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Publicado el 14 diciembre, 2020

Ivan Witker: Evo Morales y Luis Arce, entre el póker y un inevitable lazo vampírico

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Pareciera pertinente aquel viejo adagio inglés: dos escorpiones no pueden estar en una misma botella.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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Hace pocos días, Evo Morales almorzó, por primera vez desde el retorno al poder, con el electo mandatario Luis Arce en el Palacio Quemado. Pese a ser un encuentro más bien social, Morales aprovechó la ocasión para hacerle la primera solicitud política a favor de uno de los suyos. Le pidió el cargo de embajador ante la OEA para quien fuera su Vicepresidente, Álvaro García Linera. El presidente contestó, según algunos presentes, con una sonrisa y un fuerte apretón de manos. De su boca no salió ni una sílaba. Se generó así un ambiente claramente indescifrable. Pero de alto interés.

En el centro de la cuestión hay varios asuntos bastante azarosos para el futuro político del país, como, por ejemplo, la necesaria metamorfosis del MAS. En ella vemos ese gran enigma llamado relación política y personal entre Morales y Arce. Y, como diría Churchill, este enigma encierra otro misterio: ¿cuánto poder tiene cada uno?

El póker entre ambos partió en los días previos al almuerzo, durante un comentario radial en Cochabamba, donde Morales dijo: “Tenemos un sindicato de expresidentes y todos dicen que Evo debe asumir como embajador en la OEA… aunque sea por algunos meses… sería una linda batalla política… pero todavía Evo no lo ha decidido”. Es menester recordar esa manía del exPresidente de referirse a sí mismo en tercera persona y describir cada circunstancia de su entorno como si fuera un relato mítico de alguna Eneida pre-colombina. Como fuere, ni Arce ni su entorno se dieron por aludidos con el mensaje radial. Ello permite especular que aquel silencio oficial motivó el replanteamiento del tema durante el almuerzo en palacio.

Esto significa que Morales ya decidió empezar a medir la resistencia de Arce, notificándole que no habrá un “retiro apacible”, como dijera más de una vez, mientras gozaba del exilio en el barrio Colegiales de la capital argentina. Se comenta que en el almuerzo le habría dicho, además, que al interior del MAS “se ha formado” una especie de gabinete para ir “ayudando” al gobierno. No podríamos negar que los últimos movimientos de Morales en pos de espacios de poder, demuestran la vigencia del llamado teorema de Baglini, según el cual, la irresponsabilidad de cada político está en directa relación a cuán distante esté del poder.

Hasta ahora, Arce ha limitado sus actividades como mandatario electo a tareas de gestión administrativa y a lanzar una imagen de austeridad. Por ejemplo, ha viajado en vuelos comerciales por el interior del país sin hacer aspavientos; ha ido a mercados populares para desayunar o almorzar mezclándose con la multitud. A todas luces, cultiva una imagen situada en las antípodas de Evo Morales, quien tomó gusto por el boato. Se ha sabido que solía ocupar las tres residencias presidenciales y que se trasladaba en un carísimo avión Falcon 900 EX Easy (originalmente fabricado para el equipo Manchester United y por el cual pagó US$ 38 millones). Fiel a ese estilo, y atrincherado en el MAS, Morales ya trasladó su hibris al entorno del partido. Sus cercanos ahí lo llaman “jefe supremo”.

Este juego de póker era del todo esperable. Una vez iniciado, cabe preguntarse, ¿cuáles son las opciones de Arce? La experiencia latinoamericana muestra claridad meridiana. Será ruptura violenta o sumisión. Y los registros son variados.

En Argentina, en 1973, Perón obligó a Héctor José Cámpora a renunciar a pocas semanas de ganar la elección. El viejo odontólogo peronista, cuyo apellido sería recordado décadas más tarde por los sectores más fanáticamente kirchneristas, se transformó, mediante su renuncia, en símbolo de lealtad rayana en la obsecuencia. Historiadores han recogido que iba a la casa de Perón a consultarle toda clase de asuntos. Ya su slogan de campaña fue poco dignificante, “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. La sumisión de Cámpora jamás fue valorada e incluso en 1975 fue expulsado del partido, producto de reyertas internas.

