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Publicado el 09 de agosto, 2020

Ivan Witker: La (in)discreta fascinación de Podemos por América Latina

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Los sectores más ideologizados del partido de Pablo Iglesias ven en los procesos electorales que se avecinan en América Latina una buena oportunidad para no dejar escapar los sueños y fantasías que los han motivado desde aparecieron en la vida política en enero de 2014.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa

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Varios procesos políticos latinoamericanos forman parte, y desde hace ya varios años, del paisaje interno de Podemos. Incluso, en los próximos meses, ello podría incrementarse. No sólo debido a la tensa y compleja situación que vive en estos momentos aquel conglomerado del flanco extremo de la izquierda española. También por la evidente constatación que Podemos ha sentido permanentemente, durante su breve pero intensa vida, una atracción algo lasciva por América Latina.

En efecto, Podemos vive un convulso tira y afloja de tipo existencial. Es la incertidumbre que significa su acceso a posiciones de gobierno lo que ha llevado a sectores internos a levantar su voz. Su espíritu contestatario estaría en peligro. Por eso mismo, para estar prevenidos, habría que parapetarse en lo ideológico. Y como su propia experiencia se los indica, la siempre exuberante política latinoamericana podría ser un buen refugio para mantener vivo ese fuego del inconformismo.

Todos en el partido, incluyendo los sectores más ideologizados, admiten que Pablo Iglesias (al centro en la foto) y su entorno son hábiles en lo mediático, grandes buscavidas y capaces de transformar derrotas en triunfos. Pese a ello, no ocultan su distancia de una alianza de gobierno con el PSOE. Temen que los costos de este camino hacia la Realpolitik se terminen pagando demasiado caro. El intempestivo auto-destierro del rey Juan Carlos, por ejemplo, sería una clara señal de alerta. Muy molesto quedó Podemos con este singular episodio del monarca. Ni Iglesias ni nadie fueron informados por el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En tal ambiente, los sectores más ideologizados ven en los procesos electorales que se avecinan en América Latina una buena oportunidad para no dejar escapar los sueños y fantasías que los han motivado desde que aparecieron en la vida política en enero de 2014.

Por de pronto, disponen de una aceitada red de tres ONGs: Neurona Consulting, el Instituto 25 de Mayo para la Democracia (25M) y el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS). Todas realizan un trabajo soterrado, aunque extraordinariamente bien remunerado, con socios latinoamericanos desde antes del 2014. Las tres han conseguido que Podemos sea visto con ojos maravillados y reverenciales por sus admiradores de este lado del charco.

Ahora bien, fueron los Panamá Papers los primeros en ofrecer detalles del trasfondo. Develaron asesorías a Chavez y Maduro, pagadas por cierto con gruesas sumas (de dólares, se entiende). Luego, vinieron las denuncias del gobierno boliviano de Jeanine Añez, en orden a que Neurona cobraba a precios exorbitantes sus neblinosas prestaciones a Evo Morales. Campañas electorales, coaching a candidatos, análisis nacionales e internacionales y recomendaciones comunicacionales formaban parte del menú, que Morales pagaba aparentemente sin chistar. Neurona fue capaz incluso de tocar el nervio íntimo de sus socios evistas. Habría ideado y ejecutado la campaña Mar para Bolivia, desarrollada durante el juicio en La Haya.

Poco a poco, la prensa española y mexicana se ha estado haciendo eco de las actividades de Neurona en esta región. Hay indicios que fue fundado en México por César Hernández Paredes (aunque existe un símil en Sevilla), siendo el hombre fuerte en todo caso el co-fundador de Podemos, Juan Carlos Monedero (a la izquierda en la foto). Ese mismo que hoy surge como el gran contradictor de Iglesias. También ha trascendido que el segundo a bordo sería un argentino, de muy bajo perfil, llamado Pablo Gentili, ex asesor del PT brasileño y de Rafael Correa en Ecuador. Sobre el Instituto 25-M, en tanto, existe menos información pública, aunque se sabe que también la dirige el omnipresente Monederos. Y sobre el CEPS hay información dispersa, que da cuenta de su fundación en los 90 y del trabajo intelectual orientado a procesos políticos latinoamericanos, especialmente el chavismo/madurismo.

Ahora bien, ¿qué pasa en el debate interno? Monederos no yerra al tomar distancia del curso elegido por Iglesias. Parece saber que, de estas crisis existenciales, los conglomerados tan heterogéneos como Podemos rara vez salen indemnes. Sabe de la inevitable colisión entre aquello soñado y la realidad. La verdad es que estos grupos tienden a conducirse siguiendo quimeras y como tratando de escapar de aquello visualizado por Max Weber en su Politik als Beruf (1919). En primer lugar, no se sienten un partido convencional, sino que se llaman a sí mismos movimientalidades y, en segundo lugar, no aspiran a ejercer el poder, sino a habitar espacios de poder (como suelen designar su actividad). En buen romance, lo primero es preferencia por la transitoriedad y, lo segundo, una suerte de parasitismo -por supuesto inconfesable- respecto al capitalismo.

