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Publicado el 22 de octubre, 2019

Ivan Witker: Evo, el amargo sabor de la primera vuelta y los enigmas de la segunda

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

Con una diferencia menor al 5% entre Evo Morales y Carlos Mesa, el escenario presidencial boliviano se ha vuelto tan incierto como interesante. Es el peor resultado obtenido por Evo Morales y el MAS en 14 años de dominio electoral absoluto. Las fuerzas opositoras, sin embargo, están dispersas y el panorama está dominado por fuertes incógnitas.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central
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Si bien la política no es aritmética, el triunfador de la segunda vuelta debería ser Carlos Mesa. Los otros candidatos alcanzaron en conjunto alrededor de 16% y, unos más otros menos, todos representan un cierto espíritu anti-Evo incubado en los últimos años. Pero el horizonte no se ve claro, sea que Morales gane ordenadamente la segunda vuelta o que se produzcan alteraciones para no reconocer el triunfo de Mesa. ¿Qué se puede esperar? Los factores a considerar son externos e internos.

En cuanto a los primeros, se debe tener en cuenta que Evo Morales convirtió a Bolivia en estos años en un eslabón importante del ALBA y él mismo pasó a ser uno de los referentes más singulares de la nueva izquierda latinoamericana. No sólo modificó el lenguaje tradicional ideologizado de ésta, sino que encendió el imaginario indígena de toda América Latina, penetrando en sectores inimaginables, al cultivar la historia del pequeño cuidador de llamas que llega al poder. Morales instauró una especie de sacralidad por lo indígena, permeando otros países y sectores sociales que habían permanecido ajenos a aquello. Por estas razones es dable esperar resistencia, maniobras y dilaciones en aceptar una eventual derrota.

En consecuencia, los dos desafíos de Mesa serán desmontar el entramado evista de vínculos internacionales, que van desde Irán y los vestigios del ALBA, hasta re-articular las sorprendentes relaciones con Beijing. Por otro lado, deberá saber navegar en las procelosas aguas de la diversidad étnica. Sólo formando un bloque de amplio espectro podrá hacer frente a los desafíos que se avecinan y evitar transformarse en rehén político.

Cualquiera de los dos que termine ocupando el Palacio Quemado deberá enfrentar un cuadro político enteramente nuevo.

Por lo mismo, los factores internos también contribuyen en buena medida a las incógnitas que se advierten. Cualquiera de los dos que termine ocupando el Palacio Quemado deberá enfrentar un cuadro político enteramente nuevo. Los resultados de la primera vuelta indican que la heterogénea sociedad boliviana parece haber despertado de su letargo, y los próximos meses y años volverán a ser tan tórridos como la historia política de los siglos 19 y 20. Por de pronto, la segunda vuelta será un auténtico referéndum del período evista.

Un componente decisivo del devenir será por supuesto la profunda disparidad de intereses y creciente fractura territorial y económico-social del país. Ello se refleja en los mismos resultados de la primera vuelta. La fuerza de Morales está en los departamentos occidentales del país con fuerte tradición minera y presencia indígena (Potosí, La Paz, Oruro), mientras que los del Beni, Pando y Santa Cruz, los más ricos (con grandes yacimientos de gas) y con fuerte influencia brasileña, son sumamente refractarios a los proyectos, visiones y vínculos externos de Evo Morales. Ello descontando que reclaman mayor autonomía y que en algunos tramos de la historia del país han postulado derechamente la independencia. No pocos dirigentes santacruceños hablan hasta el día de hoy de Nación Camba, para referirse a sus especificidades.

Para los habitantes de Beni, Pando y Santa Cruz, la propuesta de Morales no representa gran atractivo, salvo seguir por la senda de los últimos años. Ello explica que Morales haya recurrido a una especie de campaña del terror de cara a la elección, tratando de asociar a sus rivales con las consecuencias negativas de la política económica de Macri en Argentina. Ante el fracaso relativo de esa apuesta, habrá que esperar en los próximos días para saber qué tipo de munición escogerá ahora para la segunda vuelta.

Finalmente, otro factor interno a considerar es la polarización emanada de las elecciones parlamentarias. Esta realidad obligará al próximo Presidente a desarrollar habilidades negociadoras muy fuertes para superar las tendencias al bloqueo tan característico de la vida política boliviana. Debe tenerse en cuenta que la gran sorpresa electoral fue el candidato coreano de la Democracia Cristiana, Chi Hyun Chung que con 8,7 % de votos dejó en el tercer lugar a Oscar Ortiz del partido “Bolivia Dice No”, con 4,3 % de votación. Chung podría establecerse como una posible figura de recambio hacia los próximos años.

En síntesis, la situación boliviana se adentrado por vericuetos bastante enigmáticos. Su desenlace tendrá consecuencias internas y desde luego en toda la región.

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