Otro desenlace trágico ocurrió en Cuba con Osvaldo Dorticós, descendiente de una acaudalada familia simpatizante de la Revolución (por razones muy misteriosas, pues sus propiedades fueron confiscadas). Fue Presidente, sin tener mando efectivo, entre 1960 y 1976, y luego Castro lo designó presidente del Banco Nacional. Cuando comprendió que su imagen era la de un sumiso total cayó en estado depresivo y se suicidó en 1983.

Un poco más atrás, la historia política venezolana registra el caso de ese excéntrico caudillo llamado Cipriano Castro (cuyas decisiones habrían hecho las delicias de grupos de izquierda de hoy, al encarcelar a los banqueros de su país cuando se negaron a prestarle dinero). Castro se enfermó y partió a Alemania en busca de tratamiento. Dejó a cargo del gobierno a su mejor amigo, y compadre, Juan Vicente Gómez. Al ser dado de alta, Gómez le sugirió olvidarse del poder si quería seguir vivo.

En México, Luis Echeverría designó como sucesor a su cuate, José López Portillo pensando que seguiría al mando, e intentó varias veces seguir usando sus antiguos espacios de poder. Tras no escuchar advertencias, fue sacado fulminantemente de territorio mexicano y designado embajador en islas Fiji. A los pocos meses prefirió regresar y mantenerse en un retiro apacible. Sabía lo que podía ocurrirle.

Y en estos momentos asistimos a la tremenda ruptura entre Rafael Correa y su antiguo amigo, Lenin Moreno, en Ecuador, quien lo procesó al descubrir graves irregularidades. Como Correa no tiene pasta de héroe y prefiere los resguardos, buscó un país sin tratado de extradición para exiliarse. Desde su cómoda residencia en Bélgica, ha maniobrado con intensidad para seguir vigente. Incluso ofició de “observador” en las elecciones escenificadas en Venezuela, donde seguramente aprovechó de afilar algunas estacas para la próxima batalla, que se huele sangrienta. El 7 de febrero hay elección presidencial y uno de los favoritos es el candidato correísta, Andrés Arauz, cuyo entorno clama por venganza, y goza de fuerte apoyo de los Fernández en Argentina. El gobierno ecuatoriano ya transmitió sus quejas por el apoyo desmedido a Arauz.

Pese a este abanico, Morales acaricia el modelo de los Fernández. Ahí se sabe quién manda, pero se han gestado mini-espacios contiguos, complementarios y protegidos por una especie de cordón sanitario.

Sin embargo, la experiencia latinoamericana invita a no ser tan optimista. Siempre existe un lazo vampírico que termina agotando la dualidad. En el caso boliviano, se divisan cuestiones bastante objetivas. Arce es economista (con formación universitaria) y su paso por el ministerio de Economía lo reveló como hombre más cercano a los números, gráficos y estadísticas. Morales, rústico en su formación, obedece más a los caprichos, percepciones mágicas, intuiciones, entusiasmo ideológico. Pareciera pertinente aquel viejo adagio inglés: dos escorpiones no pueden estar en una misma botella.

Ivan Witker es autor de Mare crisium: complots y conspiraciones como mecanismo político para el relevo de cúpulas en los regímenes comunistas.

  1. Sergio Menares dice:

    El indio Evo Morales sempre quiso ser un dictador a perpetuidad en Bolivia. Su MAS, Partido Marxista, lo apoyó totalmente como todo Partido que sigue las directrizes del Imperialismo Marxista. Su internacionalismo Marxista no lo impide de tener un odio enorme contra los chilenos. Para él ,nadie vale nada en Chile, ni comunistas ni capitalistas. Ni liberales ni socialistas. Ni derecha ni izquierda. No se puede esperar buen relacionamiento entre el Pueblo Boliviano y el pueblo Chileno, mientras exista este tipo de gente oligofrénica, insidiosa y rencorosa.

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