcción de un descomunal edificio de 120 metros de altura, contiguo al Palacio Quemado, llamado por sus partidarios La Casa Grande del Pueblo y por sus detractores El Palacio de Evo. El ambiente negativo lo llevó a anular la ceremonia de inauguración. La verdad es que, si se considera su costo, US$ 34 millones, y su aspecto externo, la mole resulta algo suntuosa para la realidad social del país, a la vez que rompe con la línea urbanística de la zona patrimonial en que se encuentra emplazada. Además, críticas suscitó en el extranjero la reducción de la edad laboral a 10 años, con lo de facto se legalizó el trabajo infantil. Finalmente, como emblema del despilfarro e hiperpersonalismo se cataloga al museo que se levantó a sí mismo en Orinoca, una localidad cercana a su lugar de nacimiento y cuya construcción demandó US$ 7 millones, según cifras oficiales.

En tanto, vastos sectores del país han expresado disconformidad ante la exagerada presencia foránea en la administración evista. Especialmente del think tank del partido español Podemos, llamado Estudios Políticos y Sociales de Valencia al que se le atribuye la idea de crear el estado plurinacional. En ambientes militares también hay molestia por la cercanía cultivada con Irán y Cuba.

Pese a todo esto, una derrota en el balotaje resulta difícil de imaginar. Si se diera tal escenario, tendríamos un verdadero terremoto. Primero, porque el hermano Evo se convirtió en una suerte de sherezade de la nueva izquierda latinoamericana, capaz de relatar mil historias, combinando quimeras dispares, como un discurso anti estadounidense, ejecución de liturgias indígenas hechas a medida del sentimiento de culpa europeo, adhesión al Socialismo del Siglo 21 y nacionalizaciones masivas. Todo, sin provocar descalabros mayores. Segundo, porque el manejo relativamente exitoso en materia de conflictividad social se iría al tacho. Evo logró controlar protestas autonomistas en 2008, marchas indigenistas y ecologistas en 2010 e incluso motines policiales en 2011, sin terminar en baños de sangre; algo usual en la historia boliviana y parte de la cotidianeidad en regímenes similares.

En definitiva, el calibre de sus éxitos y de sus escándalos son de tal envergadura, que los recuerdos de los anteriores mandatarios resultan remotos y lo más probable es que el Movimiento al Socialismo (MAS) siga siendo la fuerza más votada. Sin embargo, la crispación electoral deja la sensación de que la polarización se ha apoderado del país y que impregnará el próximo período.

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