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Publicado el 8 febrero, 2021

Ivan Witker: Guyana, ¿actor clave en la estrategia anti-Maduro o simple objeto de envidia?

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

La zona conocida como el Esequibo sufrió una transformación definitiva el 2015, al hallarse grandes cantidades de petróleo. Dejó así de ser una simple pretensión territorial.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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Con sus 215 mil kms2 de superficie, esta pequeña posesión colonial británica -hoy integrante de la Commonwealth– parece estar instalándose como pieza fundamental del esfuerzo por contener ese avispero llamado Maduro. Sea cual sea la estrategia a seguir frente al tiranuelo -mayor presión diplomática o agudización de las tensiones-, Guyana está surgiendo como un gran pivote en la tarea de abordar el desafío madurista a raíz de un contencioso con reminiscencias coloniales.

Bastan tres pasos para concluir la centralidad adquirida por Guyana. Tener un breve sentido de la geografía (para Mackinder, “un mapa transmite de un solo vistazo toda una serie de generalizaciones fundamentales”); luego, hacer un repaso a la historia de ese desconocido espacio sudamericano y finalmente observar el movimiento de los protagonistas.

Al seguir tales pasos, surge la razonable duda de cómo esta litis no emergió antes a la superficie, pese a albergar todos los componentes de un conflicto fronterizo grave. Ilustra, además, uno de los grandes axiomas de las relaciones internacionales, la realidad rectora de estas es más limitada y áspera que la de los asuntos domésticos.

Un primer asunto llamativo es el estado larvario infrecuentemente largo en que permaneció. Impresiona cómo, pese a su envergadura geopolítica, nunca provocó esas tensiones fronterizas normales. Es decir, con enfrentamientos armados cíclicos, sangrientos o aislados, así como con narrativas fluctuantes entre la ferocidad abierta y la animadversión subyacente. Por eso, ninguno de los dos países vivió hasta ahora con ese temor paranoico a una invasión del otro. Se trató más bien de un conflicto sin desasosiegos. Eso lo convierte en algo muy único.

Otro asunto bastante excepcional está constituido por esos 700 kms de frontera, suficientemente inhóspitos como para atemperar cualquier ánimo aventurero. Además, sabido es que las sociedades evolucionan, lo cual obstaculiza de alguna manera la movilización irracional de soldados. Ello ha inhibido operaciones excéntricas, como la del boliviano Mariano Melgarejo, quien ordenó una invasión terrestre a Francia, y los llamados a inmolaciones absurdas, tipo Malvinas. El conflicto Guyana/Venezuela se mantuvo constreñido durante décadas por tales realidades, que hicieron de la zona en disputa una especie de submundo no eclipsado por el hombre, tal cual describía Boris Pasternak en su Doctor Zhivago esos infinitos espacios siberianos (donde el régimen comunista emplazó sus gulags).

Consciente de esto, y producto de la relativa prosperidad de antaño, la antigua elite venezolana prefirió mantener una retórica nacionalista acotada, dejando de lado las acciones reivindicativas de mayor calibre. Así fue hasta ahora.

La elite madurista, por el contrario, ha hecho de la retórica guerrerista uno de sus bienes más preciados. Por eso insiste en enfatizar lo contradictorio de las diversas versiones sobre el origen del diferendo.

La divergencia señalada se remite a tiempos de la Colonia. Ahí surgieron interpretaciones disímiles acerca de la titularidad soberana de unos 160 mil kms2, denominados Esequibo. Y si bien todos parten de la base que en el siglo 18 los Países Bajos cedieron a la corona británica sus derechos sobre espacios donde posteriormente surgieron Guyana, Surinam y territorios adyacentes venezolanos, las opiniones contradictorias aparecen a propósito de las escasas e imprecisas demarcaciones. Aparentemente, éstas permitieron el traslape con zonas de la entonces Capitanía General, y derivaron en tratativas nebulosas, así como en la imposibilidad de ejercer soberanía efectiva. Sin embargo, la divergencia mayor radica en algo extremadamente inusual. La superficie reclamada por una de las partes abarca casi dos tercios de la del otro. Esto refuerza la hipótesis de un conflicto verdaderamente excepcional.

Luego aparece la clave definitiva, el trasfondo geopolítico del conflicto. Este se hace evidente hacia 2015, cuando la Exxon anunció el hallazgo en el Esequibo (e incluso mar afuera) de grandes cantidades de petróleo. Aquel año se confirmó, además, que empresas estadounidenses y europeas ya estaban allí, explotando oro, diamantes, uranio y manganeso en gran escala. Por lo tanto, el Esequibo sufrió una transformación definitiva aquel año 2015. Dejó de ser una simple pretensión territorial. La presencia de la Exxon, en 3 grandes bloques productivos de crudo, obligó a re-calcular el equilibrio de poder sobre la totalidad de aquel espacio. Las categorías geopolíticas adquirieron abrupta relevancia.

No en vano, Maduro fue afilando su retórica y su conducta. A fines de 2020, emitió un decreto llamado “Territorio de Desarrollo de la Fachada Atlántica” y acrecentó su presencia militar en la frontera. Hace escasas semanas dio otro golpe, al capturar dos buques pesqueros y apresar sus respectivas tripulaciones. Estos últimos actos fueron las más recientes de sus consabidas rabietas. Esta vez, con un toque distinto. Fueron de naturaleza topofílica, adheridas a la sensación de seguridad que le otorga el apoyo cubano e iraní. Para hacerla aún más creíble, el ministro Vladimir Padrino hizo alardes de haber interesado a los rusos en el futuro del Esequibo.

La verdad es que la respuesta no se hizo esperar. Marcando con claridad un antes y un después en la historia de este conflicto, llegó a Guyana el almirante Craig Fuller, comandante en jefe del Comando Sur. Buques estadounidenses realizaron maniobras militares, y, al finalizar la visita, se firmó un acuerdo de apoyo militar del Comando Sur. Se instaló así en este conflicto, el componente estratégico.

Casi en paralelo, se conoció que la compañía Schlumberger (la más grande proveedora de servicios petroleros del mundo) decidió establecer su base regional en Guyana tras 3 años de operaciones en el país. Se trata de una decisión imposible de ejecutar si no cuenta con algunas certezas operativas básicas.

La transformación minera de Guyana parece entonces definitiva. Se obliga así a presumir que, mirado desde el punto de vista geopolítico, la opción de mantener por décadas al Esequibo como conflicto con carácter larvario terminó internacionalizándolo. Mirado desde el punto de vista de la administración chavista/madurista de PdVSA, el despegue guyanés sólo puede ser motivo de envidia.

La Corte Internacional de Justicia probablemente emitirá muy pronto un fallo sobre este contencioso (producto de una demanda unilateral guyanesa sobre la validez de un laudo arbitral de 1899), pese a que Maduro le niega competencia en la materia. Como sea, el endurecimiento de las posturas, y el despegue petrolero de Guyana, parecieran haber puesto a ambos países en rumbo de colisión.

  1. Sergio Menares dice:

    Todo lo que sea ´´madurista´´ nos causa asco. Esto es porque el socialista marxista de Maduro atropella , viola y se burla de lo que mas apreciamos los demócratas del mundo : la DEMOCRACIA. Entonces al saber que Guyana ahora es protegida por EEUU, nos causa cierta tranquilidad que el demencial Maduro no intentará ninguna aventura de invasion al territorio de Guyana. Si así lo hiciera, USA tendria motivos para defender con las armas a Guyana y aprovecharia la oprtunidad de sacar a Maduro y mandar todos los comunistas para Cuba, retornando una verdadera Democracia plena a Venezuela.Lo cual sería fantastico ….

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