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Publicado el 20 de enero, 2020

Ivan Witker: Brisitas para el 2020: La agenda del Foro de Sao Paulo

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

El año que inicia promete actividad política regional crispada, tensionantes vaivenes electorales y, de manera muy especial, una beligerancia multilateral nunca antes vista. Las posiciones neutrales no tendrán cabida.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa

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Si el 2019 dejó fracturas, el 2020 amenaza con vientos huracanados. Y uno de los eolos que maneja las brisas y ventarrones en esta zona del planeta se llama Diosdado. Fue justamente él quien hizo el anuncio que Venezuela servirá de sede a la 27 cumbre anual del Foro de Sao Paulo, los días 22, 23 y 24 de enero, dando a conocer el slogan principal: “Acciones contra las amenazas imperiales”. La verdad es que sus palabras no dejan mucho espacio a las dudas: “Terminó 2019 muy convulsionado en Chile, Brasil, Colombia… y ellos creen que eso se termina. No, lo que viene en Colombia, viene… Si ellos se meten con los pueblos del mundo, los pueblos libres estamos en nuestro derecho de conspirar en nuestra defensa”. Imposible mayor claridad.

Sin embargo -como todo en la vida-, los planes quedan siempre sujeto a los imprevistos, las contramedidas y dependen hasta de la alineación de los astros. Por algo la sabiduría popular ha acuñado un viejísimo adagio: “El Hombre propone, Dios dispone”.

Por lo tanto, la agenda 2020 del Foro de Sao Paulo debe ser tomada con pinzas. Por un lado, como una clara advertencia de lo que tienen en mente los 111 partidos, movimientos, grupos y grupúsculos que integran el Foro. Por otro, como un anuncio de lo que se planifica en las capitales de los países que forman su epicentro, el ALBA.

En buen romance, ALBA y Foro actuarán como tándem, en tanto que las brisitas y ventarrones se traducirán en pulsiones políticas por toda la región. Bastante de esto ya se observa en Bolivia. El reguero de disgustos y enfrentamientos dejados por la huida de Evo Morales y su séquito revelan cuánto puede afectar en los asuntos internos, bilaterales e internacionales esa visión de multilateralismo beligerante y divisivo que ha introducido el ALBA/Foro en la región y que tan bien representa Diosdado.

Por lo tanto, si tuviéramos que describir con palabras de Tucídides lo que sucederá en 2020, diríamos que los Melos estarán obligados a tomar partido. Y en lenguaje de hoy, que las posiciones neutrales no tendrán cabida. No son pocos los que creen que el contrapeso lo deberían ejercer entonces otros bloques, como CELAC y ProSur. ¿Estarán en condiciones de cumplir tal función?

Muy difícil. El proceso beligerante y divisivo tiene lugar en momentos de ausencia de un país con capacidad de conseguir alineamientos gravitacionales. CELAC y ProSur son iniciativas que se mueven más bien por inercia y no destacan precisamente por su entusiasmo.

Como se sabe, ProSur agrupa a países que mantienen una cierta adscripción al juego libre de partidos y de ideas, que parcialmente confluyen en el Grupo de Lima, pero que no ha alcanzado un temple político capaz de generar espacios intergubernamentales comunes ni menos interlocución con potencias extra-hemisféricas. Además, ninguno tiene un primer mandatario dotado de la elocuencia y sagacidad necesaria para contrarrestar las ideas beligerantes y divisivas del ALBA/Foro.

En tanto, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (CELAC) tiene ante sí un horizonte borroso, especialmente desde que asumiera la presidencia pro-tempore el México de Manuel Andrés López Obrador. Resulta un enigma saber las razones que llevaron a la administración lopezobradorista -tan renuente a los asuntos internacionales- a aceptar este desafío. Conocido es que su principal (casi única) preocupación externa consiste en mantener buenas relaciones con Donald Trump -lo que ciertamente no es poco ni fácil-, pero que está muy lejos de la sofisticada diplomacia del viejo PRI, que impregnó el alabado soft power mexicano. En este sentido, si el nuevo canciller argentino, Felipe Solá, logra superar sus titubeos iniciales -y si Alberto Fernández consigue desprenderse de los lastres K- la nueva administración en Buenos Aires podría convertirse en un buen aliado de los mexicanos en este importante momento multilateral.

Aún así, el CELAC tiene una barrera casi infranqueable: el Brasil de Bolsonaro. Itamaraty no sólo se ubica en las antípodas del ALBA/Foro, sino que es reticente a preocuparse de las delicadas epidermis que cubren todo el CELAC. Por eso no asistió a la cumbre. Brasil y su diplomacia -sabido es- representa al gran Gulliver, en un escenario esencialmente lilliputiano, por lo que su decisión de no participar en ese bloque lo hace no viable.

Otro gran ausente fue Bolivia, cuyo distanciamiento de México y Argentina a raíz de la potección a la fugada cúpula evista, añade otro signo de interrogación al destino de CELAC. Cabe notar además que Bolivia ejercía hasta ahora la presidencia pro-tempore del bloque, por lo que su asistencia era a todas luces necesaria. Pero no. Los astros quisieron que presenciemos cómo un lilliput bien plantado se enfrenta a dos Gullivers regionales. Cosas de la política.

Finalmente, la debilidad de CELAC se reflejó en la agenda de su última cumbre, la que no contenía los principales temas regionales ni geopolíticos como tampoco cuestiones de obvia actualidad para el desarrollo de los países. Esto instala incógnitas adicionales y muy fuertes. No sólo respecto a la convicción de López Obrador para enfrentar al tándem ALBA/Foro, sino a su liderazgo en temas emergentes y de innovación.

En suma, los efectos de las brisitas y ventarrones que puedan desatar los eolos latinoamericanos durante este año no serán menores, y los beligerantes planes de acción que emanarán de su cumbre en Caracas debería obligar a Estados, FFAA y empresarios a redoblar esfuerzos para monitorear y observar su impacto.

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