Monederos pareciera interesado en tratar de evitar este quiebre ineludible entre los que asumen las tareas gubernativas con cierta responsabilidad y los que se mantienen firmes junto al principismo ideológico. Su propuesta es transformar a Podemos en un ente bicéfalo, que impida perder la condición de movimientalidad. Esta transformación, sobre la que no hay literatura respecto a su aplicación práctica, permitiría combinar ambas almas.

Sin embargo, la experiencia política suele ser poco amistosa con estos esquemas ajenos al realismo. Casi por regla, la clave carlyliana, donde la fortaleza y habilidad de quienes lideran las pulsiones (los hombres fuertes), es la que termina imponiéndose. Y no se divisan razones para pensar que esta variable no aplique a los grupos contestatarios. Ejemplos hay y muy instructivos.

Junto al caso griego de Syriza (acrónimo de Coalición de la Izquierda Radical, sociológicamente muy parecido a Podemos), interesante es lo ocurrido con los Verdes en Alemania occidental en el lapso 1985-2000. Estos fueron los primeros en avanzar desde la marginalidad a las entrañas del poder. Primero llegaron al Landtag de Hesse y luego al Bundestag. Fueron los primeros en desafiar los convencionalismos; cambiaron el lenguaje no verbal de la política. Llegaron vistiendo jeans, zapatillas y sin corbata (opciones no necesariamente low cost). Su figura emblemática fue Joschka Fischer. En ellos se observó por primera vez la pugna existencialista entre realistas (Realos) y fundamentalistas (Fundis). En su caso, los detonantes fueron dos temas axiales, ¿qué tanto compromiso con la economía de mercado podían asumir los Verdes? y ¿apoyarían o no la intervención militar alemana en Bosnia-Herzogovina? El dramatismo se apoderó de la dirigencia y la militancia, ocurriendo lo inevitable. El Realo Joschka Fischer captó aquella idea weberiana de que en política el romanticismo camina hacia el vacío y sin ningún sentido de la responsabilidad de las cosas. Llegó a ser vicecanciller del socialdemócrata Gerhard Schröder. Por su lado, Alexis Tsipras siguió un camino algo más tortuoso, pero parecido en lo medular, y arribó al cargo de Premier en Grecia entre 2015 y 2019.

En el caso de Podemos se divisa un agravante. Su acuerdo con Sánchez es producto de un trato forzado para sortear la situación creada por un resultado electoral demasiado estrecho. Por añadidura, los recientes fracasos electorales a nivel autonómico fueron estrepitosos; desapareció del parlamento gallego y redujo a la mitad sus escaños en el vasco. Pocos han reparado que en las últimas cuatro elecciones se ha presentado con otro nombre. El desgaste de la marca es más que evidente.

La posición de Monederos tiene sustento además en el hecho que en todos en los partidos de izquierda, el tema ideológico es el esencial. El caso más categórico ocurrió en la URSS de los años 60, cuando Jrushov fue derrocado por la tríada Brezhnev, Kosygin y Podgorny, donde el primero asumió como Secretario General del PCUS, el segundo como Primer Ministro y el tercero como Presidente del Soviet Supremo. Como en estos regímenes el parlamento sólo cumple fines decorativos, la disputa se dio entre los dos primeros y ocurrió que Kosygin viajó a EEUU en 1967 a la cumbre de Glassboro, donde firmó una serie de acuerdos, avanzando incluso criterios para finalizar la guerra de Vietnam. A su retorno, Brezhnev lo llamó al orden recordándole que el poder reside allí donde se cautela la ideología; es decir, en el partido. De paso, le transmitió este pequeño dato a la entrante Administración Nixon. Las futuras cumbres serían con él. Sabrosos detalles de esto cuenta Anatoly Dobrynin (embajador soviético en Washington por décadas) en sus memorias.

Sintetizando, América Latina es parte de las convicciones más íntimas de Podemos y sus próximos procesos electorales serán escrutados por Monederos y su red de think tanks. Nada más estimulante que apoyar a amigos consecuentes con lo contestatario.

Sin embargo, hay algo de fatalidad schakespeariana en estos grupos. Llevan dentro de sí el germen de su propia destrucción, que no es más que esa intelectualidad crítica que tanto aprecian. Esta termina cuestionando todo y de manera permanente. Es el fantasma del trotskismo con su endémica tendencia a la fragmentación.

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