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Publicado el 13 de abril, 2020

Ivan Witker: Covid19: El Pearl Harbor del multilateralismo

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

Todo apunta a que los términos colaborativos conocidos hasta ahora se extinguen. La brutalidad del ataque parece insinuar que, en definitiva, el multilateralismo ha comenzado su propio 7 de diciembre de 1941.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central

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Más dudas que certezas está provocando el ataque de este coronavirus. Pareciera que estamos enfrente de lo que James Joyce en su Ulyses designa como epidemias diezmadoras. Por lo mismo, nadie sabe qué ocurrirá con los grandes procesos que venían desarrollándose. La intuición sugiere que la economía se va a globalizar aún más, que la ciencia y la tecnología van a dar un salto gigante hacia la digitalización y que la política internacional se va a fragmentar.

Esto último seguramente generará incertidumbres, pero se ve casi ineludible. No en vano el primer gran refugio ante el ataque de Covid-19 fueron las instituciones de cada Estado. De ahí surgen dos gruesas interrogantes hacia el mediano plazo: ¿asistiremos a un fortalecimiento del Estado-Nación o a una reformulación del multilateralismo?

El hecho de constatar, por un lado, que los ataques pandémicos no respetan fronteras físicas, étnicas, etarias ni de género, y, por otro, que se observa una lucha sin cuartel por adquirir equipos médicos (incluso inofensivas mascarillas), apunta a que los términos colaborativos conocidos hasta ahora se extinguen. La brutalidad del ataque parece insinuar que, en definitiva, el multilateralismo ha comenzado su propio 7 de diciembre de 1941.

Sabido es que tras la fundación de la ONU se vitalizó el espíritu colaborativo creando un instrumento que nunca nadie cuestionó, la idea de supranacionalidad. Es decir, un quimérico propósito de reproducir brazos estatales. Se hizo caso omiso de algo muy obvio. Al no disponer de fuerza coactiva, el esfuerzo tendría una falla de origen. La carencia se suplió por la vía más fácil; agregándole densidad burocrática. Se terminó consolidando un multilateralismo buenista, que arranca junto con el Pacto Kellog Briand a fines de los 20. Pues bien, el ataque del virus arrasó con aquel buenismo.

Consecuentemente, se aproximan varios temas para el debate. Por ejemplo, la centralidad ganada por entes especializados, como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Otro tema que se instalará, necesariamente, es ese absurdo de mantener la situación de Taiwan como tabú dentro de los organismos multilaterales. La guerra contra Covid-19 ha demostrado sus excepcionales capacidades científicas en un contexto democrático, pese al inconmensurable riesgo por tener un vuelo diario Taipei-Wuhan. Aún más, la carrera que se libra por conseguir una vacuna y otros antídotos eficaces, bien podría repercutir en la composición del Consejo de Seguridad de la ONU. Los resultados de esta guerra contra Covid-19 están señalando que no existen argumentos plausibles para que potencias científicas como Alemania y Japón (que son además grandes contribuyentes del sistema de la ONU) no estén integradas de manera permanente en aquella instancia multilateral tan clave.

Luis Almagro, el recién re-electo Secretario General de la OEA, tiene ante sí desafíos distintos a todo lo previsto y a cuanto él mismo pudo haber imaginado.

Incluso ciertos particularismos se verán afectados. Por ejemplo, cuesta pensar que la Unión Europa, el Tratado de Schengen y casi todos los organismos comunitarios salgan incólumes. No se equivoca Angela Merkel al sostener que la prueba de resiliencia a que se encuentran sometidos los organismos comunitarios es lo más grande desde su fundación. Aún más, en varios países del centro y norte de Europa están surgiendo inimaginables cuestionamientos a las elites políticas de España e Italia. La negativa a aplicar la llamada cláusula No-Bail-Out, inserto en el artículo 125 del Tratado de la Unión sobre inyecciones externas para la asistencia financiera entre sus miembros, refuerza tal argumento.

En tanto, las particularidades del multilateralismo en nuestro hemisferio también serán afectadas. Podría adelantarse que el recién re-electo Secretario General de la OEA tiene ante sí desafíos distintos a todo lo previsto y a cuanto él mismo pudo haber imaginado. Lo primero es la generación de una sólida institucionalidad técnica en el ámbito de la salud pública y, lo segundo, la introducción de métodos de inteligencia estratégica en los esquemas de seguimiento epidemiológico en todo el hemisferio. Además, Almagro deberá lidiar con la peligrosa complacencia de políticos demagogos latinoamericanos respecto a los avances científicos, que suelen banalizar el conocimiento acumulado. Por ejemplo, las conminaciones a evitar las vacunas son lisa y llanamente cavernícolas. Desde luego que deberá lidiar también con esa tendencia escapista de los latinoamericanos, tan proclive a crear nuevos organismos ad libitum.

El listado francamente impacta. La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), creada en 1960, convertida en Asociación de Integración Latinoamericana (ALADI) en 1980; el Mercado Común Centroamericano en 1960; la Comunidad del Caribe en 1973; el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) en 1975; el Grupo de Río en 1986, el cual partió como Grupo de Contadora más otro afín conocido como Grupo de Apoyo a Contadora, confluyendo todos en el Grupo de los 8; el Mercado Común del Sur (Mercosur) en 1991; el Sistema de Integración Centroamericano en 1991; la Asociación de Estados Caribeños en 1994; la Alianza del Pacífico en 2011, el que parte como Arco del Pacífico; la Comunidad Andina en 1997, cuyo origen es el Pacto de Cartagena, que se transformó en Pacto Andino, el cual registró múltiples salidas, suspensiones y re-ingresos; la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en 2004; la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en 2008; ProSur en 2018. Viendo este somero cuadro, nadie podría negar que la trayectoria del multilateralismo regional es a lo menos bizarra. Llegar y crear. On demand.

Finalmente, sabido es que, por lo general, grandes circunstancias históricas van de la mano con momentos simbólicos. Alemania fue reconocida como potencia con la coronación de Guillermo I en el palacio de Versalles; la URSS, igualmente, cuando lanzó el primer Sputnik y el fin del comunismo quedó grabado junto a las imágenes del derrumbe del muro de Berlín. Simbolismos que acompañan grandes cambios. Algo parecido está ocurriendo con el ataque de Covid-19. Este virus bien podría simbolizar el shock que tendrá el multilateralismo en sus diversas facetas. Algo parecido debe haber sentido EE.UU. tras Pearl Harbor.

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