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Publicado el 1 febrero, 2021

Ivan Witker: América Latina 2021, grietas y desestabilizaciones

Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa Iván Witker

Los principales focos están dados necesariamente por aquellos conflictos fronterizos acicateados por la Venezuela madurista con sus vecinos, así como por aquel interminable drama de las caravanas de migrantes centroamericanos. Y, como es de suponer, junto a ellos, una larga lista de focos domésticos.

Iván Witker Investigador ANEPE. Académico Escuela de Gobierno U. Central. PhD U. Carlos IV, Praga, República Checa
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¿Cómo será la cartografía política latinoamericana a finales de 2021? Probablemente una con cambios muy sustantivos respecto a lo existente ahora a comienzo de año. Casi no se observan países sin profundos signos de interrogación sobre el devenir, producto de grietas con elevada capacidad desestabilizadora, algunas de las cuales podrían incluso traspasar fronteras y generar líos regionales mayúsculos. En varios casos se observa la figura nada tenue de la nueva Guerra Fría.

Los principales focos están dados necesariamente por aquellos conflictos fronterizos acicateados por la Venezuela madurista con sus vecinos, así como por aquel interminable drama de las caravanas de migrantes centroamericanos. Y, como es de suponer, junto a ellos, una larga lista de focos domésticos.

En cuanto a lo primero, el deteriorado régimen de Maduro parece decidido a acentuar sus jugarretas explosivas, hostilizando ahora a dos de sus vecinos, Colombia y Guyana, pese a disponer de capacidades militares ostensiblemente inferiores. De sobra conocido es el lamentable alistamiento de sus efectivos. Esa precaria situación invita a tratar de descifrar los motivos de poner más fuego sobre el polvorín. Aparte de la sensación de seguridad que le otorga Cuba, no debiera descartarse como trasfondo la utilización de Venezuela como termómetro, por parte de potencias extra-regionales, para medir la temperatura ambiente a propósito del estreno de una administración demócrata en la Casa Blanca.

En esa línea debe entenderse el episodio, nada inocuo, ocurrido hace escasas semanas, cuando una embarcación de guerra madurista apresó a dos pesqueros industriales de Guyana, abriendo peligrosamente un frente que permanecía larvado por décadas. Venezuela y Guyana mantienen un contencioso histórico sobre el llamado Esequibo (casi la mitad del territorio guyanés) dotado de una novedosa particularidad geopolítica, el auge petrolero. Este convertirá pronto a Guyana en potencia mundial en producción de hidrocarburos. Consciente de que el conflicto latente podía resucitar en cualquier momento (especialmente al concretarse proyectos más que envidiables para la desastrosa industria petrolera venezolana), las autoridades guyanesas firmaron hace algunas semanas un acuerdo de asistencia con el Comando Sur de EE.UU.

Otro asunto con evidentes tintes geopolíticos, y predecibles repercusiones externas en los próximos meses será el destino de Alex Saab, el colombiano acusado de testaferro de Maduro, apresado en Cabo Verde, y ya muy pronto a ser extraditado a EE.UU. Poseedor de pasaporte diplomático venezolano, Saab era en realidad el enlace encubierto para temas estratégicos de Caracas con Teherán.

En cuanto a los conflictos desatados por las caravanas de migrantes, iniciadas a fines de 2018 y reinstalada hace algunas semanas, cabe suponer la búsqueda de soluciones de bajo perfil, pero verdaderamente efectivas. No deberían extrañar esfuerzos en los próximos meses destinados a fortalecer el exitoso escudo puesto por López Obrador en la frontera sur mexicana (que logró congelar el flujo en 2019) y replicarlo en la vecina Guatemala. O bien la implementación de programas de migraciones selectivas y escalonadas, o derechamente la aplicación de experiencias no convencionales de re-direccionamiento a islas próximas, para acogidas “temporales” (tipo Australia). Las evidencias apuntan a que tales caravanas no responden a manifestaciones espontáneas ni a motivos estructurales, por lo que un mancomunado trabajo de inteligencia tampoco debiera sorprender.

Por otra parte, se divisan inminentes crisis nacionales, con cierta capacidad para alterar el panorama general. Un caso interesante es el peruano, donde el desenlace de la elección presidencial (11.4.), se observa lo suficientemente estrecho como para seguir escamoteando una presidencia robusta. Si se cree en las encuestas, el ganador será el arquero de fútbol (e hijo de una Miss Chile), George Forsyth; con aproximadamente 18 % de preferencias, aventajando por mucho a sus 23 oponentes. Muy significativo, además, es el porcentaje de la población indiferente; 35%. La debilidad presidencial y la previsible fragmentación del congreso prolongará la turbulencia por varios años más. Se está generado así una muy interesante particularidad, pues la economía peruana, al mantener un ritmo razonable de inversiones extranjeras, está relegando la actividad política a algo más bien accesorio. Hasta ahora, los grotescos episodios ocurridos durante el 2020 no tienen la suficiente carga explosiva como para provocar hecatombes. Aún más, la oportuna entrada en acción de las FFAA en el tema fronterizo-migratorio hace de las grietas políticas un rifirrafe incapaz de desestabilizar al país.

Distinto es el caso ecuatoriano, cuyo devenir sí podría generar preocupaciones hemisféricas. Las encuestas vaticinan un resultado ajustado en la elección presidencial (7.2.) producto de un ambiente polarizado, cuya duración se visualiza larga, pues, de triunfar el candidato correísta, Andrés Arauz, se avecinan serios ajustes de cuentas. Los indicios apuntan a que estos se limitarán a la esfera política, al no olfatearse ambiente para des-dolarizar la economía, con lo cual se mantiene a raya aventuras desestabilizadoras. Sin embargo, capitales y know how chinos están merodeando peligrosamente el país en los últimos tiempos. La presencia de una monstruosa flota pesquera china en las Galápagos en noviembre de 2020 y un temprano interés de Rafael Correa por acercarse a Pekín a inicios de su mandato (oferta para instalarse en la base de Manta, por ejemplo), son indicadores que un posible triunfo de Arauz amplíe los márgenes de incertidumbre.

Los antecedentes y tendencias observables apuntan a que la presencia china seguirá siendo un factor creciente en los cambios de toda la cartografía regional. En Argentina ello se divisa sobre todo en materia de inversiones. En tanto, donde Pekín sí podría empezar a jugar sutilmente un papel mayor es en la tensión entre el presidente brasileño Jair Bolsonaro y el gobernador de Sao Paulo, el socialdemócrata, J. Doria. Ambos han tenido fuertes roces a propósito de las vacunas contra el Covid19 y el pragmático Doria (aspirante a suceder a Bolsonaro) optó por vacunas chinas para su estado.

Es posible que varias de estas vicisitudes hayan estado presentes, de manera tangencial, en la mente del presidente chino Xi Jingping, al preparar su discurso inaugural del Foro de Davos de este año. Allí habló de una nueva Guerra Fría. Y dada la no tan marginal actividad latinoamericana durante la anterior, es probable que en la venidera tenga también una relevancia relativa. Muchas grietas e inestabilidades previstas para el 2021 quizás no tendrían la profundidad que se teme, si no fuera porque esta región está efectivamente reemplazando a Africa en el radar de intereses globales del Reino del Medio.

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