¿Qué razón tan misteriosa tuvo el régimen madurista para evitar a toda costa que Alex Saab declare en EEUU? ¿Qué secretos de la Venezuela de Chávez y Maduro esconde este empresario tan característico de la llamada boliburguesía?

Son preguntas interesantes y útiles para comprender el mundo en que se movía este curioso empresario bolivariano. Su testimonio brindará las primeras ráfagas de luz sobre algunas de las zonas más tenebrosas de aquel régimen, símbolo del socialismo del siglo 21. Hay quienes vaticinan un festín de revelaciones sobre manejos oscuros de dineros públicos venezolanos corriendo a raudales por diversos continentes. No pocos divisan un mini-Odebrecht.

La verdad es que la imprevista captura de Alex Saab en el pequeño archipiélago africano Cabo Verde, en junio de 2020, pasó algo advertida y costaba entender el hondo desasosiego que esto había generado en Caracas. Sólo asuntos sórdidos podían explicar tanto despliegue diplomático para rescatar al caído. Maduro repitió por más de un año que la detención, si bien fue inesperada, se lograría neutralizar en breve tiempo.

La esperanza de Maduro sirve para ilustrar de muy buena manera aquello conocido al interior de los estudios prospectivos como cisne gris mandelbrotiano; es decir, un hecho inesperado; no imposible, pero de muy difícil ocurrencia, y con la posibilidad de ser moldeable. Es decir, efectos mitigables.

Cáculos errados

Saab iba rumbo a los Emiratos Arabes Unidos, según la carta de navegación de su avión privado, cuando fue detenido. Se encontraba tranquilamente repostando gasolina en el aeropuerto “Amílcar Cabral”, en momentos que la policía de aquel diminuto país abordó la aeronave y le presentó una orden de Interpol solicitada por EEUU. Fue el comienzo del fin.

El régimen madurista comprendió de inmediato la gravedad de lo ocurrido, aunque confió en su capacidad para manejarlo. El control de daños se veía factible. Para ello, armó un verdadero operativo internacional con un equipo de abogados dirigido por Baltazar Garzón y desarrolló un despliegue diplomático pocas veces visto. Se dijo que era el representante de Venezuela ante la Unión Africana; luego que era un embajador en misión especial para obtener medicinas y, hace algunas semanas, se le incluyó nominalmente en el equipo de Maduro que participa en las conversaciones de México con Juan Guaidó. Para presionar aún más, desató una intensa campaña en redes sociales a través de influencers alegando secuestro.

Para evitar caer en manos enemigas, Saab tomaba muchas medidas de seguridad. Escogía rutas “seguras” para sus desplazamientos. Privilegiaba el tránsito por países periféricos, sabedor que en ellos se puede actuar con arrogancia y que el soborno forma parte de un quehacer “natural”. Cabo Verde parecía serlo. Sin embargo, los cálculos chavistas se evidenciaron erróneos.

Cabo Verde es una nación pequeña, pero relativamente próspera y estable en parámetros africanos, con una separación de poderes bastante inusual en ese continente. Fracasado el expediente del soborno, los abogados contratados por Venezuela optaron por una estrategia de dilatación y entorpecimiento de los trámites judiciales, esperando que el tiempo jugase a favor de Saab. Nuevo error de cálculo y la extradición finalmente se produjo.

Puesto en su actual situación, Saab sintetiza lo que Mandelbrot denomina elemento portador de futuro. En términos prácticos, significa que su testimonio judicial cambiará el curso de varios temas referidos a la Venezuela chavista y que cuanto revele dejará al descubierto asuntos turbios, los cuales salpicarán por doquier.

Una nueva oligarquía

Corresponde entonces preguntarse quién es esta persona, cuyo destino tanto inquieta a Maduro. ¿Qué secretos atesorará? Los detalles se conocerán pronto.

Por ahora, cabe comprender a Saab como fiel representante de la boliburguesía, tal cual se conoce a aquellos sectores dotados de grandes habilidades comerciales que suelen reproducirse como amebas en los sedimentos más fangosos de los regímenes populistas de izquierda. El término alude a la corrupción desatada por ese adefesio llamado socialismo del siglo 21, en cuyas entrañas se generan segmentos emprendedores sobre la base de triquiñuelas y prebendas.

La exfiscal general de Venezuela, Luisa Ortega entregó en 2017 voluminosa información sobre este flambeur, asegurando que es el gran testaferro de Maduro. Las autoridades estadounidenses están convencidas que no sólo es eso. Les interesa dilucidar, por ejemplo, en qué consistían sus misiones altamente sensibles por el Medio Oriente. Por de pronto, las autoridades caboverdianas lograron establecer que en realidad no se dirigía a los Emiratos, sino a Teherán. Se presume que era pieza clave para el trueque de piedras preciosas y petróleo a cambio de alimentos. También se sospecha que compraba material bélico en Turquía e Irán. En este último, misiles de largo alcance.

Saab poseía un entramado de empresas en nueve países, siendo la Grand Group, registrada en Hong Kong, la de mayor volumen según los Panamá papers y los Pandora papers. Algunas de estas habrían defraudado US$ 350 millones al Fisco estadounidense.

Las próximas semanas y meses serán frondosos en revelaciones y, tal como ocurrió con Odebrecht y demás empresas brasileñas, las esquirlas depararán novedades en cuanto al financiamiento de partidos y políticos en varios países de la región. Por ello puede decirse que el caso Saab resultará muy instructivo dado sus innumerables particularidades.

Además, no es menor tener esta oportunidad excepcional de saber cómo funciona esa especie de nueva oligarquía. Saab representa un espléndido ejemplo de germinación y desarrollo de esa simbiosis tan novedosa entre regímenes populistas de izquierda y esa casta de emprendedores más amigos de los compadrazgos que del mercado. Algo que los Castro en Cuba nunca imaginaron, pero que ya es visible en todos los países donde han conseguido el poder político.

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