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Publicado el 21 septiembre, 2020

Ivan Witker: BID: El realismo de AMLO versus la resaca de los Fernández

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Luego de la batalla por la presidencia del banco, quedan en evidencia los muchísimos cambios que ha sufrido el contexto internacional, que los tiempos de Néstor y Cristina son definitivamente historia, y que los coqueteos con Beijing pueden traer más costos de lo que se piensa. Pero además, y quizás lo más importante, es que la política exterior del mandatario mexicano volvió a subrayar la vigencia del viejo y criticado concepto interés nacional.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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Nunca antes, en sus 61 años de historia, el BID había presenciado una batalla subterránea, y de superficie, tan fuerte como la observada estas semanas en torno a su futuro. Y es muy explicable. Datos objetivos (y varios subjetivos, desde luego) dan cuenta de un nuevo posicionamiento del banco, hoy convertido en poderoso instrumento geopolítico. No sólo porque Beijing es ya uno de los principales inversionistas en la región, y por el recelo a Trump, sino porque varios países pensaron que había llegado la hora de poner a uno de los suyos en el sillón que inicialmente tuvo al destacado chileno, Felipe Herrera. A mayor abundamiento, el presidente mexicano aportó inusitados gestos y silencios.

Concluida la batalla, puede sostenerse que destacó por tres grandes asuntos. Por su contexto geopolítico, por el intento de la administración Fernández de descarrilar la propuesta de Trump y por unas lecciones políticas con mucho sedimento.

En primer lugar, nadie quiso ver el factor chino. Fue en marzo de 2019 cuando se prendió una luz de alerta sobre el BID, y la atención fue mínima. Ese mes debía realizarse una reunión del banco en la ciudad china de Chengdu, culminada en fracaso por la amenaza de EE.UU. de no dar quórum por la negativa de Beijing a admitir a Ricardo Hausmann, recién designado por Juan Guaidó como representante venezolano en el Banco. La cancillería china prefirió abortar la reunión al no tener un plan de acción ante el imprevisto. Previamente, David Malpass, presidente del Banco Mundial (y anteriormente subsecretario del Tesoro de Trump) había lanzado otra señal aconsejando al BID no hacer aquella reunión en territorio chino. La preocupación tenía sustento. Desde su ingreso en 2008, Beijing ha tratado de influir cada vez más en el organismo. Preocupación creciente genera su participación en varios organismos multilaterales (status de observador en la OEA, en la CEPAL y en la Alianza del Pacífico, lazos muy estrechos con CARICOM y con la CAF, etc.). Y bueno, esa sospechosa generosidad financiera utilizada por Beijing cuando corteja a alguien.

Luego, hubo una singular sorpresa. El Presidente mexicano reiteró su inusitado olfato geopolítico, optando por no aceptar la oferta inicial, hecha por Washington, de poner a un mexicano a la cabeza del organismo. Prefirió no generar el más mínimo elemento perturbador, para nadie. Los interiorizados en el tema quedaron estupefactos ante tan sorprendente como sutil negativa. Y, ya una vez desatada la batalla final, AMLO volvió a asombrar (especialmente a quienes se consideran sus amigos), tomando palco para ver cómo se desmoronaba el único candidato latinoamericano que quedaba, el argentino Gustavo Béliz. El silencio de AMLO fue lleno de significado. Fue la enésima confirmación que la solidaridad en los asuntos internacionales tiene límites. Como resultado, el grueso de los altos funcionarios del BID serán, de ahora en adelante, brasileños (aliados de primera hora) y mexicanos (que ofrecieron una verdadera lección de Realpolitik).

En el otro extremo, los derrotados lamen sus heridas. Por de pronto, la más visible y dolorosa fue para la Casa Rosada, cuando descubrió las maniobras del lobbysta (argentino) Gustavo Cinosi, quien terminó emergiendo como uno de los puntales de Mauricio Claver-Carone, el candidato propuesto por la administración Trump. La sorpresa K fue mayúscula, pues Cinosi (quien trabaja como asesor de Almagro en la OEA) era considerado un hombre de muy buenos e históricos nexos con el variopinto universo peronista; incluso con los propios Fernández.

