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Publicado el 06 de abril, 2020

Ivan Witker: Gotículas devastadoras. ¿Quién cae primero en la región?

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

El Covid19 fue un balde de agua fría para todos los países catalogados de grandes destinos turísticos, pero actúa de manera particularmente letal en el caso cubano.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa

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Entre los economistas existe consenso que una de las industrias más damnificadas con el coronavirus es la del turismo. Con preocupación toman nota de aquello los países cuyo PIB se forma en gran medida con el flujo de visitantes. Si la amenaza en el largo plazo es que incluso países centrales colapsen, más corrosivo se hace el temor en algunos de América Latina y el Caribe, donde el turismo es muy importante, o definitivamente una cuestión de vida o muerte.

Si a lo descrito se añade una situación financiera vulnerable (Argentina, Ecuador), o la alta informalidad del empleo (México, Centroamérica), o la debilidad del aparato público (prácticamente todos), lo que se avecina para la región puede ser catastrófico. Mucho dependerá del tamaño, la densidad poblacional, la situación geopolítica, las espaldas financieras y especialmente del manejo de crisis que realice cada gobierno.

Donde todos estos elementos concurren es en el régimen cubano. Allí se observa una realidad inserta en algo incuestionable, como es su imposibilidad durante 60 años de superar una dependencia total del exterior. Hasta ahora, de la Venezuela chavista. Con anterioridad, y por décadas, de la Unión Soviética. En los 90, y ante la inminencia que la desaparición de la URSS arrastrase a su régimen, Fidel Castro hizo esfuerzos por encontrar una solución. Es justo reconocer que, a poco andar, descubrió en el turismo una fuente propia de ingresos. Y el negocio creció a ritmos francamente inesperados.

Por eso, el tránsito de la búsqueda temprana a una apuesta total por el turismo se aceleró producto de dos episodios muy sorpresivos, el colapso de PdVSA y la caída de Odebrecht de la mano de Lula en Brasil. Mientras la primera se entendía como una vaca lechera inextinguible, la segunda -cuya generosidad consiguió articular a toda la izquierda latinoamericana en un lapso brevísimo- había anunciado millonarias inversiones en la zona económica especial de Mariel. El turismo entonces pasó a ser visto como la nueva locomotora de la economía cubana. Para el 2020 se planeaba recibir 5 millones de turistas y que aumentase a 18% su participación en el PIB.

En este esquema, el Covid19 fue un balde de agua fría. Y es que, si bien afecta fuerte a todos los países catalogados de grandes destinos turísticos, actúa de manera particularmente letal en el caso cubano. Ello, básicamente por dos razones. La primera, son las limitaciones estructurales severas que tiene esa industria turística. De eso dan cuenta los crudos relatos de turistas chilenos varados en la Habana tras ser declarada la cuarentena en la isla. Dicho sea de paso, sorprende que aquellos fisgones sociales se aterren de enfrentar en la isla las consecuencias de esta pandemia cuando se supone que es un verdadero golpe de suerte recibir atenciones en un sistema de salud de clase mundial. En realidad, las limitaciones estructurales radican en la discrepancia entre rasgos inherentes a la industria turística y la naturaleza hermética del régimen. Una segunda, radica en que el turismo necesita de otros rubros para su funcionamiento (infraestructura, catering, energía). Gráficamente, eso es para aquel régimen la cuadratura del círculo.

Un buen ejemplo de la discrepancia entre características de la industria y naturaleza del régimen, se encuentra en los orígenes de la actividad en los 90, cuando los Castro se vieron forzados a cambiar su relación con la migración y dejar de anatemizarla. Comprendieron que debían ceder para estimular a los exiliados a regresar como turistas. La inventiva cubana de entonces hizo su aporte. Y es que, como habían sido motejados de gusanos en los 60 y 70, a su regreso se les tildó de mariposas. Luego, les hizo una oferta inimaginable. Se abrió a que accedieran a tres status jurídicos: residencia permanente, recuperación de la nacionalidad cubana o mantención de doble nacionalidad en caso que el interesado quisiera recuperar la cubana, sin perder la del país que lo había acogido. Pero pese a las bromas y palmoteos, los resultados fueron magros. ¿Cuánto ceder y flexibizar sin desnaturalizar el régimen?

Como bien apunta Huntington, Cuba carece de muchas cosas menos de gobernabilidad defectuosa. Por eso, Raúl Castro, hombre menos desbocado que su hermano, no tomó la debacle de PdVSA y el derrumbe del lulismo en Brasil como una petitesse y cuando designó hace dos años a Manuel Díaz-Canel Bermúdez como Jefe de Estado, le encomendó hurgar por el mundo en busca de benefactores. Puesto ante la tarea de encontrar una aguja en un pajar, Díaz-Canel optó por acercarse a Teodoro Obiang, el despótico presidente de Guinea Ecuatorial, país africano que flota en petrodólares. Hasta allí se depslazó a fines de 2018, su más cercano colaborador, el Vicepresidente, Roberto Morales. La maniobra parecía segura. El propio Raúl Castro había puesto sus ojos en aquel tiranuelo en los años previos, recibiéndolo con gran pompa. Pero fracasó. Obiang, hombre muy rudimentario y sin vuelo intelectual, no se mostró receptivo al abstracto drama del régimen de Castro.

Resumiendo, el coronavirus tumbó la meta de crecer a 1,3% este año y abrió de nuevo la cuestión existencial. Las finanzas del régimen se tornaron más vulnerables que nunca. Instintivamente, éste reaccionó enviando médicos a Italia y promoviendo su famoso Interferon Alfa 2B, un medicamento sin aval científico de la OMS. En consecuencia, las gotículas del Covid19 amenazan claramente a todos, pero, en el caso cubano, podrían acelerar el crepúsculo de un régimen, cuyo destino político durante décadas ha concitado interés variado. Sea por simpatía, por morbo o por un oscuro deseo siciliano.

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