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Publicado el 26 de noviembre, 2019

Ivan Witker: Frente Amplio uruguayo: El regreso a la insignificancia

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

Sumido en una grave crisis interna acerca de qué ofrecer al país (salvo izquierdizar más al frenteamplismo), carente de liderazgos visibles y con muchas de sus figuras acusadas de corrupción, o bien de ineficiencia y desidia, este resultado era previsible.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central
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Uruguay vivió una elección con fuertes consecuencias en la vida política del país. Tras 15 años de manera ininterrumpida en el poder, ha sido derrotado el Frente Amplio (FA). Lo hizo mirándose el ombligo, como describe Milan Kundera a la insignificancia.

Sumido en una grave crisis interna acerca de qué ofrecer al país (salvo izquierdizar más al frenteamplismo), carente de liderazgos visibles y con muchas de sus figuras acusadas de corrupción, o bien de ineficiencia y desidia, este resultado era previsible. Quizás no tan ajustado, pero previsible. El FA llega al fin de su historia dorada.

Su llegada al al poder ocurrió en 2004 de la mano de Tabaré Vásquez, un reconocido oncólogo dedicado a su profesión en los años militares. Se valoró su prestancia y necesaria lejanía de posiciones extremas. Con Vásquez, el FA llegaba a su madurez. Se apostó a que bajo su mandato se domesticaría a esa amalgama heterogénea de grupos demócrata-cristianos, nacionalistas de izquierda, socialdemócratas y socialistas, junto a retazos de un cuasi extinto Partido Comunista, y de antiguos tupamaros, que venían de vuelta de sus peripecias guevaristas y parecían querer dejar de lado su admiración por la Revolución Cubana. Con Vásquez, el FA dejó atrás su origen. Había nacido en los márgenes, casi en la insignificancia, allá en un lejano 1971.

Vásquez ejerció un gobierno prudente, lo cual abrió espacio para que el FA siguiera en el poder ante la crisis en que habían caído los partidos tradicionales, Blanco y Colorado. Se pensó por aquel entonces -con un dejo no menor de ingenuidad- que en todo el Frente Amplio había florecido un jardín socialdemócrata. Así lo entendió la sociedad uruguaya, la cual aceptó a un exguerrillero tupamaro como sucesor de Vásquez. El veterano José Mujica Cordano, Pepe para la opinión pública, “Facundo” o “Emiliano” para sus compañeros tupamaros, sorprendió a muchos. No transformó al apacible Uruguay en un volcán chavista y se perfiló como símbolo de la reconciliación política del país. Su “singularidad” lo llevó a ser re-electo, convirtiéndose en una suerte de rock star del progresismo mundial. Encarnaba un reciclaje pocas veces visto; una vida personal austera, una aparente bonhomía, simpáticas reminiscencias del carácter vasco de sus antepasados y algo lenguaraz para superar momentos críticos. Mujica fue un líder incombustible.

En 2014, Tabaré Vásquez volvió al gobierno. Pero el paso del tiempo carcome y oxida. Su administración fue bastante mediocre. Lo consumieron las rencillas intestinas entre las más de 14 facciones internas del FA. No tuvo iniciativas para detener el aumento de la delincuencia; tan vertical como inédito. Vásquez fue el canto del cisne. El FA se adentró a un final con toques fellinescos entre los grandes caciques lanzándose diatribas abiertas o sibilinas ante una derrota inminente.

El ensimismamiento en sus rencillas internas y la percepción de corrupción que le rodeaba, presagiaban una derrota aún mayor. Niño símbolo de sus dramas fue Raúl Sendic, Vicepresidente de Vásquez. Este hijo de un legendario líder tupamaro de los 60 protagonizó casos que rondaban lo grotesco, como su presunta “licenciatura en genética humana”, sus lujosos y extravagantes viajes con tarjetas de crédito de organismos públicos o bien el quiebre de la petrolera ANCAP. Sendic fue obligado a renunciar en septiembre de 2017 y suspendido de su militancia por el propio FA.

El futuro frentamplista no se ve muy diáfano. Es probable que busque re-articularse desde el parlamento, donde la voz de Mujica recobrará algún peso. Vásquez, en tanto, aquejado de una enfermedad terminal, anunció su retiro de la política. Lo único claro por ahora es la lucha por la sucesión en el liderazgo interno.

Por último, el cuadro regional tampoco se ve muy halagüeño para el FA. Mujica es mirado con distancia por el kirchnerismo después de su famosa frase “la vieja es peor que el tuerto”. Y tampoco es muy querido en el submundo bolivariano, al cual considera “pasado de rosca”. Pese a lo estrecho del resultado, su derrota lo empuja de regreso a la insignificancia.

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