En términos generales, la derrota argentina tiene varias facetas. Y es que no sólo debió retirar a su candidato, Gustavo Béliz (secretario de Asuntos Estratégicos de los Fernández), sino también fracasó en cada una de sus maniobras para evitar el triunfo del cubano-estadounidense. Primero, levantó a Béliz, pensando que Argentina podría volver a erigirse en líder latinoamericano y encabezar una especie de cruzada antiimperialista. En torno a Béliz pareció prender una convergencia táctica entre peronistas moderados (como el canciller Felipe Solá y el propio Béliz, entre otros) con Cristina y ese levantisco mundo K; todos deseosos de mayor protagonismo en el plano internacional. Al ver que las cosas no se daban bien, buscó el 25% tras sí para no darle quórum a EE.UU. en la votación, algo que tampoco consiguió. Luego se unió al grupo que postulaba la postergación, cosa que igualmente no ocurrió. Sin embargo, justo es reconocer -como bien apunta Maquiavelo, “toda guerra es justa cuando es necesaria” (Ed.Panamericana:120)- que las urgencias argentinas obligaban a dar esta batalla.

Luego, la estrategia seguida incurrió en numerosos errores. Por ejemplo, la sobreestimación de ciertos efectos subjetivos, como del apoyo de la UE (que nunca fue más allá de lo retórico), o bien de aquel surgido en torno a una versión histórica (no verificable) de la presunta decisión del Presidente Dwight Eisenhower de reservar la presidencia del banco a un latinoamericano y la vicepresidencia a un estadounidense. La leyenda cuenta que lo habría dicho en la ONU en 1958. Podría ser, pero ese año el BID no existía, y hasta donde se puede escudriñar, Eisenhower habló en términos análogos, refiriéndose a un banco regional para el Medio Oriente que deseaba crear. Aquella zona, y no Latinoamérica, fue en realidad su gran preocupación. No en vano, a ella se hace referencia cuando se habla de la llamada doctrina Eisenhower. Sobreestimar apoyos, es la gran lección de la batalla perdida.

Otro error, no menor, provino de la omisión de algo relevante como fue la intempestiva retirada de Claver-Carone cuando asistió a la toma de mando de Fernández. El motivo de su enojo fue haber divisado al expresidente ecuatoriano Rafael Correa y a un ministro de Maduro entre los invitados especiales de los Fernández. Resulta sorprendente que los estrategas del bloqueo a Claver-Carone hayan echado en saco roto ese viejo adagio que en política conviene mantener siempre fresca la memoria.

Como conclusiones de esta batalla, corresponde señalar a lo menos las siguientes. Uno, mayor atención a los cambios en el contexto internacional (son muchos más de lo que parece y de los que se desea). Dos, los tiempos de Néstor y Cristina son definitivamente historia, y que, al haber desaparecido del escenario también los Correa, los Lulas o los Pepes Mujicas, no hay sustento para cruzadas antiimperialistas; al menos por un buen tiempo más. Tres, y quizás la más poderosa, es que los coqueteos con Beijing pueden traer más costos de lo que se piensa (y se desea).

And last but not least, la política exterior de AMLO volvió a subrayar la vigencia del viejo y criticado concepto interés nacional. El mandatario mexicano sigue sorprendiendo con una profunda comprensión del trasfondo del choque de fuerzas que registra toda la región hoy por hoy. Los más de 3 mil kms de frontera con EE.UU. son su factor determinante y punto. No deja de ser llamativo cómo AMLO se desempolva de los vestigios ideológicos, que siguen golpeando a las izquierdas latinoamericanas -tan cazurras para otros aspectos de la vida política- y no pisó el palito de embarcarse en aventuras sin destino.

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