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Publicado el 06 de enero, 2020

Ivan Witker: Cuba: Un Primer Ministro para iniciar la “des-fidelización”

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

La movida de Raúl Castro significa que Cuba entró en una etapa nueva. Quizás una transición estilo vietnamita. Quizás de des-fidelización. Quizás una tan incierta que termine devorando al régimen tipo Europa 1989. Por ahora lo único claro es que el 2020 parte en la isla con los cachorros de la revolución empezando a tomar las riendas del poder.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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El anuncio de re-instaurar la figura de Primer Ministro en un régimen que no tiene necesidad alguna de buscar apoyo parlamentario ni menos mandatar a un primus inter pares del gabinete para negociaciones políticas fue, sin dudas, llamativo. Pero aún más lo fue que el máximo líder, Raúl Castro, haya designado a Manuel Marrero Cruz para ese cargo.

Llamativo por el desconocimiento parcial de quién es Marrero y por la ausencia de explicaciones acerca de las funciones y responsabilidades que tendrá este cargo de ahora en adelante. Algunas luces se pueden divisar en la historia política reciente de Cuba y en los pocos datos biográficos disponibles de Marrero.

Creado en 1940 por Fulgencio Batista, el cargo de Primer Ministro fue eliminado definitivamente en 1976. Aquel año, Fidel Castro lo fundió con otros y se autodesignó Presidente de los Consejos de Estado, de Ministros, comandante en jefe de las FFAA y Secretario General del Partido Comunista. A partir de entonces, nadie dudó acerca de quién ejercía realmente el poder en la isla.

Fue un cambio crucial en el sistema político cubano. Hasta ese momento, la fuente de legitimidad del poder revolucionario irradiaba un pathos tendiente a lo colectivo. El carisma revolucionario juvenil provenía en partes más o menos iguales de los dos hermanos Castro, de Ernesto Guevara (figura transformada en ícono desde su muerte en 1967), de Camilo Cienfuegos (figura que representaba el destino trágico) y de un inocuo conjunto de personalidades civiles, algo mayor en edad, entusiasmados ingenuamente con la causa revolucionaria. Entre éstos sobresalían Manuel Urrutia Lleó y Osvaldo Dorticós Torrado.

Tan poderosa era aquella idea de lo colectivo de la revolución cubana hasta 1976, que Urrutia y Dorticós, pese a provenir de la “burguesía liberal”, ocuparon el cargo de Presidente de la República. Ambos terminaron, como era obvio, arrasados por la pureza revolucionaria; el primero en el exilio y el otro suicidado. En 1976, Fidel Castro dio por concluido ese improductivo período romántico y abandonó todo apoyo al voluntarismo guerrillero esparcido por América Latina. Ordenó que, de ahí en adelante, las operaciones en el exterior serían militares. De paso, cambió la Constitución. 

Por lo tanto, la naturaleza del cargo de Primer Ministro en Cuba se remonta necesariamente a la era pre-Castro. Su historial revela que nunca fue una función primordial ni menos decisiva en la estructura de poder. Las 9 personas que la ejercieron entre 1940 y 1959 la entendieron como algo accesorio a la función presidencial. Un ejemplo extremo de tal aserto es que a Gonzalo Güell, quien ejercía el cargo en momentos de la revolución, no se le pasó por la mente otra cosa que huir junto a Batista a fines de 1958. Incluso su sucesor, José Miró Cardona, otro bien intencionado miembro de la “burguesía liberal” simpatizante con la causa revolucionaria, captó rápido el escaso peso político del cargo y partió al exilio.

Cabe entonces preguntarse si Marrero será un alfil pasivo y sumiso, tipo Güell, o tiene en mente algo distinto. Difícil resulta aventurar un juicio categórico. Mucho depende de la motivación que haya tenido Raúl Castro para introducir esta importante novedad y de cómo se mueva el tablero de ahora en adelante.

Una primera motivación podría radicar en la disconformidad con el desempeño de su carta inicial de reemplazo, Miguel Díaz-Canel, a quien le abrió parcialmente las puertas del poder en abril de 2018 designándolo “Presidente de la República”. Es ya casi inequívoco que Díaz-Canel no va más allá de ser un hosco apparatschick, incapaz de trasmitir ese liderazgo fuerte -y con algo de desmesura- que necesita una sociedad arisca como la cubana. En este marco, la fuerte institucionalidad vigente y la cautela que caracteriza a Raúl Castro, no admiten cambios bruscos. O sea, bien pudiera ser que Marrero sea una nueva carta, pensando en un reemplazo soft de Díaz-Canel.

Una segunda motivación podría radicar en el deseo, del ya nonagenario Raúl Castro, de diseñar un modelo con impronta colectiva, inspirada en aquella de los primeros 15 años. Este esquema de convivencia obligada no es descartable, debido a la fuerte disputa sottovoce que se vive entre sus hijos y los de Fidel Castro por la sucesión. Hace dos años, Fidel Jr. se suicidó producto de la depresión al verse marginado tras la muerte de su padre y ascenso de Alejandro, primogénito de Raúl Castro.

En cuanto a Marrero, se sabe poco. En 2000 se convirtió en presidente del Grupo de Turismo Gaviota, la principal empresa turística del Grupo de Administración Empresarial, SA (Gaesa) dirigido por la cúpula militar, varios de cuyos hoteles viven dificultades por la ley Helms-Burton. Se sabe que es coronel y arquitecto; que partió su carrera en Gaesa construyendo los hoteles Río Mares y Río de Luna en la provincia de Holguín. Luego fue gerente general del complejo Varadero Azul y, a partir de 2004, ministro de Turismo. Un dato que parece muy relevante: es el integrante más antiguo del gabinete, lo que indica una muy notable capacidad de sobrevivencia.

Quizás Marrero coquetea con el recuerdo de que en la Cuba pre-revolucionaria hubo dos Primeros Ministros que se salieron de la tendencia sumisa, tipo Güell, y se mostraron tan linces, que terminaron de Presidente: Carlos Prío Socarrás y el propio Fulgencio Batista.

Sea como sea, la movida de Raúl Castro significa que Cuba entró en una etapa nueva. Quizás una transición estilo vietnamita. Quizás de des-fidelización. Quizás una tan incierta que termine devorando al régimen tipo Europa 1989. Por ahora lo único claro es que el 2020 parte en la isla con los cachorros de la revolución empezando a tomar las riendas del poder.

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