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Publicado el 05 de junio, 2019

Iván Witker: El fin del crudo venezolano o la pesadilla de los generales-gerentes cubanos

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

Cuba está entrando en un momento muy complicado, llamado eufemísticamente período especial. Un momento equivalente a una economía de guerra, donde todas las decisiones pasan por criterios militares. Se estima que en la actualidad más de 800 empresas están a cargo de altos oficiales, activos y retirados.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central
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Pese al deterioro de la economía venezolana y a las sanciones a empresas de transporte, varios medios internacionales han estado informando que sigue saliendo crudo de ese país rumbo a Cuba. Incluso los envíos de mayo fueron superiores a los de abril y estos últimos a los de marzo. Se trata de algo sumamente llamativo. Las riquezas naturales venezolanas parecieran haberse convertido en auténtica y apetitosa carroña a ojos de buitres insaciables.

Dicha fiebre extractiva es el indicio más fuerte que Cuba está entrando en un momento muy complicado, llamado eufemísticamente período especial. Un momento equivalente a una economía de guerra, donde todas las decisiones pasan por criterios militares. La verdad es que desde el anterior período especial, tras el colapso de la URSS, se observa en Cuba una curiosa transición sociológica que pudiera denominarse de generales a gerentes. Todo parte con el propósito de los hermanos Castro de crear enclaves inspirados en las zonas económicas especiales chinas ideadas por Deng Xiaoping. Sin embargo, a diferencia de aquéllas, las cubanas están dominadas por militares y, salvo la Zona de Mariel, no se trata de enclaves necesariamente geográficos, sino de rubros especiales.

En efecto, desde los 90 a la fecha se ha ido configurando un esquema de grupos económicos militares a cargo de ciertos sectores considerados estratégicos, sea para la obtención de divisas o para la sobrevivencia misma del régimen. En esa lógica se enmarca la relación tan asimétrica con la Venezuela madurista y la decisión de estrujarla en estos momentos tan aciagos.

Las FARC, como se denominan las FFAA cubanas, tienen una composición algo distinta  a lo convencional y están integradas por los tres Ejércitos terrestres (Occidental, Central y Oriental), la Marina de Guerra, la Fuerza Aérea, el Ejército Juvenil del Trabajo, las Milicias de Tropas Territoriales, las Brigadas de Producción y Defensa. Su número actual se estima en unos 100 mil efectivos, muy por debajo de los varios centenares de miles que tuvo en los 70 y 80, cuando mantuvo importantes operaciones en África. Fue el fin de la Guerra Fría lo que produjo dicha reducción; única solución para conseguir ahorros presupuestarios. Pero también obligó a otros ajustes relevantes. Asumieron la conducción de varias empresas y su conglomerado GAESA se convirtió en el pilar económico.

De esta manera, los hoteles para turistas extranjeros, las casas de cambio, mineras, fábricas de tabaco y medicamentos, firmas dedicadas al comercio exterior agropecuario y al transporte turístico pasaron a propiedad de las FARC. Incluso las que administran la exportación de servicios profesionales (médicos, enfermeras, maestros, etc.), que es la principal fuente de ingresos del país. Y, como es fácil suponer, parte de GAESA es CUPET, la destinataria de los 60 mil barriles diarios de crudo y derivados sacados de Venezuela a través de Punta Cardón, según un reciente informe de SP Global Path.

El profesor Carmelo Mesa-Lago, quien ha estudiado la macroeconomía cubana por décadas, estima que en la actualidad más de 800 empresas están a cargo de altos oficiales, activos y retirados. Quienes han tratado con empresas de GAESA dan cuenta de su eficiencia, aún cuando se trata de un ámbito marcado por la opacidad en cuanto a la gestión. La gran pregunta es hasta dónde puede resistir GAESA. Por un lado, aunque las necesidades cubanas son muy modestas, alrededor de 100 mil barriles diarios, CUPET logró hacerse por años con 350 mil barriles diarios, gracias a la asimétrica relación con Venezuela. El excedente lo re-exportaba. Por donde se le mire, un negocio redondo. Por otro, hay estimaciones que la producción petrolera venezolana puede colapsar en dos meses más. Eso explicaría el frenesí extractivo cubano.

Esta verdadera espada de Damócles, junto a la falta de carisma y las dudas acerca de la capacidad de conducción política del designado sucesor Miguel Díaz-Canel, hace pensar a muchos especialistas en temas cubanos que el enfrentamiento entre fidelistas y raulistas sobrevendrá más temprano que tarde. Estos últimos, dirigidos por Alejandro Castro Espín, hijo y asesor de Raúl Castro, y héroe de la guerra en Angola (autor del libro “El Reino del Terror”), tendrían la intención de ir abriendo lentamente la economía para no depender casi en su totalidad de GAESA. Como demostración de sus intenciones de largo plazo se suele citar la contratación de los Rolling Stones y de sendos desfiles de modas, uno con Chanel y otro con las Kardashian (los tres en 2016). Los fidelistas, en cambio, son tributarios de una mentalidad más numántica y creen posible estirar el período especial hasta que aparezca un nuevo benefactor.

En suma, el panorama petrolero cubano está viviendo una auténtica pesadilla. Se estima que la isla resiste 45 días sin suministro de crudo venezolano. Ardua tarea tienen ante sí los generales devenidos en gerentes.

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