Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 01 de enero, 2020

Ivan Witker: Bolivia, el sorpresivo invitado de la democracia lopezobradorista en México

Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central Iván Witker

Evo abandonó presuroso el suelo mexicano, aunque desde La Habana envió un muy breve pero cálido tweet de despedida. Evidentemente algo grave debió haber ocurrido tras bambalinas.

Iván Witker Investigador ANEPE y docente de Escuela de Gobierno Universidad Central

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Uno de los rasgos más inesperados del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en su primer año ha sido una fatal combinación de ausencia presidencial en materias externas, yerros diplomáticos y pánicos múltiples. Sin duda que se trata de algo enteramente sorpresivo; y las razones son muchas.

Primero, por el histórico papel cumplido por México en la arena internacional y regional desde hace varias décadas, ya que, desde el carismático Presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) en adelante, sus mandatarios solían ser grandes viajeros. Cada uno con su impronta, sus arrebatos y su visión del mundo, todos cumplieron papeles sumamente activos. Segundo, por el peso específico en función de las cuestiones geopolíticas propias de un Estado con 120 millones de habitantes y fuerte carácter bioceánico; sin dejar de lado los más de 30 millones de ciudadanos estadounidenses que reconocen en México algún antepasado reciente. Finalmente, por el poderoso soft power en que ha basado su inserción internacional. Por estas razones, el pánico de AMLO por los escenarios internacionales ha llevado al país a un estado de fiesta epicúrea y escatológica de la insignificancia, en el decir de Kundera.

En efecto, la ataraxia presidencial es sencillamente impactante. AMLO permanece imperturbable y ha evitado toda cumbre internacional ni ha visitado país alguno. Su jardín epicúreo es el México profundo. Eso se advierte en cada una de sus tediosas conferencias de prensa matinales, conocidas como mañaneras, donde sólo esporádicamente se refiere a asuntos internacionales. Incluso sus omisiones y decires ambiguos respecto a las relaciones bilaterales México-EE.UU. (que incomodan visiblemente a sus partidarios) no tiene registro histórico.

Ello explica la estupefacción ante el impasse con Bolivia a propósito del asilo a Evo Morales. Sus yerros se han traducido en una telenovela plagada de despropósitos, enredos y movimientos desmañados tras bambalinas. Un manejo de crisis situado en las antípodas de la prestancia diplomática que tuvo México en las décadas pasadas.

El primer despropósito fue ordenar una operación aérea inconsulta con los países limítrofes de Bolivia, llegando al extremo que, si no es por la benevolencia del Brasil de Bolsonaro, la maniobra habría significado un bochorno mayor. Otro ángel de la guarda que tuvo la operación de rescate, según lo ha admitido el propio gobierno, fue el coronel Miguel Hernández Velásquez (quien, por lo mismo, acaba de ser ascendido a general), ya que gracias a sus contactos personales en los países de tránsito pudo superar los imprevistos. Y como si ello fuera poco, ha dado hospedaje ahora a varios personajes evistas en la embajada mexicana en La Paz, sin mantener canales de contacto con las nuevas autoridades, condición básica para solicitar asilo. Por alguna misteriosa razón, la diplomacia de AMLO ha preferido contactos enredosos con terceros países, acrecentando la posibilidad de otro fiasco.

Luego, un embrollo mayor, y aún sumido en tinieblas, es la abrupta salida de Evo Morales de territorio mexicano. Tan repentina fue, que flota la duda: ¿para qué le concedió asilo? AMLO había ordenado una recepción y trato propio de una permanencia nada corta. Envió a la losa del aeropuerto al mismísimo canciller, Marcelo Ebrard. Luego, le solicitó a la jefa de Gobierno de la capital, Claudia Scheinbaum, que le entregue las llaves de la ciudad. Y le alojó en el Campo Militar Número Uno. Pidió a los parlamentarios del partido gobernante (MORENA) que lo recibieran en pleno y le planificaran giras por el interior del país. Oaxaca y Aguascalientes serían los primeros estados en recibir al extraordinario huésped de AMLO.

Pero esto último no se realizó y nadie dio explicaciones. Evo abandonó presuroso el suelo mexicano, aunque desde La Habana envió un muy breve pero cálido tweet de despedida. Evidentemente algo grave debió haber ocurrido tras bambalinas. Una hipótesis -quizás necesaria- es que se trate de una segunda huida de Morales. En las horas previas a la decisión de abordar un vuelo comercial de Cubana de Aviación había arribado a México el fiscal general estadounidense, William Pelham Barr. Un abogado reconocido por sus fundamentaciones jurídicas a las operaciones del FBI en el extranjero.

El episodio en torno a Bolivia invita a pensar que la democracia lopezobradorista va muy poco más allá de su soporífera retórica. En su primer año, AMLO se ha mostrado lejos de la sagacidad, de la destreza –y muchas veces de la locuacidad- que tuvieron todos sus antecesores en el poder; aquellos que de verdad se imantaron en la silla del águila. Claramente, hasta ahora, AMLO no muestra talento para aquello que el desmesurado Presidente de los 70, Luis Echeverría, repetía una y otra vez: la “consagración internacional” de México. Es raro que ni siquiera la cercanía personal que tuvo durante su campaña electoral con el laborista Jeremy Corbyn le haya ayudado a superar el pánico por el escenario internacional.

Finalmente, el caso boliviano es estrambótico por la fundamentación dada por la diplomacia de AMLO: la llamada doctrina Estrada. Se trata de un conjunto de ideas formuladas por un diplomático e intelectual llamado Genaro Estrada, que sentó los pilares de la política exterior del PRI. Invocar a Estrada ha sido del todo curioso, pues AMLO y su partido reniegan hasta la médula del PRI. Pero tal invocación sugiere que el régimen del PRI no parece haber sido del todo malo. Sin embargo, es estrambótico pues el principio basal de esta doctrina es la no intervención en los asuntos de otros países. Estrada se debe haber revolcado en su tumba en el Panteón o Rotonda de los Hombres Ilustres del DF, al ver esta antojadiza interpretación de su ideario.

En síntesis, la pequeña Bolivia ha demostrado que ver con pánicos múltiples la complejidad de las relaciones internacionales suele tener costos elevados.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar: