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Publicado el 02 de marzo, 2020

Ivan Witker: Lacalle Pou, tan lejos del ALBA, tan cerca de la democracia

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

La no invitación a los presidentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela a la transmisión del mando constituye la señal más clara de lo que se viene en materia externa con la nueva administración uruguaya. El Presidente Luis Alberto Lacalle Pou manifiesta así un compromiso claro con los principios democráticos. Sin titubeos ni expresiones alambicadas (…). En suma, los desafíos del recambio político y generacional en Uruguay son múltiples. Sin embargo, Lacalle es un avezado político del Partido Blanco, curtido en batallas electorales, y nacido en gran cuna política.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa

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La no invitación a los presidentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela a la transmisión del mando constituye la señal más clara de lo que se viene en materia externa con la nueva administración uruguaya. El Presidente Luis Alberto Lacalle Pou manifiesta así un compromiso claro con los principios democráticos. Sin titubeos ni expresiones alambicadas.

“Esto no es la cancillería, esto no es protocolo, es una decisión personal”, dijo el nuevo mandatario. Difícil encontrar un talante presidencialista y un compromiso tan fuerte entre jefes de Estado latinoamericanos hoy en día. Lacalle demostró que su decisión como presidente es mandar y hacer prevalecer la convicción democrática.

Su gesto ocurre en el momento exacto. En las últimas décadas se observa cómo una cierta devoción por las formas liberales ha convertido las ceremonias de transmisión en festividades algo grotescas, llenas de abrazos entre personajes fosilizados y emergentes. Eso explica que Fidel Castro haya vivido una especie de revival protocolar durante los 90, siendo invitado a varias de estas ceremonias. De ahí la importancia de la decisión de Lacalle Pou. Pone sobre la mesa dos temas no menores, ¿es obligatorio que un demócrata invite y otorgue abrazos protervos a quien se sitúa en las antípodas políticas?, ¿qué razones existirían para hacer partícipe de estas ceremonias a quienes no creen en la democracia representativa?

Parece necesario recordar que la transmisión del mando es la ceremonia más excelsa de una democracia. En ella se rinde homenaje al resultado de elecciones libres, secretas e informadas. Es el reconocimiento formal que los cargos de mandato popular tienen un límite y que el reemplazo de los líderes políticos es algo intrínseco. Aquellas eternidades en el poder de Daniel Ortega (15 años, más 5 previamente), Chávez (14 años), Maduro (6 años), y no digamos Fidel Castro (49 años en el poder), no se condicen con la naturaleza de una transmisión del mando. Así de sencillo.

Esto no significa que Lacalle Pou esté pensando en una necesaria ruptura de relaciones diplomáticas. Su equipo tuvo especial deferencia para con los embajadores de los tres países mencionados, convidándolos en atención al reconocimiento diplomático existente.

¿Qué pasará de ahora en adelante con estos tres países? Difícil saberlo.

Cuba, por ejemplo, necesita la leche y los granos exportados por Uruguay. Por eso, Lacalle Pou propuso durante su campaña negociar un tratado de libre comercio con La Habana. Ello pondría sobre la mesa de manera transparente qué se puede comerciar entre los dos países y concordar reglas duraderas. Por el contrario, la situación con Nicaragua sugiere un curso distinto. Los intercambios son muy bajos y los temas comunes tan intrascendentes, que poco sentido tiene mantener embajadores residentes. 

Sin embargo, la situación con Venezuela tiene más vericuetos. Uruguay suscribe lo que algunos dicen abiertamente, y otros sottovoce, en el sentido que allí se violan los derechos humanos de manera sistemática. Y han asumido que es imposible implorar al cielo para detener el drama humanitario desatado por Chávez y Maduro. Acciones terrenales son imprescindibles.

Ante estos hechos, tan indefendibles como evidentes, el saliente gobierno del Frente Amplio propuso, junto a México, hace ya más de un año, la formación del llamado Mecanismo de Montevideo, con el fin de alcanzar la paz y concordia interna. La cancillería uruguaya desagregó su iniciativa en cuatro puntos: Diálogo Inmediato, Negociación Política, Compromisos e Implementación. Parecía algo interesante.

Lamentablemente, falló. El Frente Amplio no comprendió que México perdió las grandes habilidades diplomáticas de antaño. Vistas así las cosas, el desafío de Lacalle Pou ahora es transformar aquel Mecanismo en un instrumento efectivo. Para ello, necesita sintonía fina con el Brasil de Bolsonaro y buscar apoyo entre los pragmáticos del gobierno argentino. Sin embargo, esto se traslapa con la candidatura del uruguayo Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA, cuyo enfrentamiento con Maduro es más que ostensible.

Aparte de todo lo señalado, la nueva administración uruguaya tiene otros dos desafíos externos relevantes.

Uno: la liberalización de Mercosur, la cual debería conllevar la firma de un TLC con la Unión Europea. Aquí el escollo más importante es Argentina, cuyo gobierno no logra afinar una postura definitiva. Lacalle Pou pareciera asumir que, aún cuando un Mercosur sin Argentina es perfectamente viable, por razones más bien estéticas sí debería estar integrado a la pieza. Pero parece obvio que el aggiornamiento de Mercosur demandará intenso trabajo de coordinación con la cancillería brasileña. Los K son hueso duro de roer.

Dos: la relación bilateral con Argentina. Esta es históricamente fundamental, pero a la vez muy compleja. Numerosos lapsus presidenciales lo ilustran (Jorge Battle: “los argentinos son una manga de ladrones”, 2002; Mujica: “esta vieja es peor que el tuerto”, 2013). El mayor resquemor en Buenos Aires es la implementación de la idea de “abrir las fronteras fiscales uruguayas a inversionistas extranjeros”. Ello bien podría generar una estampida peligrosa. Y algo menor pero espinoso, es la poco probable reversión de la autorización dada por el Frente Amplio para que aviones militares británicos carguen combustible en Uruguay rumbo a Puerto Stanley.

En suma, los desafíos del recambio político y generacional en Uruguay son múltiples. Sin embargo, Lacalle es un avezado político del Partido Blanco, curtido en batallas electorales, y nacido en gran cuna política. Su padre es el exPresidente, Luis Alberto Lacalle (1990-1995), mientras que por el lado materno procede de un linaje político que engarza nada menos que con el virrey de La Plata, Joaquín del Pino (1801-1804).

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