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Publicado el 21 de noviembre, 2019

Ivan Witker: Cristina y García Linera: el nuevo populismo bi-solar de América Latina

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

La vicepresidenta electa de Argentina ideó la forma de mantener el liderazgo real al tiempo que cedió espacios a Alberto Fernández para que asomara como líder formal. Lo propio hizo el vice de Evo Morales durante 14 años.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central
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La praxis populista latinoamericana está cambiando raudamente y desarrollando nuevas variantes. Lo demuestran tanto las vicisitudes del experimento evista en Bolivia como el inminente retorno peronista en Buenos Aires. Son cambios indicativos que esta praxis sigue insoportablemente viva. También sus ideas. Pese a los ires y venires, el populismo latinoamericano sigue entregando a las grandes masas promesas de redención social y de nuevos proyectos fundacionales. Cabe preguntarse, ¿son variantes que edulcoran la realidad o aprehenden nuevos matices del gris?

Primero que nada, son habilidades fuera de lo común. Ambos casos muestran el abandono del régimen populista convencional, de tipo solar, consistente en planetas y asteroides que giran obedientemente en torno a un sol, único, desmesurado e imantado en el sillón presidencial. En su lugar generaron otro, con dos soles, que se complementan a la hora de ejercer gravitación. Esa es una clara innovación, que altera la naturaleza y cimientos del populismo convencional latinoamericano. Todos, sin excepciones, Pérez Jiménez, Perón, Chávez, Bucaram, García, Toledo, Lugo y decenas de otros, ejercieron la subordinación total, inmersa en un ambiente de relativo despotismo. Fue un mecanismo descrito de manera notable por Augusto Roa Bastos en su obra “Yo, el Supremo”.

Sin embargo, en las últimas décadas, el experimento evista y esa variante renovadora del peronismo llamada kirchnerismo, han dado vida al ingenioso sistema bi-solar. El más reciente es el caso argentino, donde la Vicepresidenta electa ideó algo nunca antes visto en la región. Manteniendo el liderazgo real con sus propios toques de sensibilidad y contenidos centrales del discurso, se replegó cediendo espacios a Alberto Fernández para que asome como líder formal. Fue una maniobra arriesgada pero extraordinaria, que les permitió volver al gobierno y revitalizarse como opción diversa e incluso heterodoxa. No pocos liberales manifiestan estar maravillados con esta novedad.

Con anterioridad, en 2007, ya se había conseguido traspasar el poder de Néstor Kirchner a su esposa; algo que ni Perón ni otros populistas latinoamericanos lograron. Tras el éxito, se ha desatado un auténtico frenesí entre los peronistas de diversos pelajes, los cuales ya hablan del primogénito Máximo Kirchner como la carta para la próxima elección presidencial. “Chico maravilloso, razonable y moderado”, según dicen.

Cabe recordar que en Brasil, el PT fracasó en su intento de levantar dos soles, Lula y Dilma. Esta última carecía de la desmesura del líder sindical, condición bien necesaria para estos menesteres. Además, ambos terminaron devorados por el proceso judicial Lava Jato.

Y desde luego que el modelo evista es un caso bi-solar con trazos muy interesantes. Fue el eterno Vicepresidente de Evo, Álvaro García Linera, quien lo ideó mientras era un igualmente eterno estudiante de matemáticas en la Universidad Nacional de México. Nacido en una familia de clase media cochabambina, elaboró en sus nueve libros un firmamento donde él se ubicaría como sol secundario. Fue en los lejanos 80, cuando advirtió que su tez blanca y tempranas canas le impedirían a él mismo dirigir un proyecto convencional en un país como Bolivia. Al poco tiempo descubrió en el líder cocalero un dócil rostro indígena para sus teorías revolucionarias. Sin embargo, y pese a su evidente mayor peso intelectual, jamás opacó o despreció a Evo. Su modelo bi-solar duró la friolera cantidad de 14 años, un verdadero récord en Bolivia.

¿Por qué lo ungió? Su obra central Introducción a los estudios etnológicos de Marx (1988) es una ingeniosa combinación de ideas marxistas y de comunitarismo quechua y aymará, con las visiones indigenistas del intelectual boliviano, Fausto Reinaga. Es lo que se conoce como katarismo.

García Linera introduce la idea de que en Bolivia las multitudes están condenadas a reemplazar a la clase obrera como vanguardia revolucionaria. Obvio, multitudes indígenas se entiende. Por ello, puede decirse con propiedad que García Linera entronca de manera plástica con las ideas neomarxistas de Ernesto Laclau (La Razón Populista) y Chantal Mouffe (Hegemonía y radicalización de la democracia). El punto en común de todos ellos es la opción por la permanente antagonización de la vida política y una insoluble disputa entre “héroes y villanos”. El mundo hay que dividirlo entre “nosotros” y “ellos”. García Linera y Cristina Kirchner son por lejos los alumnos más aventajados de Laclau y Mouffe.

En suma, el populismo bi-solar es una idea fundacional nueva en la región. Es un coletazo tardío del fin de la Guerra Fría, puesto que fue el deterioro económico terminal de Cuba lo que obligó a Fidel Castro a converger con los viejos populismos de izquierda. Crearon variantes hasta ese momento insospechadas y dieron vida al Foro de Sao Paulo.

Indefectiblemente se viene a la memoria aquella novela Nostromo del gran Joseph Conrad. Siempre hay en América Latina alguien que busca maneras ingeniosas para crear nuevos proyectos fundacionales.

 

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