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Publicado el 31 agosto, 2020

Ivan Witker: Beijing ante portas. ¿Se alterará América Latina?

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Lo ocurrido en las Galápagos puede ser un aviso. De la pulsión que vive la elite K respecto a cómo acoplarse al firmamento chino pueden salir avisos aún más inquietantes.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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La verdadera invasión de barcos pesqueros procedentes de China continental en el espacio marítimo ecuatoriano, y que fuera denunciada por el gobierno de Quito hace algunos díaspone nuevamente en el centro del debate latinoamericano esa enorme complejidad sobre qué hacer ante el avance del Reino del Medio. Su flota pesquera, sus empresas tecnológicas, así como los megaproyectos agropecuarios en curso, plantean dudas, tan fuertes como razonables, acerca de cuánto podría verse alterado el escenario latinoamericano de aquí en adelante.

En efecto, enfrentar a un coloso como Beijing trae a la memoria el viejo axioma de lo asimétrico en las relaciones internacionales. Es evidente que no todos los países disponen de las mismas capacidades, de igual situación geopolítica ni de análoga proyección de poder. Aún así, las interacciones son cada vez mayores. Los países están obligados a iradaptándose constantemente a sus particulares asimetrías. Hoy, una de la más elocuentes es la de Ecuador respecto a Beijing.

Quito calculó que más de 300 pesqueros de China continental llegaron de improviso a las islas Galápagos. Su desesperada alarma demostró que su capacidad de monitoreo -no hablemos de disuasión- era del todo insignificante. Y parece lógico. Vigilar casi 400 mil kilómetros de zona marítima exclusiva –tanto la del área costera como la del archipiélago– es caro en combustible, en horas laborales y en capacidad naval. La verdad es que Ecuador y muchos países latinoamericanos no están en condiciones de ejercer real jurisdicción en sus dominios marítimos. Ante esa imposibilidad, Ecuador se vio obligado a pedir ayuda a varios países, entre otros a Chile, sin que haya trascendido la creación de una fuerza de tarea conjunta para ahuyentar a los intrusos. La flota pekinesa dejó en evidencia la precariedad de la región en su conjunto. Ni siquiera las ONGs ecologistas manifestaronalgún tipo de preocupación por esta brutal depredación del camarón, langosta, dorado, atún o tiburón. Tampoco Argentina solidarizó, pese a las fotos de otras 300 naves chinas surcando las aguas meridionales del país vecino, hace sólo unos cuantos meses. Diversos informes de consultoras especializadas, como el IUU Fishing Index, hablan de 17 mil barcos chinos pescando por océanos de todo el planeta.

Parece de toda obviedad preguntarse si hay ambiente político en la región para discutir este tema tan sensible. Las respuestas son más bien difusas.

El gran obstáculo para analizar con frialdad este asedio de Beijing son aquellas corrientes políticas que miran con benevolencia cuando no incluso con buenos ojos el tintineo proveniente desde allí. Hay tres razones muy poderosas que lo explican. Por un lado, esa enorme cantidad de recursos financieros manejadas algo dispensiosamente, tanto por el gobierno como por las grandes corporaciones chinas, y que actúan como abracadabra. Por otro, la irresistible zanahoria de exportar hacia aquel gigantesco mercado, y que termina abriendo el apetito hasta de los más desganados. Y last but not least ese aura anti-imperialista que irradia de los nuevos mandarines, excitando a muchos en esta zona del mundo. Y es que, aunque sea por razones utilitaristas, en Beijing se sigue rindiendo algún tipo de culto a Mao. Por eso, la disputa comercial con EEUU -especialmente la lucha por los nuevos estándares técnicos en internet- provoca sugestivas reverberaciones de la antigua Guerra Fría, siendo percibida como un curioso instrumento anti-capitalista.

Por ello no extraña que el tintineo sea mayor en Buenos Aires. En la administración Fernández parece abrirse paso una disputa entre quienes miran con cauteloso interés el arribo chino y quienes buscan aceptarlo con rapidez y sin actitudes dubitativas. De ahí la importancia que tenga la agenda de Alberto Fernández en su proyectado viaje a China continental. Se dice que busca darle realce al pabellón argentino en la Expo Shanghaiplaneada para noviembre de este año. Sin embargo, su agenda real parece inclinar la balanza a favor de los más pro-Beijing, quienes desean la rápida suscripción del ingreso de Argentina al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (una especie de Banco Mundial que maneja Beijing). Para apurar las cosas, los K tienen pensado que el Congreso la apruebe en las próximas semanas. La idea de los más condescendientes con Beijing es transformar este banco en uno de los más grandes inversores en el país. Los objetivos más acariciados son que Beijing financie la cuarta central nuclear, y que accedan a un swap de monedas (yuan a dólar) por US$20 mil millones para fortalecer las reservas. En medio de esta vorágine, la depredación de mares es ciertamente un asunto accesorio.

Pero no sólo eso. Los Fernández pretenden firmar uno de los más grandes acuerdos en materia porcina que jamás se hayan suscrito. El documento prevé la exportación de casi un millón de toneladas anualmente a China continental, lo que significará tener 300 mil hembras, que permitirán el nacimiento de 6 millones de cabezas porcinas por año. Para tal efecto, se espera habilitar decenas de mega-criaderos. Aunque los gobernadores de provincias más identificadas con los K esperan ser los más favorecidos, el sector cauto prefiere que los mega-criaderos estén repartidos de manera más homogénea por todo el país y que se ponga ojo en el impacto medioambiental, como emisiones en los ecosistemas colindantes y derroche de agua, entre otros. Un tema nada fácil como se aprendió aquí en la localidad de Freirina hace algunos años.

Luego, la pulsión pro-china se ha transformado en un choque de consecuencias imprevisibles entre los K. Son aquellas contradicciones en el seno del pueblo (como solía designar Mao Tse-Tung las disputas cuasi irreconciliables al interior de un grupo dirigente)Mientras el canciller Felipe Solá optó por la cautela, la Cámpora ya propuso su reemplazo para darle viabilidad a las iniciativas descritas. La idea es que el cargo lo ocupe Cecilia Nahón, una cercana a Axel Kicillof, el gobernador de la provincia de Buenos Aires y fuerte aliado de la Cámpora en el fragmentado universo K. Trasfondo de esta disputa es entonces la posibilidad que Argentina se convierta en pieza clave del avance de Beijing en su conquista de América Latina.

Ante tal cuadro, Kissinger se preguntaría y con razón- si ser el caballito de batalla de Beijing en la región es legítimo o no. Como ha escrito reiteradas veces, la legitimidad está dada en función de su aceptación por los demás actores del sistema, y no en cómo sea percibida ni menos qué juicio de valor provoque. La aceptación debiera ocurrir en la medida que no se alteren los equilibrios existentes o los emergentes. El punto central es que, aparte de la asimetría (inherente a todo vínculo con Beijing), su avance en África ya provocó una alteración de los equilibrios regionales.

En síntesis, lo ocurrido en las Galápagos puede ser un aviso. De la pulsión que vive la elite K respecto a cómo acoplarse al firmamento chino pueden salir avisos aún más inquietantes. Quizás muchos latinoamericanos miren el avance chino tal como lo vivieron los romanos al caer Sagunto. En todo caso, Carlyle advirtió sobre eventuales cursos inesperados. A veces, los grandes hombres se amedrentan ante la grandeza de sus propias victorias.

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